Quien se tome un par de minutos para ver mi muro en Facebook podrá comprobar que allí tengo como amigos gente de todo el espectro político y de todos los partidos. Como todo el mundo, uno más o menos tiene su forma de pensar y, como muchos, su camiseta puesta. Esto se ve reflejado en las cosas que comparto, en que si bien muchas son humorísticas, hay varias otras que son ideológicas y donde -insisto, como hacen todos- comparto las que tienen que ver con mi modo de pensar y no lo hago con las que no lo hacen.
- Hay varios que me han eliminado por no ser del partido de ellos -y solo tienen como amigos a gente quepiense igual- pero nunca lo he hecho yo. Un par de personas que sí eliminé lo fueron por estupidez y oligofrenia en reiteración real, ya sea por subir todos los días fotos de la inteligencia del ejército israelí queriendo justificar burdamente sus bombardeos a hospitales y escuelas palestinas en un caso o por echarle la culpa al gobierno frenteamplista hasta de cuando llueve, mandando insultos por una decisión judicial en la que -obviamente para todos excepto para mi ex amiga facebookiana- no tiene injerencia el Poder Ejecutivo, en el otro caso.
Todos conocemos a ese especimen, que existe en todos los partidos con representación parlamentaria y también en los que no: gente que sube varias entradas al día en 300 días al año, insultando al enemigo que tanto se odia, quien por cierto tiene cosas más importantes que revisar uno de los cientos de miles de muros uruguayos por más que lo cite todo el tiempo. En el fondo, los adjetivos y las acusaciones -curiosamente formuladas en segunda persona- se repiten incesantemente sin que la cosa progrese. El raciocinio suele escasear y uno sospecha que tanto grito en la soledad del cuarto cesaría si el odiado se presentara a argumentar.
Me está ganando la idea de que pocas cosas son tan uruguayas como Facebook -o las redes sociales en general, sucede que no tengo Twitter, porque considero que con una alcanza y sobra- un lugar donde podemos balconear y hablar (o escribir, para ser exactos) sin parar, con la tranquilidad de no tener ni por casualidad el riesgo de poder hacer algo concreto por cambiar lo que no nos gusta. Pocas cosas tan propias de nuestra sociedad que sentarse en la entrada de la casa a criticar a los demás, quejándose de todo y creyéndonos que sabemos cómo cambiar al mundo.
Pero más que esa actitud criolla de sacar la corneta sólo para hacer ruido, lo que me asombra es el empeño digno de mejor causa de embarcarse en cruzadas personales autistas: no veo ni escucho nada que no apunte en el sentido que yo quiero. No me interesa ninguna razón ni considero el menor argumento diferente. Ahora, si va en el mismo sentido que yo pienso, acepto como válida la más ridícula -o mentirosa- noticia.
Uno creería que la gente adulta no debería ver al mundo que habita como un lugar maniqueo donde de un lado están los buenos inmaculados y del otro, los que acumulan el 100 % de maldad que hay en el Universo. Pero no parece ser ése el tipo de audiencias que buscan nuestros medios de comunicación masivos.
Se me ocurre que hay un buen ejemplo argentino en estos días: aparentemente -y digo aparentemente porque todo el caso de las filtraciones se ha presentado muy vidrioso e intencionado- tanto el entorno de Cristina Fernández como el de Macri estarían directamente involucrados en el escándalo de las sociedades panameñas para lavar dinero. Supongamos que se confirmara plenamente la responsabilidad de ambos bandos... ¿qué medio de la vecina orilla publicaría AMBAS noticias de la misma manera sin tomar partido y sin pretender justificar al lavador afín?.
A diferencia de un discurso que está permeando los medios a modo de lugar común establecido, yo opino que las redes sociales -y los decadentes blogs- han venido a favorecer nuestra democracia al integrar a todo el que así lo quiera, permitiendo que se escuchen todas las voces que quieran expresarse. Como cualquier otra herramienta, hay que saber usarla. Sería bueno que nos acostumbráramos a confrontar diferentes visiones, enriquecernos escuchando a quien tiene otro punto de vista y aprender a incorporar aquello que puede incomodarnos, ampliando nuestro horizonte. El estancamiento tiene más que ver con el achanchamiento y la descomposición que con la tranquilidad.
En mi ya lejana adolescencia temprana curtí música tropical uruguaya abundantemente. Estamos hablando de los primeros años 70. La escuchaba con el fanatismo con que se hacen las cosas a esa edad, aunque teniendo claro que escuchaba -por la radio- horas de una música que sólo me divertía y me ambientaba para los bailes que iría más adelante. Muchas cosas pasaron, en mi vida y en la "cumbia" local, incluyendo la desaparición y/o intrascendencia de aquellas orquestas (Cienfuegos, Camagüey, Cotopaxi, Maracaibo, Casino, Anakaona, Keguay, Grupo Latino) y la aparición de los galanes pelilargos, perdiendo casi totalmente cuanto tuvieran que ver con ritmos caribeños para pasar a un pop liviano y mal ejecutado, sin olvidar cumbias villeras y chetas.
Lo notable que tiene Facebook es que aquí se suelen conseguir músicas inexistentes en cualquier otro formato. Lo que seleccioné aquí -que no son videos, sino los temas con alguna imagen de adorno- no son ni siquiera los mejores temas de aquella época sino algunas cosas que quería volver a escuchar. Y que no hay otra forma de volver a conseguir.
Oriol Junqueras, presidente de Esquerra Republicana, la formación de izquierda que hace campaña por la independencia de Cataluña aliada a la derecha del presidente Mas justificó la opción por separarse de España con el siguiente argumento: "el voto de los soberanistas es un voto racional y el de los unionistas, un voto identitario" (Brecha, 25/9/15).
No me gustan nada los argumentos al estilo "Nosotros somos los que pensamos, los que tienen la posición contraria no piensan". Parece siempre difícil aceptar que el otro, el que opina distinto que nosotros, es alguien que tiene los mismos derechos y que es tan valioso como nosotros. En este intento catalán de independizarse de España ha habido mucho de escasez de razones y de apelaciones a lo irracional y a una descalificación del otro, lo que ha hecho confundir -en mi opinión- a buena parte de la izquierda latinoamericana. El principal argumento de los independentistas es simplemente la posibilidad de decidir ellos mismos si se independizan o no. Uno ha escuchado atentamente a quienes están en la posición contraria -eso tan difícil- y, honestamente, lo único que he percibido ha sido ello. No ha habido quejas contundentes sobre el funcionamiento del estado central del cual quieren separarse. Mucho menos se ha argumentado -mal que le pese a la izquierda catalana que ha acompañado activa o críticamente este proceso- que con la formación de un país aparte se mejoren los numerosos problemas sociales que aquejan a toda la península.
Y es que la principal causa de esta súbita campaña por la independencia no se ha mencionado que yo sepa: la tradicional xenofobia catalana. Para un uruguayo es difícil de entender pero en España se da como en pocos lugares el odio que determinadas regiones le tienen a las otras (y eso no es privativo de los catalanes, por cierto). La autonomía que tienen las distintas regiones es enorme -muy superior a la de un departamento uruguayo- y, en realidad, si Cataluña se independizara de España, los cambios reales serían mínimos. Yo estuve apenas una vez -vamos a decir las cosas como son- en España hace ya quince años durante un mes, de los cuales estuve paseando por Barcelona una semana. Obviamente, no soy un especialista de la realidad de aquel país. Pero sí puedo dar fe del menosprecio general que tienen los catalanes por los extranjeros, sentimiento que no sentí en ningún momento en ninguna otra parte, a pesar de haber visitado buena parte de España. Varias fuentes coincidieron en afirmar que la hostilidad frecuente no era por ser sudamericano sino por no catalán. Los soberanistas argumentan que el Estado central no dialoga con ellos -no lo discuto, no tengo ningún interés de defender ni al PP ni al PSOE- y que no les reconoce las instancias de referendum que ellos mismos inventaron para acompañar su campaña, lo cual parece lógico. En realidad, las razones por la independencia parecen endebles más allá de la muy disimulada apelación a ser diferentes, lo que apunta a una intención de creerse superiores.
Muy significativo es que las varias instancias electorales a favor de un
pronunciamiento de independencia no ha llevado a guarismos impactantes. Si bien ha ganado el Si a la separación, hay un porcentaje muy significativo de catalanes que no quieren saber de una república autónoma, que son tan catalanes como los demás. Lo cual da que pensar, si tenemos en cuenta el viejo sentimiento de muchas regiones que detestan a las demás -muy especialmente a Madrid- y lo fácil que es enarbolar las viejas banderas de la demagogia nacionalista especialmente en épocas de crisis económicas. Y sin embargo el resultado, con todo a favor, no ha sido aplastante ni mucho menos.
¿Qué pasará si consigue Cataluña su independencia, cuando vean que los cambios mágicos no han sido tales y se han dejado llevar por oportunistas que han agitado sus instintos regionalistas?. ¿Qué dirán entonces las izquierdas cómplices, cuando siga la derecha local gobernando con la misma receta de neoliberalismo, recorte de derechos y desempleo, pero legitimados por un voto xenófobo?.
Antes de 2005 la cosa era más sencilla e indudable: blancos y/o colorados eran gobierno y la izquierda y las organizaciones sociales -que eran diferentes pero confluían- estaban en la contra. Al asumir el primer gobierno del Frente Amplio, las barreras se hicieron más difusas y comenzamos a ver el espectáculo de mucha gente -ya sea dirigentes como en el llano- que de un lado criticaban lo que siempre habían aceptado y del otro, que justificaban lo que hasta hacía poco creían inaceptable.
Durante varios años algunas organizaciones sociales habían denunciado largamente la política de malos tratos bastante graves que se han producido sistemáticamente en las dependencias del INAU que albergan a menores con delitos importantes. Que yo sepa, el semanario "Brecha" fue el único órgano de prensa convencional que se había ocupado del tema e, incluso, repudiado la reciente designación del Secretario General del sindicato correspondiente, el ahora famoso "Joselo" López, como vicepresidente de la central de trabajadores.
Bastó que un video que reproduce una golpiza -que ni siquiera sería la peor que se registró ese mismo día- se mostrara en canal 10 para que muchísimos uruguayos se despertaran a la realidad de que en nuestro país, permanentemente, se producen excesos contra la población carcelaria juvenil. No conozco a ningún periodista que haya preguntado a ninguno de los políticos que se indignaron con esta violencia que ahora descubrieron, si éso no es lo que en realidad pregonan a diario, incluyendo propuestas de bajas en la edad de imputabilidad y manos duras contra la delincuencia.
Quienes trabajan en los centros de menores riesgosos del INAU son agentes represores y deberían tener un protocolo (o como se llame) que delimitara claramente cuándo y de qué forma debería usarse la fuerza para contener y disciplinar a jóvenes que ya han sido condenados por la justicia, a veces por delitos muy graves. Está bien -me parece- que se evite la arbitrariedad y la violencia excesiva pero de ahí a tipificar "tortura" en la paliza de un agente represor del Estado, me parece un exceso, cobrando al grito después de un video mostrado enfermizamente en los canales de aire.
Más asombroso es para mí ver a Lacalle Pou, un representante tan paradigmático de la derecha más oligarca y antisindical, diciendo medio de cotelete que los reclamos de los maestros son justos. Hacía décadas que los partidos tradicionales no dejaban de estar visceralmente en contra de cualquier reinvindicación gremial. Pero todo vale si hay que estar contra el gobierno.
Por otro lado, mucha gente de izquierda -repito, ya sea dirigentes o simples votantes- ante el conflicto en la educación repiten argumentos que siempre habían sido del otro lado: que los paros no se justifican, que los chicos pierden clases, que hay que seguir trabajando para que esto siga. Antes de 2005, eran argumentos del otro bando.
Los sindicatos estatales -o similares- suelen ser los más radicales en sus reinvindicaciones, llegando frecuentemente a la intransigencia total. Claro que ésto solamente molesta ahora, que "somos" gobierno. Me parece que poca gente se ha puesto a razonar concretamente si están bien o mal los reclamos de los gremios de la educación (quienes distan de ser un bloque monolítico) y que más bien lo único que importa es en qué bando político partidario estoy. Ex dirigentes sindicales que son jerarcas; dirigentes de la oposición que tienen que aprender a ver a los nuevos gremialistas como si también fueran seres humanos; políticos que apoyaron explícita o implícitamente la dictadura, aplaudiendo fallos tipificando "torturas" o ex torturados justificando un procedimiento represor abusivo.
El mundo del revés o cada uno quiere sacar su tajada. Me parece que las prioridades deberían ser cómo se deben tratar a los menores delincuentes, tratando de rehabilitarlos en lo posible y de qué manera podemos mejorar de una vez por todas la educación que se le da a los jóvenes que no internamos en el INAU. Lo otro, parece politiquería barata.
Empecemos por lo primero: la objetividad no existe. El abordar un hecho y/o período histórico en un utópico punto neutral desde donde emerge la verdad incuestionable es imposible. Todo el que escribe sobre historia toma partido, ya sea que trate un tema del pasado remoto o sobre hechos recientes. Mucho más, en éste último caso. Por otra parte, hay una indiscutible necesidad de los uruguayos de entender su historia reciente, pese a la asepsia vergonzante de los grandes medios de comunicación, que encandilados por los reality show y los programejos sobre la estúpida farándula porteña y similares, eluden como la peste cualquier tratamiento mínimamente serio de la realidad, tanto pasada como actual. El libro histórico es negocio desde hace varios años y muchos se han subido al carro. Incluyendo al inefable Julio María Sanguinetti, el máximo representante del olvido, también se ha puesto a facturar -y mucho- con sus "recuerdos", que tampoco tienen mucho de objetivos que digamos.
Objetividad y verdad son valores que no necesariamente pasan porque el historiador tenga un punto de vista parecido al mío, sino más bien por la honestidad intelectual del que escribe. Por honestidad entiendo a quien presenta los hechos sin elegir a los que más les convengan, dejando de lado los que molestan a su tesis. Poco hay de ello en "Patria para nadie".
EL HECHO MLN COMO PROBLEMA Desde que volvió hace 30 años la democracia en Uruguay -o quizás, desde que comenzó el fenómeno Tupamaro- nos han dado diversas versiones extremistas, poco honestas y más cercanas al cuento de hadas donde toda la verdad está de un solo lado, que aproximaciones medianamente honestas. Al extremo del discurso oficial de la dictadura, se le opuso desde 1985 el otro extremo: la mitificación de un pasado heroico, aséptico e impoluto, si bien derrotado.
Mal o bien, el MLN fue un movimiento guerrillero que pretendió tomar el poder por las armas, oponiéndose a todo el sistema político, Frente Amplio incluído. Que ahora, como movimiento político integre la coalición de izquierdas no cambia nada. Aún recuerdo el escándalo que produjo en la inmediata reconquista democrática la publicación de la novela "El color que el infierno me escondiera", de Carlos Martínez Moreno. Fue tratada de ser una maniobra de Inteligencia (o sea, ultraderechista)... por admitir que los tupamaros habían matado a Mitrione y a Pascasio Baez, o por presentar guerrilleros que dudan o a los que les cuesta reponerse a los contratiempos de la represión y la tortura.
Por un lado, está el discurso de que en los 60 la democracia representativa era una maravilla virgen de defectos y de injusticias y fue atacada vilmente por unos infantiles imitadores de Fidel Castro, lo que desembocó naturalmente en una dictadura militar. Por el otro, el de unos luchadores sociales que no mencionan sus robos, secuestros y asesinatos y, fundamentalmente, su mesianismo de creer que ellos por la suya iban a decidir el rumbo del país.
EL LIBRO "PATRIA PARA NADIE" En la página 155 se dice: "... La policía estaba furiosa, un hecho que se verificaba con los crecientes informes de interrogatorios violentos -los detenidos invariablemente los llamaban torturas- que tenían lugar en sus comisarías." No queda clara, por cierto, la diferencia entre "interrogatorio violento" y tortura. Brum elige usar un eufemismo vergonzoso.
El libro se dedica fundamentalmente a detallar las acciones del MLN en tanto que movimiento guerrillero y, bastante menos, su caída, su pasar de diversas maneras durante el período de la dictadura y su ingreso en la política partidaria hasta la asunción de Mujica como presidente del pais. Se regocija minuciosamente en cada error o torpeza cometido por los tupas, como si fuera posible que hubiera algún grupo de cualquier ideología que no los cometiera.
Brum odia particularmente a alguna gente y no se priva de criticarlos
duramente con argumentos o sin ellos: Wilson Ferreira Aldunate no sólo tenía contactos frecuentes con los tupamaros, también era un golpista capaz de cualquier cosa para llegar al poder; Alejandro Otero era un trepador que quiso adjudicarse todo el mérito de derrotar al MLN; Samuel Blixen es un periodista mentiroso, aunque nunca sabremos por qué. De información, nada.
Si bien Brum -que no es historiador, antropólogo o escritor sino "especialista en seguridad y terrorismo"- tiene la honestidad intelectual, producto quizás de los tiempos que corren, de reconocer que los presos políticos fueron torturados largamente -hecho que su admiradísimo Víctor Castiglione siempre negó rotundamente- no faltan en el libro los incoherentes intentos, como el mencionado arriba, de minimizar la violencia estatal, enfatizando la utilizada por los guerrilleros, que por cierto existió.
En estos últimos días apareció otra vez en escena Héctor Amodio Pérez, el conocido traidor del movimiento, reiterando el discurso presentado dos años atrás en su reaparición pública: él no traicionó a nadie, lo usan como chivo expiatorio, todos los demás líderes tupamaros fueron ineptos o deshonestos (a diferencia de él mismo), nunca mató a nadie ni robó nada... un cuento de hadas también, demasiado funcional a sus intereses para ser creíble.
No sé si es casualidad pero gran parte del relato que Brum presenta como fruto de una investigación exhaustiva y objetiva, coincide puntillosamente con el referido discurso de Amodio, incluyendo la caracterización de Sendic -el gran enemigo del resurgido ex líder de la columna 15- como un burdo incompetente, porfiado y desinteresado por la seguridad y la salud de sus comandados.
Seguiremos esperando una historia medianamente honesta sobre un período muy particular de nuestra historia, que está largamente en disputa entre varios bandos que pretenden vendernos su versión interesada de lo que verdaderamente ocurrió y que sigue influyendo aún en la historia de nuestra baqueteada democracia.
En la página 270 hay un ejemplo que define perfectamente la deshonestidad intelectual de Brum: refiriéndose a la campaña electoral de 1971, dice que hubo 150 atentados, de los cuales 143 los sufrió el Partido Colorado y sólo dos (2) la izquierda. La única fuente de tal aseveración es el diario "El país", que jamás fue un órgano de información serio y no hay ninguna otra que la afirme o la contradiga. Hasta el más salvaje antiizquierdista sabe que esa estadística es delirante.
La historia de la música tropical uruguaya en la dictadura está por escribirse todavía. Bueno, en realidad no sé si hay demasiada cosa para escribir. Eran orquestas que trabajaban básicamente para entretenimiento de las clases populares. Por ello fue largamente desdeñada por la cultura combativa y aceptada por la dictadura que no encontraba ningún peligro en sus letras permanentemente pasatistas. Si acaso, el único que tenía problemas de vez en cuando con la censura, pero por otros motivos, era el carismático cantante chileno Santiago Salas de Camagüey, que cada dos por tres se pasaba de tono con alguna mala palabra en las actuaciones, en tiempos de puritanismo por imposición. No tengo ningún problema en reconocer que en mi pre adolescencia -digamos entre 1976 y 1980- oía permanentemente esa música. No habìa demasiadas opciones en el censurado dial compatriota, más allá del pop más comercial de Estados Unidos o el arqueológico tango o folcklore que se difundìa en esos tiempos. Todo es opinable en música y le tengo miedo a la nostalgia asfixiante que endiosa a la mediocridad pasada pero por la razón que sea, creo que aquella era música liviana pero profesionalmente tocada y, en algunos casos, más que interesante. Después vinieron los nenes lindos de melenas y todo pasó a ser más música de barras bravas que de bailarines.
Uno de los combos que más me gustaban era el llamado Grupo Maracaibo. En 1976 cambia su formación, incorpora trombones y logra un sonido bastante interesante en los vientos sin descuidar el sabor de su ritmo. Algunos temas ("Virgen de las Mercedes", "Guantanamure", "María Lionza") tenían sustancia en sus letras -odio el término "mensaje"- algo que uno valoraba como un oasis en un desierto. Pero tampoco era algo que se destacara demasiado en los medios que cubrían esa movida.
Lo que uno no sabía y lo trajo a colación los excelentes documentales de Juan Pellicer sobre la música uruguaya es que en 1978 o 1979 su director Juan Antonio Rodríguez, no sin ingenuidad pretendió registrar en un disco un tema en homenaje a Elena Quinteros, que había sido desaparecida recientemente.
El terrible hecho, que desembocó en la ruptura de relaciones con Venezuela, no se divulgó obviamente por la prensa compatriota. Por cierto, la canción fue prohibida y no me quiero equivocar, pero su director tuvo que dejar el grupo sin que se supiera en aquel momento la razón.
Hoy traigo ese tema que no conocimos en aquellos tiempos y una historia que, debo reconocer, sólo conozco parcialmente. Quizás el historiador Pellicer pueda dar luz sobre esos hechos.
Virgen de las Mercedes
Guantanamure
Elena Quinteros
Como bonus track, este tema que fue un éxito en su momento de Camagüey, pero sin su contenido político que conocimos ya en democracia en otras versiones, devolviéndole sentido a la canción.