30 de enero de 2011

Libertad para Jafar Panahi

Comenzó como discípulo del primer director iraní en saltar a la fama internacional, Abbas Kiarostami. Sus dos primeros largometrajes (El globo blanco, 1995; El espejo, 1997) llegaron acá a través de Cinemateca y parecían colocar a Panahi como especialista en cine infantil.

En realidad, como ha pasado en otras oportunidades cuando la censura asfixia a los artistas de una sociedad, las películas sobre los niños iraníes no eran más que una excusa para poder filmar, expresando solapadamente lo que no se puede decir de otra manera. La crítica fue mucho más explícita a partir de El círculo (2000), donde la situación de la mujer (incluso el desprecio que siente la cultura musulmana por haber dado a luz a una niña) fue denunciada muy duramente. Esta fue la primera obra que le trajo problemas a Panahi, incluyendo el distanciamiento público del más oportunista Kiarostami. Posteriormente, sólo podría terminar Sangre y oro (no estrenada en Uruguay, 2003) y Off side (2006), ésta última sobre la absurda prohibición que tienen las mujeres de ir a los estadios y fue rodada realmente durante un partido decisivo en las eliminatorias que jugó su país para ir al Mundial de fútbol en Alemania.

En 2004 Panahi iba a visitar Montevideo para presentar sus películas pero fue detenido en el Aeropuerto Kennedy de New York por ser iraní y deportado a Hong Kong. Años después sería encarcelado por la propia dictadura teocrática, lo que agrega un matiz irónico a la estupidez yanqui. En efecto, en 2009 fue reelecto el fundamentalista Mahmoud Ahmadinejad en comicios sospechosos de fraude. El director participó en las protestas y filmó las brutalidades de la milicia paramilitar Basij y el entierro de alguna de sus víctimas. Por esas actividades fue encarcelado por primera vez y se le quitó el pasaporte.

En marzo del año pasado fue nuevamente detenido junto a su familia y varios de sus amigos y colegas, torturado psicológicamente y liberado dos meses después. Los cargos: "hacer una película contra el régimen".

Finalmente, en el mes de diciembre pasado fue condenado a seis años de prisión y 20 de prohibición de salir de Irán y de realizar películas por haber apoyado al opositor Movimiento Verde. Parece obvio que su condena (y la del joven y mucho menos conocido director Mohammad Rasoulof) es únicamente una lamentable demostración de fuerza bruta por parte de un régimen represivo y antidemocrático, fanático y antidiluviano, cuyo mencionado presidente fue el hazmerreir del momento hace un par de años en Buenos Aires al afirmar que en su país no había homosexuales.

Esa misma dictadura intenta estrechar lazos comerciales con Uruguay. Si bien siempre he sostenido que no pueden ligarse las relaciones internacionales a que nos guste o no el gobierno de un país, creo que nuestra diplomacia no debería callarse ante este atropello y reclamar por la libertad de dos presos por opinar diferente.

25 de enero de 2011

Historia Ilustrada del Jazz 16

OTROS COOLERS: LEE KONITZ, MODERN JAZZ QUARTET, DAVE BRUBECK

Muchos asociaron la música West Coast a la estética de varias de las tapas de sus discos: playas, sol y chicas en bikini. Como si fueran una corriente comercial, irresponsable y frívola dentro del jazz que surgió después del estallido del be bop. El hecho de que fuera la vertiente más exitosa de la música improvisada, conformada mayoritariamente por intérpretes blancos, favoreció algunos recelos.

Sin embargo, el cool "blanco" tiene muchas cosas en común con el hard bop "negro", siendo ambos lógicas variantes del jazz moderno creado a partir de la Segunda Guerra Mundial y de una sociedad norteamericana mucho más desencantada que antes.

Alumno de Lennie Tristano, Lee Konitz se independizó amablemente del maestro para transformarse, seguramente, en el primer saxo alto que pudo crear un estilo propio más allá de la influencia de Charlie Parker. Konitz es uno de esos casos de músico que consiguió rápidamente la consideración de sus colegas y del público pero que posteriormente no logró mantenerse en la cúspide que tal suerte parecía depararle. Sin embargo, es indudable que siempre ha mantenido un alto nivel en su carrera que ha llegado casi hasta estos días y una experimentación con nuevas escuelas y músicos de otras corrientes, que no es frecuente.

SUBCONCIOUS


PROGRESSION

A BALLAD FOR LENNIE

Surgido en 1954 a partir de una formación de Dizzy Gillespie, el Modern Jazz Quartet estaba integrado por el pianista John Lewis y el vibrafonista Milt Jackson como principales figuras. El primer contrabajista fue Ray Brown -que venía del swing y estuvo casado con la gran cantante Ella Fitzgerald- pero pronto fue sustituido por Percy Health, que se mantendría hasta el fin del conjunto. El cuarto integrante original fue el baterista Kenny Clarke -también venía de Gillespie- pero éste se sintió limitado por la propuesta del grupo y le cedió su lugar a Connie Kay. Con esta formación, dirigida por la fuerte personalidad de Lewis, triunfarían con su propuesta de un jazz atildado, virtuoso y cerebral.

El MJQ se presentaba siempre elegantemente vestidos, en salas de conciertos, combatiendo la idea del músico de jazz irresponsable y cometedor de todo tipo de excesos. Lewis fue uno de los principales impulsores de la idea de una "tercera corriente" (Third stream) que uniera la música clásica europea con la improvisación estadounidense y sus ideas se vieron reflejadas en la producción del cuarteto, especialmente con "Blues on Bach", uno de sus más exitosos discos.

En 1974, Jackson propició la disolución del MJQ para intentar un camino más libre pero se volvieron a reunir siete años más tarde con un régimen de actuaciones más tolerante hasta su definitiva separación en 1993.

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Modern Jazz Quartet: "Django"

BLUES IN A MINOR

DON'T STOP THE TRAIN

MAMBO BOUNCE


Dave Brubeck tuvo un enorme éxito especialmente en círculos universitarios y de la gente más cultivada, desbordando el público habitual del jazz. Ex combatiente en la Guerra, comenzó dentro del más puro cool en el formato trío, despertando elogios críticos pero la indiferencia del público.

En 1951 incorporó al saxo alto Paul Desmond y cambió notoriamente su rumbo, incorporando experimentaciones rítmicas y una energía que habitualmente no se asocia al cool. La complementación con Desmond era total y el brillante estilo de éste -que se asociaba mejor dentro de un conjunto que como solista- lírico pero preciso al mismo tiempo era el mejor contraste al piano extrovertido y osado del líder.

Desmond falleció en 1977 de cáncer, no pudiendo nunca ser sustituido eficazmente. Brubeck siguió en las últimas décadas en actividad pero sin tener la influencia de antes. Su hijo mayor, Darius, es también pianista y formó otro conjunto denominado Ensemble. Sus otros dos hijos han alternado entre uno y otro.

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Dave Brubeck Quartet: "Take five"

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Dave Brubeck Quartet: "Blues rondó a la turk"

20 de enero de 2011

El Uruguay que nos mienten II

EL REFERENDUM DE 1989

Corría 1984 y la dictadura militar instaurada en 1973 con aceptación y complicidad de buena parte del sistema político se derrumbaba. No sólo porque las protestas populares habían alcanzado una dimensión nunca imaginada por propios y extraños (y que ninguna represión podía detener, todo lo contrario), sino porque también -y no es un dato menor- el gran capital y los poderosos de todo signo -tanto de aquí como de afuera- veían que no daba para más y le quitaban su apoyo. Por si quedara alguna duda, el desastre financiero de la "tablita" de 1982 había demostrado que había que cambiar de política y le había retaceado todo posible apoyo de las clases medias y altas. En fin, la situación era insostenible y no podía esperarse otra cosa que empeorara (para los militares que pretendían mantenerse atornillados).

Desde 1982 había habido una serie de contactos entre gobernantes y dirigentes políticos de los partidos tradicionales para intentar una transición hacia la democracia. Las condicionantes impuestas por los dictadores eran muchas: pretendían mantenerse en un puesto cercano al poder, influyendo sobre las decisiones a tomar y excluyendo incondicionalmente a toda la izquierda uruguaya y cualquier otro sector que se le pareciera, incluso Wilson Ferreira Aldunate, máximo dirigente blanco. Varios políticos estaban dispuestos a aceptar -especialmente los colorados- pero fueron obligados a rechazar las condiciones, para no quedar aislados.

Finalmente, en 1984 liberaron al Gral. Seregni y con ese gesto, los milicos aceptaban la existencia de la fuerza política que habían querido aniquilar. Sorpresivamente, se echan a andar unas nuevas conversaciones con el FA junto a los colorados como interlocutores, quedando el Partido Nacional afuera, por la proscripción de Wilson.

¿Era obligatorio negociar con la dictadura una transición o había que dejar que se derrumbara sola, como todo parecía indicarlo?. ¿Se debían aceptar condiciones por parte de quienes habían usurpado el poder por la fuerza y ahora no sabían que hacer con él y nadie los quería?. ¿Estuvo bien el Frente en negociar en vez de unirse a los blancos y aislar al Partido Colorado?. ¿Si hubieran levantado la proscripción a Wilson, los blancos hubieran dejado de negociar?. ¿Estuvieron bien los frentistas en aceptar unas elecciones donde Sanguinetti no competiría contra sus dos máximos rivales?. Lindas preguntas.

LLEGÓ LA DEMOCRACIA...
Y con ella la realidad innegable de que -con el poder omnímodo- se habían cometido todo tipo de atropellos, excesos y delitos por parte de quienes habían abusado del Estado durante 11 largos años. Parecía evidente que no bastaba con la lógica medida de liberar a los presos políticos y restituir a quienes habían perdido su trabajo por militar en un partido legal que no le gustaba a los dictadores. Había -básicamente- dos tipos de acciones que, indudablemente en cualquier país que se pretenda civilizado eran delitos penales, agravados por el hecho de haber sido cometidos con la ayuda del aparato estatal: delitos económicos y delitos contra los derechos humanos.

De los primeros NUNCA se investigó nada y ahí están de lo más panchos, quienes se enriquecieron ilícitamente para vergüenza de los que defienden esta transición. Otro tema fueron los torturados, asesinados y desaparecidos.

Cuando el Poder Judicial iba a citar a los acusados de gravísimas violaciones a los DDHH, buena parte del poder político se apresuró a buscar una chicana que permitiera no juzgar a TODO militar acusado de CUALQUIER delito cometido en la dictadura. En realidad, la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado dejaba afuera a los delitos económicos señalados y a los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, pero los mismos sectores que votaron la ley se encargaron de que tampoco se investigaran.

EL VEREDICTO POPULAR... SI ME CONVIENE
Los partidos tradicionales -que festejaron ruidosamente en 2009 que no prosperara el intento de anular la ley- suelen usar como pretexto que la Ley llamada de Impunidad fue aprobada por la ciudadanía. Lo cual es cierto, pero se olvidan cuidadosamente de referir las condiciones en que se votó en 1989.

En primer lugar, el referendum para eliminar a la Ley de Impunidad fue promovido por una Comisión que debió dedicarse a la demencial tarea de juntar las firmas apoyando la medida del 25% (!) de la ciudadanía. Las presiones para que no firmara la gente fueron inmensas (en todo tipo de empleados públicos, incluyendo militares y policías), los rumores de golpe de Estado, diarios (¿iban a agarrar de vuelta?) y la censura en los grandes medios de comunicación hacia los promotores de la iniciativa (que en realidad era para que la ciudadanía pudiera decidir libremente si mantenía o no la ley), total.

Pero hay otra perlita para este collar: a medida que se iban presentando las firmas de quienes apoyábamos la convocatoria, la Corte Electoral -en su mayor agachada de un órgano habitualmente confiable- desechó un enorme número de firmas argumentando que no eran las originales, confrontadas con las de la credencial, poniéndose al servicio de los intereses de quienes defendían la transición impune y no de la legalidad. Sin ir más lejos, a mi madre le anularon la firma -que sigue siendo asombrosamente igual que cuando tenía 18 años- porque en 1989 agregó su apellido de casada...

Pese a todo, hubo referendum. La propaganda a favor de mantener la ley -el voto amarillo- fue de terror por la vuelta de los tupamaros y sus atentados, del comunismo y el marxismo. La del voto verde, de esperanza y de igualdad ante la ley.

En ningún momento, los sectores blancos y colorados que defendieron la ley negaron la autoría de los delitos. Sólo argumentaron que los militares se negarían a ser juzgados. Desde 2005, se les está demostrando que no era verdad.

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15 de enero de 2011

"La conjura de los necios" de John Kennedy Toole

La historia es conocida: en 1976 el profesor de Literatura Walker Percy se encontró con una señora de edad que le insistía con que leyera la novela que había escrito su hijo muerto. Obviamente, el pedido molestó al profesor que no tenía ningún interés de tener que explicarle a la anciana que lo que ella consideraba una gran novela no lo era (como no suelen serlo, por cierto, la inmensa mayoría de los manuscritos presentados a docentes y escritores de autores no publicados). Sin embargo, la novela era excelente y su protagonista, Ignatius Reilly, uno de los personajes más delirantes, graciosos, profundos y originales de la literatura de ficción del siglo XX. Mezcla de tonto y lúcido, el gordo vago de Ignatius se mete en aventuras increíbles mientras busca trabajo y se enfrenta a la mediocridad del mundo (New Orleans, en este caso) con su total incapacidad para realizar las más sencillas tareas. Un clásico, sin dudas, que no pudo tener su continuación con las aventuras reillianas en New York al suicidarse John Kennedy Toole a los 31 años, aparentemente deprimido porque no querían publicar esta novela.



La señora Reilly estaba de pie en el pasillo mirando el letrero NO MOLESTAR escrito en una hoja de papel Gran Jefe y fijado a la puerta con una tirita usada, color carne.
—Ignatius, chico, déjame entrar —chilló.
—¿Que te deje entrar? —dijo Ignatius a través de la puerta—. Ni hablar. Estoy ocupado en este momento en un pasaje especialmente sucinto.
—Déjame entrar.
—Ya sabes que nunca te permito entrar aquí.
La señora Reilly aporreó la puerta.
—No sé qué es lo que te pasa, madre, pero sospecho que sufres un trastorno temporal. Ahora que lo pienso, me da demasiado miedo, no puedo abrirte la puerta. Puedes tener un cuchillo en la mano o una botella rota.
—Abre la puerta, Ignatius.
—¡Ay, la válvula, que se me cierra! —croó sonoramente Ignatius—. ¿Ya estás satisfecha, ahora que me has destrozado para el resto del día?
La señora Reilly se lanzó contra la madera sin pintar.
-—Bueno, no rompas la puerta —dijo él por fin y, unos instantes después, se abrió el pestillo.
—¿Qué es toda esta basura que hay por el suelo, Ignatius?
—Eso que ves es mi visión del mundo. Aún tengo que estructurarlo en un conjunto, así que mira bien dónde pisas.
—Todas las persianas cerradas. ¡Ignatius! Aún hay luz fuera.
—Mi yo no carece de elementos proustianos —dijo Ignatius desde la cama, a la que había vuelto rápidamente—. Oh, mi estomago.
—Aquí huele a demonios.
—Bueno, ¿qué esperas? El cuerpo humano, cuando está confinado, emite ciertos aromas que tendemos a olvidar en esta época de desodorantes y otras perversiones. A mí, en realidad, el ambiente de esta habitación me resulta bastante confortante. Schiller, para escribir, necesitaba en su mesa el aroma de manzanas podridas. Yo también tengo mis necesidades. Has de recordar que Mark Twain prefería la posición supina en la cama cuando componía esos abortos aburridos y trasnochados que los eruditos contemporáneos intentan demostrar que son importantes. La veneración que se rinde a Mark Twain es una de las raíces de nuestro estancamiento intelectual.
—Si hubiera sabido que esto estaba así, hace mucho tiempo que habría entrado.
—No sé por qué estás aquí ahora, en realidad, ni por qué sientes esta súbita necesidad de invadir mi santuario. Dudo que vuelva a ser el mismo después del trauma de esta intrusión de un espíritu extraño.
—He venido a hablar contigo, hijo. Saca la cara de entre esas almohadas.
—Debe ser la influencia de ese ridículo representante de la ley. Parece que te ha vuelto contra tu propio hijo. Por cierto, se ha ido ya, ¿no?
—Sí, y me disculpé por tu actuación.
—Madre, estás pisando los papeles. ¿Tendrías la bondad de desplazarte un poco? ¿No te basta con haberme destrozado la digestión, también quieres destruir los frutos de mi cerebro?
—Bueno, ¿dónde quieres que me ponga, Ignatius? ¿Quieres que me meta en la cama contigo? —preguntó furiosa la señora Reilly.
—¡Mira dónde pisas, por favor! —atronó Ignatius—. Dios santo, nunca existió nadie tan total y literalmente acosado y asediado. ¿Qué es lo que te ha impulsado a entrar aquí en este estado de locura absoluta? ¿No será ese olor a moscatel barato que asalta mis órganos olfativos?
—He tomado una decisión. Tienes que salir y buscarte un trabajo.
Oh, ¿qué broma pesada estaba gastándole ahora Fortuna? ¿Detención, accidente, trabajo? ¿Dónde acabaría aquel ciclo aterrador?
—Comprendo —dijo pausadamente Ignatius—. Sabiendo como sé que eres congénitamente incapaz de llegar a una decisión de esta importancia, supongo que ese policía subnormal es quien te ha metido la idea en la cabeza.
—El señor Mancuso y yo hablamos como yo solía hablar con tu papá. Tu papá me decía lo que había que hacer. Ay, ojalá estuviera vivo.
—Mancuso y mi padre sólo se parecen en que los dos dan la impresión de ser seres humanos bastante inconsecuentes. Sin embargo, tu actual mentor parece de esos individuos que piensan que todo puede arreglarse si todos trabajamos sin parar.
—El señor Mancuso trabaja duro. Tiene un trabajo muy difícil en el barrio.
—Estoy seguro de que mantiene a varios vástagos indeseados, todos los cuales están deseando crecer para ser policías, las chicas incluidas.
—Pues has de saber que tiene tres niños preciosos.
—Me lo imagino —Ignatius comenzó a saltar lentamente en su cama—. ¡Uau!
—Pero qué haces, ¿otra vez estás tonteando con esa válvula? Eres la única persona que tiene una válvula. Yo no tengo ninguna válvula.
—¡Todo el mundo tiene válvula pilórica! —chilló Ignatius—. Lo que pasa es que la mía está más desarrollada. Intento despejar un pasaje que tú has logrado bloquear. Aunque tengo la impresión de que puede estar ya bloqueado para siempre.
—Dice el señor Mancuso que si tú trabajas, puedes ayudarme a pagar a ese hombre. Dice que cree que ese hombre aceptaría que le pagáramos a plazos.
—Tu amigo el patrullero dice muchas cosas. Tienes la virtud de hacer hablar a la gente, desde luego. Jamás sospeché que ese individuo fuese tan locuaz, ni que fuese capaz de un comentario tan inteligente. ¿Es que no te das cuenta de que intenta destruir nuestro hogar? Todo empezó en el momento en que él intentó aquella detención brutal de mi persona delante de D. H. Holmes.
Aunque tú eres demasiado corta para comprenderlo todo, madre, este hombre es nuestra desgracia. Está haciendo girar nuestra rueda hacia abajo.
—¿Rueda? El señor Mancuso es un buen hombre. ¡Deberías estar contento de que no te haya detenido!
—En mi apocalipsis privado, el señor Mancuso será empalado con su propia porra. De cualquier modo, es impensable que yo deba buscar un trabajo. De momento, estoy muy ocupado con mi obra, y creo que estoy entrando en una etapa muy fecunda. No sé, quizás el accidente agitase y
liberase mi pensamiento. La verdad es que hoy he logrado escribir muchísimo.
—Tenemos que pagarle a ese hombre, Ignatius. ¿Es que quieres verme en la cárcel? ¿No te daría vergüenza que tu pobre madre estuviera entre rejas?
—¿Quieres hacer el favor de dejar de hablar de cárcel? Pareces obsesionada con la idea. En realidad, parece que disfrutes pensando en eso. El martirio es un disparate a tu edad —eructó quedamente—. Yo propondría que hicieses algunas economías en los gastos de esta casa. Seguro que reunías enseguida la suma necesaria.
—Pero si lo gasto todo en ti, en tu comida y en tus chucherías.
—He hallado últimamente varias botellas de vino vacías, cuyo contenido no consumí yo, desde luego.
—¡Ignatius!
—El otro día, cometí el error de encender el horno sin inspeccionarlo antes adecuadamente. Cuando lo abrí, una vez caliente, para meter mi pizza congelada, a punto estuve de quedarme ciego por una botella de vino cocido que se disponía a explotar. Propongo que desvíes parte del dinero que estás entregando a la industria licorera.
—Qué vergüenza que digas eso, Ignatius. Unas botellas de moscatel Gallo y tú con todas esas baratijas que te compras.
—¿Tendrías la bondad de definirme el significado de baratijas'? —replicó Ignatius.
—Todos esos libros. Ese gramófono. La trompeta que te compré el mes pasado.
—Considero esa trompeta una buena inversión, pese a que nuestra vecina la señora Anne no sea de la misma opinión. Si vuelve a aporrear mis persianas, le tiraré un cubo de agua.
—Mañana miramos los anuncios del periódico. Te vestirás como es debido y saldrás a buscar un trabajo.
—Me da miedo preguntar qué entiendes tú por «vestirse como es debido». Seguro que quieres convertirme en un mamarracho ridículo.
—Voy a plancharte una camisa blanca preciosa y te pondrás una de esas corbatas tan lindas de tu pobre papá.
—¿Puedo creer lo que oigo? —preguntó Ignatius a su almohada.
—O eso, Ignatius, o voy a hipotecar la casa. ¿Quieres perder el techo que te cobija?
—¡No! ¡No hipotecarás esta casa! —gritó, dando un vigoroso puñetazo al colchón—. Toda la sensación de seguridad que he procurado crear se derrumbaría. No estoy dispuesto a que haya alguien ajeno controlando mi domicilio. No podría soportarlo. Sólo de pensarlo, las manos se me llenan de granos.
Y extendió una zarpa para que su madre pudiera examinar el sarpullido.
—De eso, ni hablar —continuó—. Dispararía de golpe todas mis angustias latentes. Y temo que el resultado sería verdaderamente muy desagradable. No querría que te pasases el resto de tu vida cuidando de un lunático encerrado en un desván. No hipotecaremos la casa. Debes tener dinero en algún sitio.
—Tengo ciento cincuenta dólares en el Hibernia Bank.
—Dios santo, ¿nada más? Nunca imaginé que subsistiéramos de modo tan precario. Sin embargo, es una suerte que no me lo hayas dicho nunca. Si hubiera sabido lo cerca que estábamos de la penuria total, mi sistema nervioso habría estallado hace ya mucho —Ignatius se rascó las manazas—. He de admitir, no obstante, que la alternativa es para mí bastante lúgubre. Dudo muy seriamente que haya alguien dispuesto a contratarme.
—¿Pero qué dices, hijo mío? Tú, un chico tan bueno, con una educación tan excelente, con todos tus estudios.
—Los patronos perciben que yo rechazo sus valores —dio una vuelta en la cama y continuó—: Me tienen miedo. Sospecho que se dan cuenta de que me veo obligado a actuar en un siglo que aborrezco. Eso sucedió hasta cuando trabajé para la Biblioteca Pública de Nueva Orleans.
—Pero, Ignatius, ésa fue la única vez que trabajaste desde que saliste de la universidad, y fueron sólo dos semanas.
—Eso es precisamente lo que quiero decir —contestó Ignatius, lanzando una bola de papel a la araña de cristal opalino.
—Lo único que hacías era pegar aquellas tiritas en los libros.
—Sí, pero yo tenía una visión estética propia sobre el modo de pegar aquellas etiquetas. Algunos días sólo podía pegar tres o cuatro y me sentía satisfecho, al mismo tiempo, con la calidad de mi trabajo. Las autoridades bibliotecarias no pudieron soportar mi integridad profesional. Ellos sólo
querían un animal que embadurnara de cola sus libracos.
—¿Tú crees que podrías conseguir trabajo allí otra vez?
—Lo dudo muchísimo. La verdad es que le dije unas palabras más bien mordaces a la encargada del departamento. Hasta me retiraron el carnet de socio. Tienes que comprender el miedo y el odio que inspira a la gente mi weltanschauung —Ignatius eructó—. No mencionaré ese disparatado viaje a Baton Rouge. Creo que aquel incidente engendró en mí una resistencia
psicológica al trabajo.
—En la universidad fueron buenos contigo, Ignatius. Vamos, di la verdad. Te dejaron quedarte allí mucho tiempo. Te dejaron incluso dar una clase.
—Bah, fundamentalmente era igual. Cierto pobre blanco de Mississippi le dijo al decano que yo era un propagandista del Papa, cosa evidentemente falsa. Yo no apoyo al Papa actual. No se ajusta en absoluto a mi idea de un Papa firme y autoritario. En realidad, me opongo firmísimamente al relativismo del catolicismo moderno. Sin embargo, el atrevimiento de aquel
ignorante fundamentalista rústico y fanático impulsó a mis demás alumnos a crear un comité para exigir que yo corrigiese, puntuase y devolviese sus ensayos y exámenes acumulados. Hubo incluso una pequeña manifestación ante la ventana de mi despacho. Fue todo muy espectacular. Se las arreglaron bastante bien, siendo como eran unos mozalbetes simplones e ignorantes. En
el punto culminante de la manifestación, tiré todos aquellos papeluchos, sin corregir, por supuesto, por la ventana, sobre sus propias cabezas. La universidad era demasiado mezquina para aceptar aquel acto de desafío al abismo de la academia contemporánea.
—¡Ignatius! Nunca me lo habías contado.
—No quería preocuparte. También les dije a los estudiantes que, en bien del futuro de la humanidad, esperaba que todos fueran estériles —Ignatius se colocó las almohadas alrededor de la cabeza—. No habría podido leer las barbaridades y disparates que salían de las mentes oscuras de aquellos estudiantes. Me pasará igual dondequiera que trabaje.
—Puedes conseguir un buen trabajo. Ya verás cuando vean un chico con un título universitario.
Ignatius suspiró pesadamente y dijo:
—En fin, no veo alternativa.
Frunció el rostro en una máscara de sufrimiento. No tenía sentido oponerse a la Fortuna hasta que terminase el ciclo.
—Supongo que te das cuenta de que todo esto es culpa tuya. La conclusión de mi obra se dilatará enormemente. Te sugiero que vayas a ver a tu confesor y hagas penitencia, madre. Prométele que evitarás en el futuro el camino del pecado y la bebida. Cuéntale cuál ha sido la consecuencia de tu transgresión moral. Hazle saber que has demorado la terminación de una diatriba monumental contra nuestra sociedad. Puede que el sacerdote comprenda la magnitud de tu pecado. Si es un sacerdote como yo creo que han de ser los sacerdotes, te impondrá una penitencia muy rigurosa. Sin embargo, he aprendido ya que puede esperarse muy poco del clero actual.
—Seré buena, Ignatius. Ya lo verás.
—Bueno, bueno, encontraré un empleo, aunque no tiene por qué ser lo que tú llamarías un buen empleo. Quizá se me ocurran algunas ideas valiosas que puedan beneficiar a mi patrón. Puede que la experiencia dé a mi pensamiento una nueva dimensión. Y, con ello, a mi obra. El introducirme activamente en el sistema que critico, será en sí mismo una interesante ironía
—Ignatius eructó ruidosamente—. Ay, si Myrna Minkoff pudiera ver lo bajo que he caído.
—¿Qué anda haciendo ahora esa chica? —preguntó recelosa la señora Reilly—. Yo pagué buen dinero para que fueras a la universidad, y la fuiste a escoger precisamente a ella.
—Myrna aún sigue en Nueva York, su hábitat natural. Estará intentando, sin duda, provocar a la policía para que la detenga en alguna manifestación en este mismo instante.
—Qué nerviosa me ponía tocando la guitarra aquella por toda la casa. Si tenía dinero como decías, quizá debieras haberte casado con ella. Podríais sentar cabeza los dos y tener un lindo bebé.
—¿Quién puede creer que de los labios de mi propia madre salgan tales indecencias y tales porquerías? —bramó Ignatius—. Corre ahora mismo a prepararme la cena. No quiero llegar tarde al cine. Es una película musical circense, una atrocidad pregonada que hace mucho tiempo que esperaba ver. Mañana miraremos los anuncios de empleos del periódico.
—Ay, qué orgullosa estoy de que te pongas a trabajar por fin —dijo muy sentimental la señora Reilly, y besó a su hijo en un punto indeterminado de su bigote húmedo.

10 de enero de 2011

Cine: Historia Ilustrada 15

EL REALISMO POETICO FRANCES

Luego de la crisis de 1929 que golpeó duro a la industria cinematográfica francesa, provocando la quiebra de las grandes empresas, se produjo un renacimiento comercial, motivado fundamentalmente porque otras compañías mucho más chicas o productores independientes pudieron trabajar mejor (contratando directores, actores y salas dejados libres por Pathé y Gaumont) realizando algunas películas que tuvieron éxito en taquilla. Durante la década de los 30 y hasta la invasión nazi, el cine francés realizó varias de las mejores películas de la época, especialmente en el movimiento denominado "realismo poético".

En realidad era más bien una actitud, un aire de la época más que un movimiento propiamente dicho. Algunos directores nuevos, como Marcel Carné (foto 1) o Julien Duvivier, o el alicaído Renoir encontraron oportunidades que seguramente no hubieran tenido con las dos grandes productoras. A ellos se unieron varios talentosos libretistas y un nuevo tipo de estrella, que triunfaba más por su talento actoral que por su cara linda. Los más aclamados fueron Michel Simon, Louis Jouvet y, por encima de ellos, el galán duro Jean Gabin.

Un caso curioso fue el de Marcel Pagnol, quien consiguió gran aceptación pública con sus adaptaciones teatrales, generalmente de obras propias. "Marius" y "Fanny", en realidad fueron dirigidas por Alexander Korda y Marc Allegret respectivamente, pero su éxito permitió a Pagnol convertirse en director y productor. Su idea era convertir al cine en un medio para conservar para siempre las representaciones teatrales, sin adoptar un lenguaje propio.

Probablemente el primer film exitoso del llamado "realismo poético" fue "La bandera" (foto 2), realizada en 1935 por Duvivier. Ambientada en la lucha de la República española contra los insurrectos nativos de Marruecos, presentaba los arquetipos de héroes con un pasado oscuro que quieren olvidar, trágicos, perdedores, provenientes de las capas más bajas de la sociedad que tan bien encarnaba su protagonista Gabin. La película terminaba con una dedicatoria a Francisco Franco, que entonces era un prestigioso militar de esa lucha y no el dictador sanguinario del alzamiento nacionalista.

Después Duvivier tendría un gran éxito con "Pepe le Moko", ambientada en Argelia, entonces colonia francesa, nuevamente con el ya consolidado Jean Gabin, como una especie de gangster sin esperanza. Otros films importantes del director antes de emigrar a Estados Unidos fueron "Carnet de baile" y "El fin del día", curiosamente ambos variantes del tema del paso del tiempo y la decadencia que provoca en sentimientos e ideales.

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Fragmento de "Marius" (1931) de Alexander Korda

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Fragmento de "Pepe le moko" (1936) de Julien Duvivier

Carné se consagró con "El muelle de las brumas" (1938), la primera de estas películas que incluía una mujer hermosa (Michelle Morgan) y un romance imposible junto al protagonista, un desertor del ejército (Gabin, nuevamente) acosado por el destino y la muerte. En "Amanece" es un criminal perseguido por la policía que termina suicidándose, ya sin alternativas. Gran parte del mérito de estos éxitos de Carné fue debido a su asociación con el brillante libretista Jacques Prévert, un intelectual superior. Ese realismo estilizado, ese retrato romántico de los perdedores tuvo una gran repercusión en el exterior.

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Fragmento de "Amanece" (1939) de Marcel Carné

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Fragmento de "Entrada de artistas" (1938) de Marc Allegret

Sin embargo, el director más sólido y original fue Jean Renoir. Luego del éxito de "La gran ilusión" realizó "La marsellesa" en 1937 donde retrató los acontecimientos primarios de la Revolución Francesa. Menos bélica que centrada en los conflictos entre las clases, sin retratar a la pareja real como sanguinarios, la película provocó polémicas y sorpresas a muchos. En cambio, con un film más tradicional y adscripto a las reglas no escritas del realismo poético -Gabin incluído- Renoir conseguiría gran éxito: "La bestia humana" (foto 3) sobre el relato de Zola es una de las mejores obras del período. Sin embargo, su última película antes del exilio fue "La regla del juego" (foto 4) , recibida con gran frialdad e incomprensión, siendo un fracaso de público y prohibida por el gobierno de Vichy.

Film demasiado moderno para ese entonces, no tenía héroes ni villanos. En una reunión de una alta burguesía vista con indisimulada acidez -incapaz de relacionarse con la servidumbre sino por la violencia o el desprecio- su cinismo y su infrecuente mezcla de seriedad y comedia muy diferente a las películas de género que se solían estrenar en aquellos tiempos, determinó que fuera despreciada por la crítica y tardara muchos años en ser reconocida como la obra de arte que es.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y Francia cae rápidamente en dominio de los nazis, ésto provocó no sólo que se exiliaran los principales directores y técnicos, sino también que el nuevo gobierno estableciera un control férreo sobre la producción nacional. Sin embargo, de los exiliados -casi todos en Hollywood- solamente Renoir alcanzaría alguna importancia con obras hoy un tanto olvidadas como "El pantano de la muerte", "Esta tierra es mía" o "Amor al terruño". Inevitablemente, el modelo de producción norteamericano -mucho más estricto- y el traslado de una sociedad, una cultura y una geografía conocidas determinó que ninguno de los cineastas franceses pudieran dar -lejos de la masacre europea- ninguna película medianamente parecida en calidad a las que habían realizado en su país natal.


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Fragmento de "La bestia humana" (1939) de Jean Renoir

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Fragmento de "La regla del juego" (1939) de Jean Renoir

5 de enero de 2011

El Frente Amplio está mal...

El Frente Amplio está en crisis, se repite todos los días. ¿Está en crisis?. ¿Ahora comenzó?. ¿Qué es lo que está en crisis y cómo habría que cambiar?.

En realidad, desde que volvió -a los tumbos- la democracia, se dice que el FA está en crisis. La palabra de moda en aquellos tiempos era "reestructura". Era un tema bastante natural después de casi 15 años no sólo de una persecución feroz y violenta contra sus integrantes, sino también de la imposibilidad de un funcionamiento normal.

Como todos sabemos, dejó de ser un partido minoritario y testimonial para tener responsabilidades de gobierno. Desde 1989 -ya hace más de 20 años- en el departamento más importante y difícil del país y, a nivel nacional desde 2005. Exceptuando algunos departamentos que se perdieron en la elección municipal de comienzos de este año, la coalición ha ido generando avance tras avance, un éxito electoral tras otro (y en esas municipales, también tuvo algunos resultados muy positivos).

¿Qué es lo que está mal, entonces?. ¿Su funcionamiento como partido de gobierno, su estructura interna, su relación entre sectores o la conección con sus adherentes y partidarios?.

RESPUESTAS, CREO.
En primer lugar, creo que el Frente se ha convertido en el partido de los dirigentes que tienen directamente el ejercicio del poder. En la fuerza política que suministra votos en el Parlamento cuando los necesita el Poder Ejecutivo. Esos jerarcas le han exigido cosas pero no le han ofrecido nada. Quienes no estamos en la cocina no tenemos derecho ni siquiera a estar informados de lo que pasa, a menos que nos enteremos por la prensa. Que no suele ser un modelo de honestidad informativa.

Pero por otro lado, me parece que esta historia comenzó cuando Tabaré Vazquez, desde la IMM se dio cuenta que es imposible gobernar nada remitiéndose a la interna.

Lo cual nos lleva directamente al segundo punto. El FA teóricamente está cogobernado por una estructura donde la militancia directa en comités de base tiene en algún organismo el 50 % de los votos. ¿Quiénes son esos militantes de base?.

En 1971, donde muy otro era el gobierno y muy otra la incidencia de la izquierda en la vida nacional -no sólo en los números electorales- se decidió que el nuevo partido no sería una mera armazón para que los dirigentes encumbrados consigan sus cargos sino un lugar para que todo el pueblo pudiera participar. Loable iniciativa, por cierto, pero mucho más difícil de llevar a la realidad de lo que creían sus ejecutores en un tiempo en que se creían muchas cosas demasiado sencillas de conseguir.

Actualmente, los comités de base -con algunas poquitas excepciones- son lugares olvidados por el "arriba", donde se reúnen los mismos veteranos de siempre y donde, por encima de todas las cosas, lo primero que importa es de qué sector sos y qué votás. Unidad y pluralismo, de acá. En realidad, son estructuras casi totalmente vacías, donde la pasás bien si sos de determinado palo y te hacen ir sutilmente si no lo sos. Pero con la desmesurada y anacrónica representación que tienen en el Plenario del FA, hacen que determinados sectores -el PCU y el MPP, vamos- tengan muchos votos que se suman a los que tienen por sus listas electorales (muchos en el caso de los de Mujica, más o menos los camaradas). O sea, no precisamente un buen reflejo de lo que pensamos todos los frenteamplistas.

Un excelente ejemplo de su capacidad desmedida para bloquear e imponer sus pareceres se vio en las últimas designaciones electorales: la imposición de Mujica por sobre Astori y el bloqueo de Daniel Martínez y Varela para poner como candidata única a su polla, dado el riesgo (muy cierto) de que perdiera ante los anteriormente citados.

En suma -y anticipando una segunda entrada con el tema- Tabaré se dio cuenta rápidamente que no podía gobernar nada con esta organización tal como está, con una máquina de trancar incrustada en su interior. El problema es que al dar el paso de refugiarse en la gente de su confianza (incluyendo al mediocre Brovetto, incomprensible presidente de la coalición) terminó alejándose de la gente a secas. ¿Cómo volver a ella?. En un comité de base, imposible.