30 de julio de 2010

Adelanto de una de mis próximas novelas

LA CAÍDA DEL MURO DE MEXICO (fragmento)

“-A ver, señor Acerenza, ¿podría darnos su interpretación del pasaje que acabamos de leer?.

-Creo que es muy bueno –respondí yo, creyéndome vivo.

-Eso no es una interpretación de un texto literario como enseñé yo en clase.

-¿Usted enseñó alguna vez cómo hacer una interpretación literaria, profesora?.

-No sea impertinente, Acerenza, y no me haga perder tiempo. ¿Usted estudió el texto que mandé para hoy, o no?.

-No se necesita estudiar un texto para interpretarlo. Alcanza con leerlo, entenderlo, comprenderlo y sentirlo –me entusiasmé yo, aprovechando que había llegado uno de los muy escasos momentos de mi adolescencia en que dejaba de pensar exclusivamente en tener sexo de una vez por todas- y de ahí poder sacar un comentario, si es que se puede comentar realmente una novela.

-Bueno, ya que es tan experimentado en “interpretaciones”, ¿podría decirle a esta clase que “interpretación” le merece esta obra?.

-Creo que el autor intentó narrar la desesperación de un joven que siente perder el sentido de su vida al no poder concretar el amor que le permitiría sentirse respaldado para seguir sus ideales.

-¿De dónde sacó esas ideas?.

-Exactamente, del texto. Es lo que deja entender el protagonista cuando detalla sus sentimientos después de enterarse que ella lo rechaza, en una extensísima carta un poco aburridora pero que le perdonamos porque no está precisamente en uno de sus mejores días.

-¿Y qué comentario le merece, señor experto, la imagen de la carta de amor que cae al piso, justo encima de donde había quedado el zapato que ella había fingido olvidar?.

-Nada. Podría haber caído encima de la escupidera.

-¿Usted se ha propuesto hacer reír a sus compañeros?.

-No. No conozco nada más fácil en la vida. Solamente pretendo tener una opinión diferente a la del docente que tiene el poder de decisión sobre mi futuro en la materia. A pesar de ello.

-¡Usted es un impertinente, jovencito!. ¡Tendría que haber contestado que al caer la carta de amor sobre el zapato, eso quería significar que el amor de ellos seguía intacto pero que era imposible materializar, por eso ella se fue pero dejó ese bendito zapato como símbolo de que su corazón seguirá allá con él!.

-¿Y por qué no se quedó con él, la estúpida?.

-¿Me está tomando el pelo?.

-No. Sólo quiero pensar por mí mismo y hacer una deducción acerca de lo que tengo que leer.

-¿Deducción?. ¡No me haga reír, señor Acerenza!. Usted jamás sabrá hacer una deducción como la gente en toda su vida. Usted jamás sabrá hacer un razonamiento ni una investigación de nada...”

-¿Qué opina de eso?.

-¿Qué quiere usted que opine?.

-¿Será por ese tipo de incidentes que me hice detective privado?. ¿Será por odio a toda esa manga de mediocres que pretendían enseñarme algo en el liceo durante mis mejores años?. ¿O que me quise demostrar a mí mismo que ella se equivocaba?.

-¿Usted qué piensa?.

-Pienso que tendría que darme alguna explicación usted, que es el que estudió. Cuando un tipo viene a contratarme, no le digo a él que se ponga a seguir a la mina que le clava los cuernos. ¿Usted qué dice?.

-Los caminos del inconsciente son inescrutables.

-Gracias, doctor.

-Son 700 pesos. Y no soy doctor.

De vuelta en la calle, prendí un cigarrillo mientras me subía a mi anticuado y abollado Peugeot del 14. ¿Con quién puede compartir uno sus problemas en esta vida?. Los sicólogos no hablan nada y las mujeres demasiado. Podría pensar las variantes intermedias: una sicóloga o un trolo como novio.

Andando para mi despacho, fui escuchando la radio adecuada para mi estado de ánimo. Como todos saben, las radios de FM se especializan y diferencian únicamente en la publicidad específica que pasan y, entre medio, hacen pausas escupiendo todas exactamente la misma música. La que había elegido, naturalmente, era la más estúpida posible. Emitía permanentemente propagandas de métodos de adivinación esotéricos y libros que nos aseguran la felicidad y riqueza inevitables y perpetuas.

Anoté: “Sesión de Tarot: 200 pesos; Adivinación por la caca del perro: 350 pesos; Libro “Sé feliz de una vez por todas, nabo de mierda”: 420 pesos”.

Pensé que si no conseguía un cliente nuevo en un par de semanas, me tendría que adivinar yo mismo el futuro leyéndome la borra del guiso, pero una sorpresa me esperaba junto a la puerta de entrada.

-¿Acerenza, el detective?.

-Si me conviene, sí.

-¿Puedo pasar?. Tengo que hablar con usted de trabajo.

-Entonces me conviene. Adelante.

Pasó rápidamente al inexplicable cuarto que utilizo entre otras cosas de despacho, después de superar el oscurísimo pasillo. Me extrañó que apenas entró, comenzó a revisar visualmente –y a tocar, también- algunos lugares específicos del nauseabundo cubículo. Era la primera vez que me pasaba algo así con alguien de sexo masculino.

-¿Qué porcentaje de seguridad tenemos en esta... sala, señor Acerenza? –preguntó finalmente.

-Aproximadamente, del 98,79 %.

-¿De cuánto? –gritó,más que sorprendidísimo- ¿me está hablando en serio?.

-Como siempre.

-¿Es que acaso instaló aquí los prototipos del sistema UY-D 547 versión 3,9?.

-Supongo que no, porque no tengo ni la más prostituta idea de qué es eso –respondí, inmutable.

-¿Entonces, por qué dice que tenemos una seguridad tan inaudita?.

-Porque a nadie se le ocurriría interesarse por lo que pasa acá adentro, ni usaría ni siquiera el más pichicomiento largavistas aunque se estuviera desnudando un cardumen de estrellas porno frente a esa ventana, por llamarla de alguna manera.

-No nos entendemos, señor Acerenza. Pero permítame presentarme, discúlpeme que no lo haya hecho antes.

-Proceda.

-Soy el ingeniero Aliverti. Mi especialidad es, justamente, la seguridad electrónica. Usted sabe: la detección de nanomicrófonos, de cámaras barredoras distantes, de interferencias de comunicaciones.

-Bueno, déjeme un folleto y yo le llamaré si estoy interesado en algo. O sea, no lo llamaré jamás.

-¿Lo qué? –sonrió, demostrando que también había estudiado hacer eso- usted se confunde, ¿tengo acaso aspecto de ser un vendedor ambulante?.

-Tendría que haber visto al que vino el martes intentando venderme un aparato de plástico para sacar musculatura.

-Señor Acerenza, estoy al frente de una pequeña empresa que suministra asesoramiento en seguridad a clientes selectos.

-Ta, no perdamos más tiempo. Déme una foto de su mujer y dígame cuántas fotos quiere y cuánto acepta que se le vea a ella. Y a él.

Vaciló con la sonrisa estúpida de los que no saben explicar nada y creen que los demás somos los estúpidos por ello.

-No sé de qué me habla. Soy soltero.

-Es lo mismo, no tengo prejuicios. Con una foto y el nombre de su novio, alcanza.

-Señor Acerenza, no tengo esposa ni novia ni novio. Si usted cree que vengo para que siga a alguien, se equivoca.

-Para conseguir pareja no se viene a un detective –retruqué- y supongo que si tiene que hacer un espionaje, no me necesita precisamente a mí. Alcanza con ponerle uno de esos manómetros al gil en cuestión.

-Nanomicrófonos. No me dedico al espionaje, sino a la seguridad. Necesito su protección por otro asunto, pero no puedo seguir la conversación si no tenemos una probabilidad razonable de no ser interceptados. ¿Podría usted darme una relación meramente general de los equipos de detección de escuchas que tiene en su despacho?.

-Con todo gusto. No tengo ni uno.

-¿Nada?.

-Exactamente. Como me entran cada quince días aproximadamente –tanto policías como espías y matones- me divierto viendo que se pasaron horas buscando equipos que jamás tuve ni quise tener y convenciéndose a medida que no encuentran nada, que deben ser muy modernos, sofisticados e ingeniosamente ocultos.

-Pero...

-Cuando pasan uno de esos aparatos para detectar la actividad electrónica digital, sólo encuentran a ese microondas que es más viejo que yo, lo que ha provocado el suicidio de varios expertos.

-¿Dónde podríamos hablar y sentirnos seguros? -preguntó.

-En ningún punto del planeta, como usted debe saber mejor que yo.

-Por supuesto que no hablo de un nivel de seguridad del 100 %. Mi tesis de graduación versaba sobre la imposibilidad de tal extremo en nuestras sociedades modernas. Pero no puedo decirle nada de los asuntos extremadamente importantes que vine a tratar con usted, sin un mínimo de 75 % de índice de seguridad.

-Acá no llegamos, ¿no?.

-Por favor, señor Acerenza. Creo que nos pueden escuchar poniendo el oído junto a la puerta.

-Eso creía yo. Conozco un lugar confiable. Pero, por favor no me hable de su tesis de graduación.


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-No se ofenda, señor Acerenza, pero creo que acá compraron los aparatos de seguridad en el mismo comercio que usted.

-¿Eso fue un intento de ironía nerd?.

-No soy un nerd, ¿pero por qué me trajo a esta cantina olorosa?. No se me ocurre un lugar más fácil de espiar.

-Porque tenía hambre. Usted paga.

-¿Por qué piensa que haría eso?.

-Porque son costos de mi trabajo. Y usted está muy interesado en que yo haga una investigación no precisamente oficial sobre un tema poco habitual.

-¿Cómo dedujo eso?.

-Cualquier otro trabajo, ya sea más oficial, más técnico o más convencional, lo podría hacer cualquier cadete suyo mucho mejor que yo. Y no estaría teniendo que soportar mi desagradable conversación.

-El problema es que... este lugar me pone nervioso.

-No hay nada que temer en este sucucho si uno come de la parrilla. Conozco las ollas y las cocinas de acá y harían vomitar a un buitre muerto de hambre. Creo que usted está nervioso por otras cosas casi tan violentas como el plato del día. Por poner un ejemplo, los dos agentes del servicio secreto hindú que dejé atrás con el Peugeot.

-¿Los qué? –gritó levantándose del asiento, mirando ostentosamente en todas las direcciones y enterrándome la mesa en la panza, no ayudándome mucho que digamos con la discreción de la reunión.

-Ya los perdimos. Es la ventaja de tener un auto que puede frenar una sola vez por viaje.

-¿Me seguían?. Si yo me aseguré de...

-Acá están las fotos –le contesté, alcanzándole mi anticuado celular que no graba sonidos ni videos.

-Reconozco que lo subestimé -aceptó casi derrumbándose y permitiéndome comprobar definitivamente que sólo era capaz de articular frases hechas.

-Ahí viene el mozo. Sugiero que pidamos una parrilla para dos y tinto. Si lo convencí como profesional, entonces pedirá que las morcillas sean dulces y agregará una buena porción de fritas. Y como postre, ensalada de frutas, que es mi costado femenino.

-Está bien. Como usted diga.

-Es mi frase preferida. ¡Jonathan!. Sí, dos menús ejecutivos.

Lo último es un chiste interno que tengo y que otro día contaré, con el propietario y casi único despachador del lugar, mitad confiable y mitad de legalidad dudosa. El lugar, digo.

En todo caso, sabía que estaba trabajando, lo que significaba que nadie tenía que venir a molestarme, que me tenía que limitar el alcohol en todas sus formas y que llegado el caso, no tenía que dejar salir al extraño.

-¿Usted está informado de lo que pasó en Asunción?.

-Sí. Un accidente, una explosión y un montón de muertos.

-Es correcto, pero no es toda la verdad.

-No puedo decir toda la verdad en nueve palabras. ¿Hay algo interesante para decir ahora que vamos a comer en que voló la mitad del barrio de General…?

-General Caballero.

-Ese. ¿Quiere que encuentre al culpable?.

-No hay un culpable solo. Siempre tiene que haber una organización detrás para poder llevar exitosamente una acción así.

-Supongo que sabrá algo –dije, ganándole de mano con la mitad mayor de provolone- y deberá contármelo o sino, todo mi esfuerzo habrá sido en vano.

-Tengo que estar seguro que usted es discreto. ¿Cómo sé que no se enterará de nada de lo que hablamos la… gente que está aquí.

-La gentuza que está alrededor dudo que sepa en qué continente queda Paraguay y que se interese por otra cosa que el fútbol y la vida íntima de la gente famosa. ¿O se cree que acá se pasan hablando de Hiroshima entre grappa y grappa?.

-Está bien. He resuelto confiar en usted.

-La tira está un poco grasienta. Siga.

-En primer lugar, no fue un accidente.

-No es el primero que lo piensa. Supongo que tendrá algún dato y el buen gusto de no escupirme una teoría conspirativa.

-No es una teoría. Tuve acceso a documentación peligrosa.

-Oki. Pudo leer un archivo donde un pez gordo ordenaba una explosión-que-pareciera-un-accidente en Asunción.

-No era en Asunción.

-Fue ahí. Pregúntele a los pedazos de gente.

-Iba a ser acá.

-¿Acá qué? –pregunté un poco preocupado por lo que estaba empezando a pensar. Y por la composición del chorizo.

-La orden original era un atentado en Montevideo. Pero se confundieron Uruguay con Paraguay.

-Usted está loco. Tanto armar conferencias de aparatos raros, que se empezó a creer todos sus versos.

-Tengo los documentos. En un lugar que no le voy a revelar. Piense: ¿para qué iban a matar gente en un país que nunca sale en las noticias ni le interesa a los servicios de inteligencia?.

-Ni idea –contesté- no sé cómo razona un empresario. Apenas sé hacerlo como detective de adulterios de tercera.

Se calló al ver acercarse a Jonathan, que todavía me miraba desconfiado.

-¿Todo bien? –preguntó éste.

-La comida, sí –le contesté- como siempre. A él, hacelo fajar cuando termine de pagar.

-¿Lo qué…? –expresó con un hilo de voz.

-Nada, hombre. ¿No tiene sentido del humor?.

-Señor Acerenza. Hace tres días que apenas puedo dormir con un montón de pastillas. Tengo miedo por mi vida… no estoy para chistes.

-Eso quiere decir que nunca antes en su vida había tenido miedo por ella misma. Hace bien en estar asustado porque si lo seguían los hindúes, eso quiere decir que también está en la mira de los paquistaníes y de los chinos.

-¿Ehh?.

-Y de los rusos. Los japoneses también y los sudafricanos, lo más probable. Pero los rusos, seguro.

-¿Quiere decir que seré acosado…?

-Quiero decir que todos los servicios son un colador. Usted trabaja para que así sea. Si uno de ellos lo ficha, pasa a ser un objetivo para todos los demás. Aunque no sepan por qué, tratarán de averiguarlo.

Seguí hablando porque él no parecía capaz de decir nada. Ni de respirar, casi.

-Se lo preguntarán de todas las maneras posibles. Algunas, un poco incómodas. O muy incómodas, para ser exactos. Vio cómo son. Ahora, el problema es que, en general, después de conseguir la información suelen pensar que arriesgan mucho dejándolo vivo. Y a ellos no les gusta arriesgar.

-Por favor…

-No lo estoy asustando para jorobarlo. Si mataron un montón de gente en Paraguay… no se la van a perdonar a usted, lamento tener que decirlo. Al final no me dijo para qué carajo fue esa explosión.

-Fue… fue… para hacerle creer al gobierno uruguayo que hay una conspiración terrorista internacional.

-Esa es la excusa más gastada de los últimos tres siglos. Es propia de un principiante en política internacional.

-Por alguna razón que no sé, quieren intranquilizar a los servicios activos aquí en Montevideo.

-Usted también los intranquilizó bastante, Aliverti.


25 de julio de 2010

Historia Ilustrada del Jazz 10

LLEGÓ EL BEBOP 2: DIZZY GILLESPIE

John Birks Gillespie fue el otro gran nombre del bebop. Nacido en 1917 en una pequeña ciudad de Carolina del Sur, a los 18 años se mudó con su familia (su padre había muerto hacía mucho) y pronto consiguió contratos como trompetista cada vez más lucrativos. También se ganaría en esa época el seudónimo de "Dizzy" (mareador, aturdidor o vertiginoso) como resultado de su desbordante e inquieta personalidad. Con apenas 20 años y muy inmaduro desde todo punto de vista -inclusive como instrumentista- pudo reemplazar a su admiradísimo Roy Eldridge en la orquesta de Teddy Hill, quien reconoció la enorme promesa que era Gillespie. En esa época grabó por primera vez y ya tuvo sus primeros encontronazos por su temperamento burlón y sus extravagancias al subir a un escenario.

Dizzy quería ser algo más que un exitoso imitador del gran "Little Jazz" Eldridge y siguió su camino en diferentes bandas, evolucionando. En 1938 se casó por única vez y al año siguiente sería contratado por la orquesta del excéntrico showman Cab Calloway. En ese exitoso conjunto permanecería dos años hasta que una discusión entre el lider y él terminó con una puñalada no mortal para Calloway. Siguió participando de otros grupos -incluyendo uno dirigido por Benny Carter- hasta que lo contrató Earl Hines, en donde conoció a Charlie Parker. Poco después llegó a trabajar para Duke Ellington y a dirigir algún combo -no una big band- preludio de lo inminente.

Poco a poco fue rodeándose de más músicos que compartían sus ideas nuevas, pasó por la orquesta de Billy Eckstine, donde se reencontró con Parker y comenzó desde 1945 a dirigir sus propios conjuntos, al principio con muy poco éxito. El nuevo sonido no se prestaba al baile y era demasiado extraño para el público acostumbrado a seguir orquestas comerciales, sin ninguna necesidad de que tuvieran algo que ver con el jazz. Pero a partir de 1946 Dizzy se convertiría en el primer líder de bop en tener éxito y difusión en todo el territorio norteamericano. Con la colaboración frecuente de músicos como Max Roach, Ray Brown, Milt Jackson y especialmente, John Lewis no sólo como pianista sino también como compositor y arreglista, Gillespie conocería por lo menos dos décadas de grandes éxitos y una suave decadencia posteriormente que no le negaría una actividad frenética. Nunca le faltaron trabajo ni dinero.


A NIGHT IN TUNISIA

I CAN'T GE STARTED

GROOVIN' HIGH

Si bien estudió brevemente en su adolescencia armonía y teoría musical, Dizzy Gillespie fue esencialmente un autodidacta que aprendió solo a tocar el trombón a los 14 años y muy poco después, el instrumento que dominaría como nadie. Probablemente no ha sido aún superados su enorme virtuosismo en ritmos rápidos -o directamente frenéticos- y su habilidad para esos insólitos sobreagudos, que llegan y se mantienen perfectamente afinados donde prácticamente nadie más ha llegado después.

Los dos líderes del be bop en realidad sólo grabaron juntos en pocas ocasiones (aquí hay un excelente ejemplo con el más exitoso tema compuesto por Dizzy, "Una noche en Túnez") y no se llevaban demasiado bien. Ésto último resulta perfectamente lógico porque eran dos personalidades opuestas en la gran mayoría de los aspectos: mientras Parker era introvertido, angustiado, débil y fácil de atacar, desordenado, poco profesional y amante de todo tipo de excesos, Gillespie era jocoso, extrovertido, temperamental, se sabía hacer respetar, práctico, ordenado en su vida personal y profesional y fanático del cumplimiento estricto de horarios y contratos. Sin embargo, al momento de tocar juntos, el entendimiento sí fue perfecto.

Las constantes bromas que realizó Dizzy en toda su carrera han dado lugar a algunos equívocos: cuando tocaba, jamás dejaba de hacerlo en serio y sus extravagancias en el escenario sólo eran un adorno para el show. La más particular de ellas seguramente fue su postulación presidencial en 1964 que comenzó como una broma pero fue presentada oficialmente aunque fue retirada para no quitarle votos a Lyndon Johnson, porque ello podría permitir el triunfo del ultraderechista Barry Goldwater. Otra rareza fue adoptar una trompeta doblada hacia arriba -al parecer por un accidente- que decía que le permitía llegar mejor a sus oídos su propio sonido.

Su enorme virtuosismo se adecuaba perfectamente a las ideas que tenían en mente los boppers. Ritmos rápidos, nerviosos, juego con el tiempo y los acordes, improvisación. Pero en realidad nunca quiso establecerse como líder de un movimiento ni nada que se le parezca. Tenía sus ideas propias, que se diferenciaban netamente de las modas que había impuesto el swing y valoraban positivamente los cambios que aportaba el bop, pero su carrera -desde antes del rápido ocaso de este estilo- seguiría su camino personal y autónomo dentro del jazz.

Fue el único bopper -y uno de los pocos jazzman- que mantuvo durante muchos años una big band a su nombre, formato que adoraba por encima de cualquier otro, a diferencia de los otros jóvenes del movimiento. Gillespie fue quien introdujo los ritmos latinos en el jazz, especialmente con la incorporación del brillante percusionista cubano Chano Pozo -asesinado poco después, aparentemente por razones religiosas- que causó sensación. Temas como "Manteca", "Cubana be" y "Cubana bop" dieron inicio al jazz latino irreversiblemente, haciéndolo entrar por la puerta grande.

El bop reemplazaba definitivamente al swing como movimiento central del jazz pero no llegaría ni por casualidad al éxito comercial de éste último. La música originada en New Orleans volvía a ser -más que nunca- música para ser escuchada y estudiada por aficionados entendidos. Divorciada para siempre de la balada popular, colocando nuevamente a la improvisación en un lugar privilegiado, sin embargo el bebop enfrentó desde siempre una resistencia bastante poderosa desde muchos músicos y otros tantos oyentes que se refugiaron en los ritmos antiguos (no sólo el derrocado swing, sino mucho más atrás). Su propio vanguardismo y falta de concesiones hizo que al poco tiempo comenzara él mismo a agotarse y a dar lugar a otros estilos que lo sucederían rápidamente.

Gillespie fue desplazado al llegar los 60 del primer plano del jazz pero siguió conservando público, oportunidades de grabaciones y de giras, casi hasta el fin de su vida en 1993. Se suele creer que su música se estancó totalmente y no fue capaz de asimilar la evolución del género, repitiendo una y otra vez el estilo que lo hizo célebre. Eso es verdadero en parte, pero la escucha muy incompleta de sus trabajos de madurez -nada fáciles de conseguir, por cierto- nos trae a alguien que si bien no ha alterado su estilo personal, demuestra tener un oído muy atento a nuevos instrumentos, sonidos y armonías.

52 STREET THEME

DIZZY ATMOSPHERE


MANTECA

20 de julio de 2010

Sui Generis versión 2.0

Creo yo que el dúo Sui Generis (por supuesto, todos saben: "Charly" García y "Nito" Mestre) son, en el reducido ámbito del Río de la Plata, unos mini-Beatles, tanto por lo mítico de su propuesta como por la frescura irrepetible de esas canciones increíblemente comerciales y talentosas, sencillas y complejas al mismo tiempo. Nunca ambos llegarían a repetir esa calidad.

Sui se separó en 1975 con un recordado par de recitales de los que nos llegó el disco y la película. En 1981 realizaron un sorpresivo recital en el Franzini -allí los conocí- y ambos siguieron sus caminos separados, no exentos de peleítas.

Después de hacer un descaradamente comercial regreso de Seru Giran, Charly apostó a una reconciliación con Nito y ambos reaparecieron en 2000 con un disco de estudio "Sinfonía para adolescentes" y "Si (detrás de las paredes)" al año siguiente, un album en vivo con temas viejos y del último disco. Según Wikipedia, "Sinfonía..." tuvo un gran éxito pero sospecho que en Uruguay nadie lo escuchó.

¿Cómo retomar una propuesta mítica?. ¿Volviendo a hacer lo que 25 años antes les dio tanto éxito?. ¿Intentar otros caminos?. ¿Es mejor hacer las viejas canciones aggiornadas o canciones nuevas siguiendo el viejo estilo?.

Lo razonable, me parece, en primer lugar, es no querer entrar en el terreno de las comparaciones. El momento en los 70 es irrepetible y nunca van a volver a tener el impacto de aquella época en esa juventud, hoy bastante veterana. En todo caso, la intención de ambos parece que fue, solamente, hacer un par de discos juntos y nada más. Lo cual suena razonable.

¿Qué tienen esos dos discos?. El contenido "nuevo" es "Sinfonía...", hecho por temas de Charly exclusivamente -como en Sui-, algunos covers y unos temas poco difundidos del dúo en buenas versiones, quizás lo mejor del disco: "Juan Represión", "Afuera en la ciudad", "Monoblock".

De los temas nuevos, nada que ver con aquella música -alguna- de fogón. Temas que están bien, o mejor dicho, no están mal pero que tienen gusto a poca cosa y para los que no era necesario juntar a los ídolos de otrora. Hay varias referencias sorprendentes al conocido incidente de Charly tirándose a una piscina desde el 9º piso de un hotel, no sólo en "Me tiré por vos".

Aquí van cuatro temas de esa segunda etapa del dúo. Dos temas de "Sinfonía..." y dos versiones aggiornadas de "aquel" Sui. Atención a la versión muy heterodoxa de "Rasguña las piedras".








15 de julio de 2010

Se fue el XIX Mundial...

Parece inaudito el pretender analizar a una actuación de la celeste de forma más o menos equilibrada, sin ceder a patrioterismos, demagogias o tremendismos infantiles. Esto ha pasado desde que tengo memoria y quienes ayer endiosaban hoy insultan y quienes ahora desprecian, mañana glorifican.

Indudablemente Uruguay fue la sorpresa principal de este Mundial, como antes lo han sido Croacia, Bulgaria o Turquía sin que se haya producido ningún cambio significativo ni en la presencia futbolística ni el presente social de esos países que también llegaron a semifinales en su momento. Más razonable parece ser que en todos estos torneos siempre hay sorpresas y decepciones, equipos que defraudan los -mecánicos- pronósticos previos y otros que -por una serie de factores- terminan rindiendo mucho más de los que sus historiales y nombres auguran.

Y no me vengan, por favor, con que nuestro país tiene 2 -o peor aún, 4- mundiales ganados y, en cambio, España y Holanda no tienen historia. Ni las piñas del Manco Castro ni el gol de Ghigghia influyen en lo más mínimo cuando se enfrentan en este 2010 Forlán, Cavani y Lugano contra Van Persie, Ozil o Boateng. Lo único que importa es cómo se para cada equipo en la cancha y cómo se desempeñan sus jugadores. Por primera vez, a mis 44 años he visto a un equipo celeste en un Mundial jugar dignamente, tratando de dar el mejor espectáculo posible y esforzándose por ganar todos los partidos. Los resultados muchas veces son mentirosos pero, salvo el debut con Francia, siempre nos dio gusto ver a Uruguay. Le ganó 3-0 a Sudáfrica, el único rival débil que enfrentó; derrotó con esfuerzo -y gran suerte en el caso de Ghana- a los que eran del mismo nivel y les jugó de igual a igual a las dos selecciones de primera categoría que le tocaron a partir de las semifinales, Alemania y Holanda. Ojalá podamos decir lo mismo de nuestro seleccionado en los próximos mundiales, más allá de la posición final que consiga.

Si bien este año se jugó en el hemisferio sur -y por lo tanto en invierno- y los jugadores no tuvieron que sufrir calores inhumanos, está claro que se ha estado usando la peor altura posible de la temporada, con numerosas figuras que no pudieron llegar por lesiones y otras tantas que no rindieron ni por asomo lo que pueden, más probablemente por agotamiento que por cobardía o aburguesamiento, como cree la mayoría.

Contra lo que suponía -desde aquí a más de 7000 kms.- este Mundial pareció muy bien organizado, salvo el tema de la seguridad en las calles, fruto de la situación de un país que sigue siendo de los más desiguales del mundo. La televisación fue muy buena, pero lamentablemente quienes no tienen algún servicio para abonados sólo podían ver algunos partidos. El promedio de goles fue apenas superior a 2, al igual que Alemania 2006 y se volvió a repetir una primera ronda soporífera y algunas emociones cuando los partidos eran mano a mano.

Los cuatro semifinalistas fueron equipos de juego preferentemente colectivo que -y no hay ninguna contradicción- supieron potenciar a sus individualidades. En el caso de Alemania y de Uruguay, estas estrellas eran pocas. Grandes equipos -o no- como Italia, Inglaterra, Francia, Portugal, Argentina y Brasil defraudaron no sólo al no llegar a las definiciones sino por no dar grandes espectáculos, que sí dieron -no siempre- los cuatro mejores.

Por otro lado, está claro que confederaciones como la CONCACAF o la de Africa -y en menor medida, Asia- están sobrerrepresentadas y varios países clasificaron sin la menor posibilidad de hacer un papel digno. Creo que Colombia, Ecuador, Suecia, Rusia o Turquía -por nombrar algunos eliminados- hubieran sido mucho más competitivos que Argelia, Camerún, Nueva Zelanda, Honduras o Corea del Norte. Se me ocurre que debería hacerse como en la UEFA, que en sus competiciones clubistas fija los cupos por países de acuerdo a los resultados de los últimos tiempos y en función de eso, los agrega o quita. Sólo la demagogia de algunos dirigentes permitió que los africanos fueran 6 en este mundial, algo que nunca justificaron con sus rendimientos, ni ahora ni antes. Así no sería tan insoportable la primera ronda. Sin embargo, parece que la opción de la FIFA para Brasil 2014 es exactamente la contraria. En fin...

En todo caso nos queda el más que honroso cuarto puesto, la alegría de haber jugado bien y de presentar un equipo que daba gusto ver. Eso sí, que nadie se crea que con ésto ya se solucionaron todos los problemas del pobre y triste fútbol uruguayo. Hoy, como homenaje a los 60 años del último título mundialista, lo mejor que podríamos hacer es dejarnos de joder con que somos una potencia futbolística, dejar de olvidar que cuando salimos campeones este deporte como tal no estaba desarrollado en gran parte del planeta y dejar de mitificar y embardunar de bronce la historia de esos campeonatos ya tan lejanos. Si hubo un Maracaná fue porque por esas cosas del deporte nuestra selección jugó ese 16 de Julio de 1950 mucho mejor que ese rival que en los papeles era netamente superior, aunque no era tan invencible porque apenas dos meses antes ya se le había ganado.

No se ganan partidos ni se consiguen campeonatos con "huevos", con patadas, con "boliche", con matonismos ni con la "historia". Se gana jugando mejor que el rival, lo que muchas veces no es fácil o no se consigue. Nadie salie campeón siempre, ni siquiera Brasil.

P.D.: Muy feos y conservadores los diseños de las camisetas.

10 de julio de 2010

Cine: Historia Ilustrada 9

LOS PLÁSTICOS HACEN CINE: LA VANGUARDIA FRANCESA

(Aclaración probablemente innecesaria: la inmensa mayoría de los videos aquí subidos conteniendo cine mudo han sido musicalizado y/o sonorizado décadas después del estreno de la correspondiente película y no tiene nada que ver con la música ambiental que muchas veces se agregaba en la sala en aquellas épocas.)

El cine pasó rápidamente de ser una curiosidad científica a una industria del entretenimiento poderosa al comprobarse que muchísima gente estaba dispuesta a pagar una entrada para entretenerse viendo imágenes en movimiento. Como era obvio, pronto los espectadores perdieron la novedad de descubrir a gente moviéndose al salir de una fábrica o un tren llegando a la estación, como mostraban los films de los hermanos Lumiere y demandaban historias mucho más estructuradas, tal como consumían hasta ese momento en el teatro o en las novelas.

A medida que el negocio crecía y se universalizaba -y tanto audiencias como salas comenzaban a ser más respetables- algunos intelectuales progresivamente prestaron atención al nuevo fenómeno que el italiano radicado en Francia Riccioto Canudo bautizó en 1911 como "séptimo arte". Canudo es considerado el primer teórico (o crítico) cinematográfico.

Desde 1915 -o aún antes- en varios centros de Europa (no sólo en París, como se señala habitualmente) el arte bullía en nuevos movimientos que aportaban visiones inéditas y derribaban siglos de inmovilismo cultural, en el momento más subversivo en la historia de las artes plásticas. Tres movimientos se destacaban fundamentalmente, e iban a tener gran importancia en este período cinematográfico.

El futurismo había sido creado en Italia, propugnando la integración del movimiento, de la sorpresa, de la inventiva, y -lo más novedoso- del maquinismo. El constante surgir de artefactos mecánicos y/o eléctricos que tanto estaban cambiando al mundo del trabajo y al propio hogar, podía ser arte. El dadaísmo, movimiento antiburgués y anticomercial, ensalzaba el sinsentido y atacaba a la solemnidad anterior. Su mensaje era el no-mensaje, la oposición a la Obra de Arte, utilizando objetos de uso cotidiano poniéndolos a la par de los materiales "nobles". Su primo cercano, el surrealismo, más político y más romántico, se oponía a la razón para bucear en la anarquía del inconciente y pretender demoler las estructuras y las limitaciones a la libertad que imponía el pensamiento dominante.

Varios artistas plásticos de renombre de estas escuelas vieron la oportunidad de ampliar sus horizontes con la posibilidad de trabajar con imágenes en movimiento. Una de las vertientes de la vanguardia cinematográfica era la de los cortos abstractos, donde simplemente se jugaba con formas y volúmenes en movimiento. El primero de ellos fue el dadaísta sueco Viking Eggeling, con "Symphonie diagonale". Otros le siguieron, como los alemanes Hans Ritcher ("Ritmo 21", "Ritmo 23") y Walter Ruttman ("Opus 1", "Opus 2") y el francés Fernand Leger con su famoso "Ballet mecanique" (1924) (foto 1). Hubo muchos otros pintores que también llevaron sus inquietudes al celuloide sin tener la menor intención de hacer carrera en la industria, como Man Ray (foto 2) con "Le retour à la raison" y "La estrella de mar".

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"Anémic cinéma", corto de Marcel Duchamp (1926)

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"Symphonie diagonale", corto de Viking Eggeling (1924)

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Fragmento de "La caracola y el clérigo", de Germaine Dulac (1927)

Alguien que participó sólo lateralmente en el movimiento vanguardista que tenía como capital a París fue René Clair, que es más bien de inspiración dadaísta, realizador de un divertido mediometraje llamado "Paris que duerme" y del más influyente "Entreacto", que debe su nombre a que fue realizado realmente para ser proyectado entre dos actos de un ballet realizado por su amigo Francis Picabia. Se han querido dar muchas explicaciones racionales a la trama de este film, pero el esfuerzo es absurdo e innecesario como en buena parte de las otras obras del período.

Los surrealistas fueron quienes más utilizaron actores en sus películas que, por supuesto, nada tenían de convencionales. Quizás volviendo al estilo de Melies, utilizaban muchos trucos de cámara -efectos visuales muy diferentes a los actuales, obviamente- para introducir lo sorprendente e irracional en sus relatos. Fueron frecuentes las transformaciones de objetos y personas mediante trucajes y sobreimpresiones. Uno de los cortos más recordados, aunque probablemente no de los más memorables es "La caracola y el clérigo"(1927), con su historia de un pastor protestante reprimido pero enamorado inutilmente, menos feroz y más poético de lo habitual, probablemente por la sensibilidad femenina de su directora Germaine Dulac.

Pero el film surrealista que iba a causar más impacto -por lejos- fue el dirigido por los entonces jóvenes amigos inseparables, el catalán Salvador Dali y el aragonés Luis Buñuel "El perro andaluz" (1929) (foto 3). Mezcla talentosa de provocación, ironía, fantasía y absurdo, esta especie de historia de amor loco llamó inmediatamente la atención sobre esos dos desconocidos que estaban destinados a hacer historia en sus respectivas disciplinas. Un tercer amigo, Federico García Lorca, se ofendió porque pensó que el título del corto -que no tenía ninguna relación con lo que en él se veía- era una burla contra él. Buñuel, por cierto, se merecerá una entrada exclusiva más adelante.

Probablemente el último título digno de mención sea "La sangre de un poeta" (1930) (foto 4) realizado por Jean Cocteau. Frío, cerebral, intentando traducir en imágenes sorprendentes la poesía de su autor, fue quizás la película con actores donde se dio más importancia a lo estrictamente visual y a la fantasía sin sentido, muestra de la sensibilidad homosexual de Cocteau y de su caprichoso talento.

Inevitablemente, este cine vanguardista, intelectual, realizado totalmente al margen de la producción comercial, muchas veces financiado con impulsos personales o apoyo de mecenas, no llegó al gran público. Lenta, insensiblemente, se fue agotando el impulso inicial y en pocos casos se pudo superar la llegada del sonido, que cambió enormemente tanto el manejo de la industria como las condiciones técnicas de filmación. De los pocos filmes sonoros de vanguardia que merecen ser recordados, uno fue el ya referido "La sangre de un poeta" y la segunda película de Buñuel "La edad de oro" (1930), la obra maestra del movimiento, donde el futuro maestro desató su talento dejando de lado casi totalmente al errático Dali, dinamitando con inigualable eficacia la sociedad burguesa de la época. Largamente prohibida, escandalosamente atacada con bombas de alquitrán por un comando fascista por su irreverente ataque a Jesucristo en el final, es una de las mayores obras de toda la historia del cine y sobre ella se hablará más adelante.

De los artistas mencionados, Buñuel y Clair desarrollarían una carrera que los colocaría entre los grandes maestros del cine; Ruttman haría en 1927 un documental fundamental "Berlin, sinfonía de una ciudad" (foto 5) y moriría en el frente ruso en la Segunda Guerra Mundial (había adherido al partido nazi); Dulac realizaría otras películas hoy olvidadas; Cocteau seguiría con una carrera tan caprichosa como talentosa (y tan francesa) que se prolongaría hasta la década de los 60, sin mayores repercusiones de taquilla, excepto una versión de "La bella y la bestia". Los artistas plásticos no reincidieron mayormente en cine, a excepción de un curioso y poco difundido largometraje en color de 1946 llamado "Cosas que el dinero no puede comprar", integrado por cortos de algunos veteranos como Man Ray o Max Ernst que seguía con la tradición vanguardista ya olvidada. En nuestro país, prácticamente todas estas películas recién se difundirían en los difíciles años 70.

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"Entreacto", cortometraje de René Clair (1924), dividido en dos videos.

5 de julio de 2010

El travelling de Kapó: una polémica francesa al pepe

En el número 53 (Junio de 1996) de la muy particular revista argentina "El Amante Cine" me enteré por primera vez del tema: en 1992 el prestigioso -y polémico- crítico francés Serge Daney, fallecido poco después, había publicado un larguísimo artículo denominado "El travelling de Kapó".

"Kapó" fue una de las pocas películas que pudo realizar en 1961 el italiano Gillio Pontecorvo -más conocido por "La batalla de Argelia"- acerca de un tema muy común entre los cineastas europeos de la época: la aún reciente Segunda Guerra Mundial. En particular, este film hablaba de la prisionera de un campo de concentración nazi que aceptaba colaborar con los captores a cambio de mejores condiciones de reclusión. Vista hace un tiempo en VHS es una película sólida, inteligente, quizás impactante en su momento pero con pinta de ya vista 50 años después.

El artículo de Daney comienza citando la reseña que el luego conocido director Jacques Rivette escribía en "Cahiers du Cinema" en la época del estreno:

"Observen en "Kapó", el plano en que (Emmanuelle) Riva se suicida tirándose sobre los alambres de púa electrificados: el hombre que en ese momento decide hacer un travelling hacia adelante para reencuadrar el cadáver en contrapicado, teniendo el cuidado de inscribir exactamente la mano levantada en un ángulo del encuadre final, ese hombre merece el más profundo desprecio".

Daney le da toda la razón a Rivette y anuncia por eso que nunca vio ni verá la película. Que lo que leyó le alcanza y sobra para tener una opinión formada sobre el travelling famoso y sobre todo el filme. Siguen después miles de palabras pontificando cómo se deben representar los campos de concentración y otras desgracias históricas. "El Amante Cine" presenta este texto como "el más profundo escrito sobre cine".

Como yo pienso todo lo contrario, modestamente, que el celebrado Daney -jamás hay que opinar sobre una película sin verla- y para que cada uno pueda sacar sus conclusiones, presento la famosa escena tal cual es.

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