21 de junio de 2012

Bajen el promedio de edad de la dirigencia, por favor...

El Frente Amplio, no sin dificultades, decidió realizar la elección de su presidencia a padrón abierto, a diferencia del anterior presidente, Jorge Brovetto, impuesto a dedo por Tabaré Vázquez. El resultado de la elección no fue demasiado reñido: de entre los cuatro candidatos, que no eran de primerísima línea dentro de los dirigentes de la coalición, salió netamente preferida la senadora Mónica Xavier, del Partido Socialista.

En primer lugar, cabe constatar que la masa frenteamplista eligió muy diferente de lo que se ve reflejado en las integraciones de delegados de bases y similares, dominados por siempre por las estructuras del PCU y de lo que ahora se llama MPP. Máxime si tenemos en cuenta que Enrique Rubio de la Vertiente votó bastante bien. Recuerdo cuando determinada gente "ultra" exigía la ida del FA de Astori, el Ministro de Economía "neoliberal", sin darse cuenta que era respaldado por muchos más frenteamplistas que a ellos mismos.

Si bien Xavier es dirigente del PS, no parece que vaya a ser una mera empleada funcional a los intereses de Vázquez. La ascendente senadora forma parte de una generación de dirigentes de la izquierda de mediana edad (sólo en Uruguay un cuarentón o cincuentón puede ser considerado "joven") a los que no se les ha dado ninguna facilidad para acceder a puestos de decisión en la cúpula frentista, cada vez más gerontocrática. Gente mucho más moderna, más apegada a la planificación efectiva del futuro y menos  a las épocas sesentistas, a las asambleas retóricas interminables y a las culturas de contestaciones y oposición. Generación en la que entrarían Rubio, Daniel Martínez, Sendic y otros.

El año que viene comienzan las larguísimas escaramuzas de alianzas electorales y competiciones por candidaturas varias. El 2014 ni lo contamos: todos los dirigentes políticos se van a dedicar a buscar votos en esa absurda seguidilla de actos electorales durante unos 15 meses que demanda la reforma electoral de 1996. ¿Qué Frente llegará a la elección?. Probablemente, uno que se limitará a recibir los réditos del carisma de Tabaré, sin renovación de ideas, ni de propuestas reaies, aprovechando que la oposición sigue -insólitamente- limitándose a un discurso histérico y sin ideas.

Un amigo -frenteamplista, por cierto- decía frecuentemente que si nosotros hubiéramos nacido 10 o 15 años antes de lo que lo hicimos, hoy seríamos meramente un cartel en una manifestación. ¿Y para qué?- agregaba. Vemos ahora que los que dijeron que lo importante no eran los cargos, se atornillan a ellos aunque estén en edad de jubilación y nuestro mejor candidato a presidente supera los 70 años. Los ministerios y demás se negocian por cuota partidaria, igualito que como lo hacían blancos y colorados y se siguen defendiendo a mediocres y corruptos, por el sólo mérito de ser del mismo grupo.

¿Tenemos que entrar en la desesperanza total?. Creo firmemente que no, el gobierno nacional de la izquierda es -no podría ser de otra manera- perfectible y tiene numerosos puntos a favor. Los uruguayos somos muy propensos a barrer al pasar y a caer en generalizaciones bajoneantes. Ya escribí acá que yo esperaba -o temía- mucho menos del Frente en el Ejecutivo y debo reconocer que lo más importante es la voluntad de cambiar con responsabilidad. Con todas las cosas que se puedan criticar estos dos gobiernos han sido muy diferentes a los anteriores. Queda por ver si el partido (o la coalición) se renovará en personas y propuestas y si le dejarán incidir más en el trabajo de sacar ésto adelante.  

13 de junio de 2012

Actores fetiches

No hay una fórmula infalible: en materia de directores de cine y sus actores que van a llenar la pantalla hay quien trabaja (o intenta hacerlo) siempre con estrellas (o actores reconocidos) y hay quien prefiere usar a desconocidos, cuando no a gente que no estudió ni trabaja como actor.

En la historia del cine hay ejemplos de colaboraciones muy frecuentes de un intérprete con el mismo director, lo que ha hecho que el nombre de uno se asocie inmediatamente al del otro. Más que la fotografía o la música, sin duda los rostros de los actores utilizados son la marca más reconocible de cualquier director y aquí hay algunos ejemplos famosos de colaboraciones, que curiosamente muchas veces traían detrás relaciones poco amistosas. El listado, por supuesto, no es exhaustivo.

AKIRA KUROSAWA - TOSHIRO MIFUNE
Descubierto y respaldado por el propio Kurosawa, Mifune actuó por primera vez con su mentor en 1948 en "El ángel ebrio" y hasta "Bondad humana" en 1965, apareció en todas las películas del más famoso de los cineastas japoneses, con la excepción de "Vivir". Fue el samurai por antonomasia -aunque había una variante significativa de su personaje en "Los siete samurai"- y ladrón, detective, bandido en "Rashomon" y muchos más, demostrando una versatilidad, más allá de su carimática presencia, que no siempre se le ha reconocido. Terminaron enemistados y no volvieron a trabajar juntos, fundamentalmente por las exigencias de Kurosawa y la posibilidad de Mifune de cobrar mucho más en producciones más comerciales.

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Fragmento de "Yojimbo"

WERNER HERZOG - KLAUS KINSKI
Dos personajes muy singulares, se podría afirmar que Kinski estaba sencillamente loco o, por lo menos, era muy difícil de tratar. Nunca se llevaron bien, aunque se sospecha que muchos de sus enfrentamientos públicos fueron actos de publicidad o bromas entre ellos. Realizaron en conjunto cinco películas: "Aguirre, la ira de Dios"; "Woyzeck"; "Nosferatu"; "Fitzcarraldo" y la inédita entre nosotros "Cobra verde". Durante ésta última el habitualmente violento actor golpeó a Herzog -un artista muy particular, pero de trato personal bastante más centrado- y no volvieron a trabajar juntos. La mayoría de la carrera de Kinski fue en trabajos de segunda o tercera categoría.

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Fragmento de "Aguirre, la ira de Dios"

BLAKE EDWARDS - PETER SELLERS
Edwards era un director con una carrera más que interesante que incluía comedias, por cierto, pero también policiales, dramas y musicales, algunos bastante estimables ("Días de vino y rosas", "Muñequita de lujo", "El mercader del terror"). En 1963 se topó con el ya famoso actor inglés Peter Sellers y tuvieron un fenomenal éxito con "La pantera rosa". Era una comedia sofisticada y talentosa y mejoraron la apuesta con "Un disparo en la sombra", un año después. En 1968 realizarían su única película no Pantera: la formidable "La fiesta inolvidable", en la que tendrían sus primeros enfrentamientos (Sellers era bastante complicado). Posteriormente, realizarían más continuaciones panteriles, con desigual suerte.

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Fragmento de "La fiesta inolvidable"

TSAI MING-LIANG Y LEE KANG-SHENG
De ellos dos no conozco mucho la historia ni cómo anda su relación. El malayo radicado en Taiwan Tsai Ming-liang ha hecho formidables películas ("Viva el amor", "El río", "El sabor de la sandía") con su muy particular estilo de tomas fijas, poco diálogo y una extraña fijación por la incomunicación entre los humanos y el agua, ya sea por exceso o por falta. Cineasta incómodo, personal, imaginativo y audaz, últimamente se lo ha visto un poco repetido -su último largometraje, "Visage", era una discutible copia de sí mismo- y poco pródigo, ya que su penúltimo film fue terminado en 2006. En todas sus películas, sin excepción, ha trabajado Lee Kang-sheng, incluyendo la mencionada "Visage", que es una producción francesa con Fanny Ardant, Jean Pierre Leaud, Jeanne Moureau y Mathieu Amalric.  

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Fragmento de "Viva el amor"

8 de junio de 2012

Historia Ilustrada del Jazz 30

LAS INFLUENCIAS AFRICANAS Y CUBANAS EN EL JAZZ MODERNO

En lo que quizás fuera el último gran movimiento que irrumpió novedosamente en la historia del jazz, la improvisación, el swing y la libertad armónica se unieron a las tradiciones musicales de todos los continentes para ampliar considerablemente el universo sonoro. Muchos se replegaron ante esta novedad -no necesariamente por motivos xenófobos, conservadores o racistas- y florecieron los neoclasicismos, dedicados a recrear -y modernizar- las corrientes antiguas. Como nunca antes, ningún movimiento se hizo troncal y hegemónico y se incorporó la idea de que cada uno era libre de seguir -o tocar- el jazz que quisiera.

Muchos negros norteamericanos -o afroamericanos- reinvindicaron el orgullo de su raza, la igualdad frente al blanco (cuando no la superioridad) y volvieron sus ojos al continente originario -Africa- desconocido y ninguneado, con una enorme riqueza musical a descubrir.   

Randolph "Randy" Weston fue descubierto por los boppers Charlie Parker y Max Roach, cuando tocaba el piano fuertemente influenciado por el gran Thelonious Monk en el restorán que dirigía en su Brooklyn natal. 

En 1956, con 30 años, formó su propio trío después de haber trabajado, entre otros, con Art Blakey. Cinco años después comienza a viajar a Africa, especialmente a Marruecos, donde se nutre de la cultura local e incorpora músicos para su conjunto. Infrecuente ejemplo de pianista que ha sabido asimilar con naturalidad las más diversas influencias -incluyendo el añejo boogie-woogie o el free jazz- Weston sigue grabando aún hoy con más de 80 años, sin perder el buen gusto e interés. 


AFRICAN SUNRISE


Adolph "Dollar" Brand se apasionó prontamente por el jazz en su Ciudad del Cabo natal. Viajó a Europa en 1961 y allí fue descubierto por Duke Ellington, que lo apadrinó. Estuvo cuatro años en el Viejo Continente hasta que finalmente viajó a Estados Unidos, donde ingresó al conjunto del baterista Elvin Jones. Estuvo tres años en América hasta volver a Europa, donde grabó con Gato Barbieri en Italia y, finalmente, hace un regreso geográfico y cultural a su continente de origen.
 
Además de su instrumento original, el piano, Brand aprendió a tocar diversos instrumentos de aire -especialmente el saxo soprano- y el violoncello. Profundamente influído por los ritmos africanos y por la religión islámica a la que adhirió en 1968, adoptando el nombre de Abdullah Ibrahim, el formato preferido de Brand es el de piano solita, con el que ha incursionado hasta hoy mismo -como Weston- si bien ha sido criticado por varios conocedores como un poco rutinario.

Naturalmente, ha habido muchos músicos norteamericanos de jazz que han reinvindicado la importancia universal de Africa y han clamado, de diversas formas, por la solución de los problemas que martirizan frecuentemente a su gente. Algunos de ellos incorporando en sus trabajos las diversas influencias musicales y otros, simplemente, en declaraciones públicas.     


FOR MONK


Cuba, como ya fue dicho aquí, fue la primera gran influencia extranjera en el jazz si, obviamente, excluimos las numerosas influencias que lo catalizaron en la inicial New Orleans. 

Luego de la pionera incorporación en los tardíos 40 del percusionista Chano Pozo y del saxofonista Mario Bauzá en la big band de Dizzy Gillespie, la música cubana fue olvidada durante varios años. Un catalizador para que volviera el interés puede haber sido el triunfo de la Revolución de Fidel Castro que dividió a la sociedad de la isla e, incluso, a familias enteras, como muestra el documental "Calle 54" de Fernando Trueba. Músicos o no, muchos cubanos se exiliaron a los cercanos Estados Unidos, donde hubo quien tocara y quien conociera la brillante tradición musical cubana. 

Ildefonso "Poncho" Sánchez es un texano hijo de mexicanos, que desde sus congas dirige una celebrada orquesta de salsa y jazz latino (dos conceptos que se confunden e integran naturalmente) que hace pensar a muchos que es originario de la isla caribeña.      


LATIN SPIRITS

ON TIME


Hay, por cierto, muchos músicos cubanos (o no) que  han realizado grandes aportes al florecimiento del jazz latino. El timbalero Tito Puente, el trompetista "Cachao" López, el propio Bauzá, el cantante "Machito" Grillo y el saxofonista "Paquito" D'Rivera -tan vinculado a Uruguay- o el pianista dominicano Michel Camilo.

La mayoría de ellos se fueron de la isla, aunque algunos como "Chucho" Valdés y el grupo Irakere -que ha sufrido varias deserciones, entre ellas de su cofundador D'Rivera- siguen tocando en ella. 

Ramón "Mongo" Santamaría (1922-2003)  fue uno de los mejores percusionistas de la historia de la música latina. Se fue de Cuba en 1948, tocando luego con la exitosa orquesta de Dámaso Pérez Prado -que popularizó el mambo- y con Carl Tjäder, quien practicó durante buena parte de su carrera el jazz latino, aunque no tuviera sangre de ese origen.     

El famoso tema "Watermelon man" compuesto por Herbie Hancock fue su gran éxito y su puerta de entrada a la consideración de los aficionados al jazz. Heredero directo del gran "Chano" Pozo, Santamaría terminó haciendo un camino inverso al de muchos músicos no latinos: fue incorporando elementos típicos del blues y del jazz norteamericano a la tradición cubana, conformando un interesantísimo estilo propio.



CONGA BLUE