28 de agosto de 2014

En busca del tiempo perdido 4

El primer volumen de "En busca del tiempo perdido" narraba la infancia del protagonista (con el famoso recuerdo de la magdalena en el café); el segundo sobre su adolescencia y el tercero sobre su temprana juventud, su primera amistad varonil y sus primeros intereses por las chicas. He decidido ir conociendo esta maravilla lentamente, tomándome un tiempo entre volumen y volumen. Lo único que me molesta es que cuando termine éste, sólo me van a quedar tres libros más.

Se sabe que mucho antes de ir aquel día (el día en que se celebraba la recepción de la princesa de Guermantes) a hacer al duque y a la duquesa la visita que acabo de referir, había vigilado yo su vuelta y llevado a cabo, durante mi acecho, un descubrimiento, que concernía particularmente al señor de Charlus, pero tan importante en si mismo que hasta aquí, hasta el momento de poder darle el lugar y la extensión deseados, he diferido su relato. Como ya he dicho, había abandonado el maravilloso punto de vista, tan cómodamente dispuesto en los altos de la casa, desde donde se abarcan las cuestas accidentadas por donde se sube hasta el palacio de Bréquigny y que están alegremente decoradas a la italiana por el campanil rosa de la cochera perteneciente al marqués de Frécourt. Me había parecido más práctico, al pensar en que el duque y la duquesa estaban a punto de volver, apostarme en la escalera. Echaba un tanto de menos mi retiro de altura, Pero a aquella hora, que era la que sigue al almuerzo, no era tanto lo que tenía que echar de menos, ya que no hubiera visto como por la mañana a los minúsculos personajes de cuadro, en que se convertían a distancia los lacayos del palacio de Bréquigny y de Tresmes, emprender la lenta ascensión de la abrupta pendiente, con un plumero en la mano, entre las anchas hojas de mica transparente que tan curiosamente se destacaban sobre los contrafuertes rojos. A falta de la contemplación del geólogo, tenía por lo menos la del botánico, y miraba por las ventanas de la escalera el arbustillo de la duquesa y la planta preciosa expuestos en el patio con esa insistencia con que se hace salir a la gente casadera, y me preguntaba s. el improbable insecto iría, por una casualidad providencial, a visitar el pistilo ofrecido y abandonado. Como la curiosidad me envalentonase poco a poco, descendí hasta la ventana del piso bajo, también abierta, y cuyos postigos estaban cerrados a medias. Oía claramente a Jupien, que se disponía a salir y que no podía descubrirme detrás de mi cortinilla, tras la cual permanecí inmóvil hasta el momento en que me hice bruscamente atrás, ladeándome por temor a ser visto por el señor de Charlus, que, yendo a casa de la señora de Villeparisis, cruzaba lentamente el patio, embarnecido, avejentado por la cruda luz del día, y canoso. Se había necesitado una indisposición de la señora de Villeparisis (consecuencia de la enfermedad del marqués de Fierbois, con quien estaba el barón personalmente reñido a muerte) para que el señor de Charlus hiciese una visita, acaso por primera vez en su existencia, a aquella hora. Porque con esa singularidad de los Guermantes, que, en lugar de adaptarse a la vida mundana, la modificaban de acuerdo a sus costumbres personales (no mundanas, creían, y dignas, por consiguiente, de que se humillase ante ellas esa cosa sin valor que es la mundanidad -así, es como la señora de Villeparisis no tenía señalado día de recibo, pero recibía todas las mañanas a sus amigas, desde las diez hasta mediodía), el barón, que reservaba esetiempo a la lectura, a la busca de chucherías antiguas, etc., sólo hacía visitas entre cuatro y seis de la tarde. A las seis iba al Jockey o a pasearse por el Bosque. Al cabo de un instante hice un nuevo movimiento de retroceso para que no me viera Jupien; pronto sería su hora de salir para la oficina, de donde no volvía sino para cenar, y aun eso no siempre desde que, hacía una semana, su sobrina había ido al campo con sus aprendizas a casa de una cliente, para terminar un vestido. Después, dándome cuenta que nadie podía verme, resolví no volver a moverme por miedo de perder, si debía producirse el milagro, la llegada, casi imposible de esperar (a través de tantos obstáculos de distancia, de riesgos opuestos, de peligros), del insecto enviado desde tan lejos como embajador a la virgen que desde hacía tanto tiempo prolongaba su espera. Sabía yo que esta espera no era más pasiva que en la flor macho, cuyos estambres se habían vuelto espontáneamente para que el insecto pudiera recibirla más fácilmente; ni más ni menos que la flor hembra que estaba aquí, si el insecto venía, arquear ía coquetamente sus “estilos”, y para ser mejor penetrada por él andaría imperceptiblemente, como una jovencita hipócrita pero ardiente, la mitad del camino. Las leyes del mundo vegetal regidas están a su vez por leyes cada vez más altas. Si la visita de un insecto, es decir, el aporte de la semilla de otra flor, es habitualmente necesaria para fecundar una flor, es porque la autofecundación, la fecundación de la flor por sí misma, como los matrimonios repetidos en una misma familia, traería la degeneración y la esterilidad, mientras que la cruza operada por los insectos da a las generaciones sucesivas de la misma especie un vigor desconocido de sus mayores. Sin embargo, este impulso puede ser excesivo y desarrollarse la especie desmesuradamente; entonces, así como una antitoxina defiende contra una enfermedad, así como la tiroides regula nuestra gordura como la derrota viene a castigar el orgullo, el cansancio al placer y como el sueño descansa, a su vez, de la fatiga, así un acto excepcional de autofecundación acude en el momento indicado a dar su vuelta de rosca, su frenazo, vuelve a la norma a la flor que se había salido exageradamente de ella. Mis reflexiones habían seguido una pendiente que describiré más tarde, y ya había sacado yo de la aparente astucia de las flores una consecuencia sobre toda una parte inconsciente de la obra literaria, cuando vi al señor de Charlus que volvía a salir de casa de la marquesa. No habían pasado más que unos minutos desde su entrada. Quizás hubiera sabido por su anciana parienta en persona, o solamente por algún criado, la gran mejoría o más bien la curación completa de lo que no había sido en la señora de Villeparisis más que un malestar. En ese momento, en que no creía ser contemplado por nadie, con los párpados entornados contra el sol, el señor de Charlus había aflojado en su rostro aquella tensión, había amortiguado aquella vitalidad ficticia que mantenían en él la animación de la charla y la fuerza de voluntad. Pálido como un mármol, tenía una nariz vigorosa, sus finos rasgos ya no recibían de una mirada voluntariosa una significación diferente que alterase la belleza de su modelado; nada más que un Guermantes, parecía esculpido ya, él, Palamedes XV, en la capilla de Combray. Pero estos rasgos generales de toda una familia cobraban, sin embargo, en el rostro del señor de Charlus, una finura más espiritualizada, más dulce, sobre todo. Lamentaba yo por él que adulterase habitualmente con tantas violencias, rarezas desagradables, comadrerías, dureza, susceptibilidad y arrogancia; que ocultase bajo una brutalidad postiza la amabilidad, la bondad que en el momento en que salía de casa de la señora de Villeparisis veía yo derramarse tan cándidamente por su semblante. Guiñando los ojos contra el sol, casi parecía sonreír; vista así su cara en reposo y como al natural, le encontré un no sé qué tan afectuoso, tan desarmado, que no pude menos de pensar cuánto se hubiera irritado el señor de Charlus de haber podido saber que alguien le estaba mirando; porque en lo que me hacía pensar este hombre que estaba tan prendado, que tanto alardeaba de virilidad, a quien todo el mundo le parecía odiosamente afeminado, en lo que me hacía pensar de pronto, a tal punto tenía pasajeramente los rasgos, la expresión y la sonrisa, era en una mujer.

5 de agosto de 2014

La primera víctima de una guerra: la verdad

El asunto es conocido, aunque muchos hayan olvidado el origen. Tres muchachos israelíes aparecieron asesinados -todavía, que yo sepa, no se ha aclarado el crimen y parece que a nadie le importa hacerlo- y en represalia, el ejército de ese país está bombardeando día y noche la zona palestina de Gaza, ocupada desde hace décadas en un singular proceso paulatino de la razón de la fuerza y de los hechos consumados. El conflicto israelí-palestino es viejo y ya fue analizado en este blog:

EL CONFLICTO EN SÍ

El tema de hoy no es la guerra -o como se llame la situación cíclica y violenta que se vive en la zona, sino cómo la vemos acá, tan lejos.

Ya lo vimos cuando hubo enfrentamientos callejeros en Venezuela no hace mucho (¿quién se acuerda de ellos hoy?): en Facebook y similares, llovían "pruebas" de que un bando -y sólo un bando- era violento y el otro, apenas una víctima inocente. La agresividad, la virulencia y la sinrazón llegaron a niveles apocalípticos, seguramente porque nadie le rendía cuentas a nadie de lo que decía.

Muchas veces en la historia de la humanidad la indiferencia -y una supuesta "objetividad"- puede ser el más cobarde de los crímenes y una indigna complicidad con los prepotentes. Pero parece que, invento de las redes sociales mediante, tendremos que resignarnos a ver fanatismos de uno y otro lado, blanco y negro sin ningún matiz de honestidad o duda. ¿Tendremos que limitarnos a preferir entre un bando bueno a más no poder y otro bando villano por puro vicio ante cualquier conflicto cercano o lejano o deberemos intentar escondernos, pretendiendo que ninguna de esas complicaciones llegue nunca a golpear a nuestra puerta?.

Lo que opino específicamente de esta ya larga lucha entre judíos y árabes en Palestina ya lo dije en la columna citada más arriba. El episodio actual es uno de los más violentos y arbitarios: el ejército israelí -que desde siempre ocupa vastas zonas palestinas destruyendo casas, encarcelando y asesinando a sus habitantes- se ha ensañado en una operación de venganza por esos tres jóvenes compatriotas tristemente muertos. Que parece ser la chispa que varios estaban buscando para hacer explotar a la región.    

Estas polémicas me suelen hacen acordar a cuando se juntan a discutir sobre Peñarol y Nacional algunos periodistas partidarios -o dirigentes- acerca de cuál equipo es más grande. Uno dice -por ejemplo- que su cuadro ganó el primer clásico y el otro se hace el gil con el argumento y responde otra cosa, por ejemplo, que tienen el clásico con más diferencia de goles,  razón que también ignorará su adversario. Ambos pretenderán que su club es el único grande, que el otro no existe, buscarán cuanto mérito puedan encontrar de ellos mismos y se callarán con los méritos ajenos.
 

Varios uruguayos han publicado -o compartido- día tras día en Internet supuestas pruebas de que Hamas, el gobierno palestino o quien sea utiliza hospitales y escuelas con escudos humanos para generar víctimas cuando las Fuerzas Armadas israelíes se ven "obligadas" a bombardearlas. Ergo, los responsables son los mismos bombardeados y no el ejército cruel. Lástima que las fuentes sean de las mismas F.F.A.A. judías. 

Nadie en su sano juicio se va a poner a defender a quienes lanzan misiles contra la población civil israelí ni a sus líderes. Tampoco es honesto hacerse el desentendido contra la existencia de un gobierno palestino corrupto como pocos. 

Pero eso no legitima a un ejército que se dedica a exterminar a un país extranjero, ocupado por la fuerza y condenado a la inviabilidad por el saqueo permanente de su territorio y su agua. El odio está instalado fuertemente y en ambos bandos. Los judíos también odian irracionalmente al otro e, incluso, así lo enseñan en sus colegios en un lugar tan lejano como Uruguay.

Muchos compatriotas -algunos que conozco y considero inteligentes- se están ensuciando de sangre diariamente sus manos defendiendo con argumentos penosos los bombardeos salvajes israelíes -por ejemplo, la situación en Siria o en Egipto- y la palabra "antijudío" está a la orden del día como si la política de un gobierno fuera lo mismo que un pueblo. Defienden, incluso si ello importara, a un país que en realidad no es el de ellos. Es como si mañana el ejército español invade un país del norte de Africa y yo pretendiera que la culpa no es de quienes bombardean poblaciones civiles indefensas sino de esos mismos negros que pretenden emigrar a mi madre patria.        

Algún día se arrepentirán cuando comprendan lo que verdaderamente es un hospital bombardeado. Que nadie se insensibilice y olvide a lo que nos puede llevar un nacionalismo fanático y mal entendido.       

20 de abril de 2014

El 1 de Junio: Constanza

Muchas veces, las dirigencias cupulares partidarias y la gente común van por caminos muy diferentes. La larguísima campaña electoral uruguaya -que formalmente comienza en estos días y termina dentro de un año- tiene entusiasmadísimos a las militancias y a los empleados rentados pero particularmente indiferentes a los ciudadanos de a pie, que no se juegan cargos. Las listas se multiplican en enorme cantidad, yo me imagino que haciendo que los dirigentes se pasen pidiendo a amigos y parientes para que consigan quien acepten integrarlas, más por compromiso que por convicción.

No es tanto descreimiento en la democracia o en sus instituciones, en tiempos en que prácticamente ya no queda nadie que tenga como estrategia política a corto o mediano plazo el exterminar a quienes no comulguen mucho con sus ideas. Por suerte. Más bien es como que suenan prehistóricas las épocas en que la gente se entusiasmaba con algún proyecto o se enfurecía con los que estaban en contra. La indeferencia y la uruguayísima protesta inútil e injustificada parecen ser las manifestaciones que inspiran al ayer mismo tan hiperpolitizado ciudadano oriental.

Por un lado, un Frente Amplio que ya se ha acostumbrado a los triunfos electorales, con una porción importante de sus sostenedores insólitamente decepcionados porque no se ha hecho la Revolución que nadie quería hacer (y que probablemente nadie sabía qué quería decir con eso) y una corriente mayoritaria que sólo piensa en volver a ganar, sin complicarse demasiado la vida con cambios demasiado grandes que hagan peligrar lo que se tiene en la mano. Enfrente, unos desgastadísimos partidos tradicionales, apenas unidos en contra de quienes -exageradamente- ven como su enemigo sin haber advertido aún (!) que el FA en el Ejecutivo muy poco tiene que ver (para bien y para mal) con aquel del 71 o creyendo que el cavernario discurso de marxistas, comunistas y guerrilleros pueden seguir arrimando votos en la era del Candy Crush.

Blancos y colorados siguen siendo los mismos que gobernaron muy mal este país hasta el 2005 y mal pueden hablar de renovación, si sus candidatos son un Pedro Bordaberry que se averguenza -con razón- de su apellido y un Lacalle que después de fracasar en la elección pasada, siendo el hazmerreir de propios y extraños, hoy pone a dedo a su hijo de la misma manera egocéntrica y poco seria en que hace 15 años inventó una carrera política para su esposa.

Más allá de eso, no hay propuestas reales de la derecha si excluimos las promesas -poco realizables más allá de algún gesto a la bandera- de mano dura y represión a los delincuentes. La gente no parece percibir ninguna idea ni propuesta de cambio real y ambos partidos parecen insistir en la tendencia suicida de desdibujarse y fundirse en uno solo, apenas unidos por su odio a la izquierda gobernante. La propuesta de tapar pintadas (de otros sectores) es la típica llamada a esos sectores veteranos y conservadores que nutrieron durante demasiado tiempo a ese movimiento singular llamado pachequismo.

Apoyada por movimientos muy marginales dentro del Frente -considerando que el más numeroso de ellos, el PVP, no suele llegar ni a los 10.000 votos en todo el país- Constanza Moreira es lo más parecido a una renovación en el panorama criollo. Se ha pronunciado enérgicamente por un FA de izquierda nítidamente al mismo tiempo que moderno, no anquilosado en un 1971 ya demasiado lejano. 

Sabedora de que no va a ganar, pero con la posibilidad -más allá de lo que digan las siempre poco confiables encuestas- de ganar un porcentaje de votos no despreciable, bastante superior a lo que recolectan Magnolia, Ir o el mencionado PVP- la politóloga outsider puede representar a los que nos sentimos abandonados por un partido cada día más tradicional, que sólo piensa en términos de ministerios y directorios, que siempre considera que no están dadas las condiciones políticas para nada y que se encierra en guerras sectoriales durísimas donde se imponen candidatos por intereses propios, sin que importen la opinión ni el gusto de los frenteamplistas en el llano, como hemos visto desde 2009 para acá.

Constanza es la esperanza de una generación (o varias) que ya no son jóvenes pero que nunca han podido ser representadas en la matusalenística estructura jerárquica del Frente. Mientras otros renovadores como Martínez, Sendic,Varela, Xavier o Andrade esperan pacientemente que algún día los ancianos se retiren porque ya no pueden ir al local de Colonia y Ejido, ella se anima a desafiar las estructuras de -prácticamente- todos los sectores para insertar una voz disidente, sin dejar de ser frenteamplista. Aunque Tabaré se moleste. 

 

13 de diciembre de 2013

Acontracorriente: Marcelo Tinelli

A lo mejor no es estrictamente para figurar en esta sección, porque hay mucha gente que critica por lo bajo al conductor televisivo más exitoso del Río de la Plata, pero también hay gente de sobra que se enloquece con sus programas, vive pendiente de todos los detalles de su vida personal y, curiosamente, suele pontificar en el ciberespacio que los que no ven (no vemos) a Marcello Tinelli decimos eso, pero lo hacemos en realidad en secreto, con vergüenza intelectual de reconocerlo.

En realidad, y en lo que a mí respecta, hace muchísimos años que he dejado de ver sus programas, dado el aburrimiento mortal y la sensación de ser tratado de estúpido que recibo. Es más, como tanta otra propuesta que recibimos por los medios masivos de comunicación, no puedo evitar sentirme que me están tirando con cualquier mercadería sin ningún escrúpulo, con tal de venderme.

He discutido muchas veces con gente que lo defiende y otra que no, pero es difícil que compartan mi idea de que, en realidad la propuesta de Tinelli no es más que la misma televisión berreta, frívola, demagógica y tonta que siempre hemos recibido y que si él no estuviera, otro cualquiera levantaría esa -comercial- bandera. 

La historia es conocida: era un periodista deportivo sin mucho éxito hasta que medio de rebote le ofrecieron un programa a última hora de la noche, sin grandes expectativas de audiencia. Poco a poco fue creciendo la bola de nieve gracias a una espontaneidad que no abundaba en la televisión de hace veinte años. Como cualquier barra de amigos, más que un panel de periodistas especializados, los integrantes de ese "Videomatch" se reían de las equivocaciones de los demás y participaban en general de un clima descontracturado que disimulaba la precariedad de la propuesta, que no tenía demasiado que ver con un informativo de la actualidad deportiva.

A partir de ahí, comenzaría eso tan diferente que es el Tinelli actual: un show gritado, hiperproducido, nada espontáneo y que tiene como protagonistas lo peor de la farándula porteña (Alfano, Casán, Sofovich, Barbieri, el recientemente fallecido Ricardo Fort) como apuesta inescrupulosa para generar audiencia. Ha comprado formatos exitosos en otros países -el palomo título "Bailando por un sueño"- guiado por las cifras más que por alguna propuesta concreta de entretenimiento.

Es que todo en la televisión tinellesca resuena falso, vacío, de plástico. Tinelli sólo es verdadero, es sincero, es franco cuando habla de él mismo y cuando se coloca como el centro de la pantalla. Que sería todo el tiempo, si por él fuera. Buena parte de las intervenciones del conductor son únicamente para colocarse en foco y hacerse ver. Gran parte de los chistes de sus programas son sobre él.

Como en otras propuestas enormemente exitosas -comercialmente hablando- habría que preguntarse si es un triunfo en una carrera donde todos los participantes corrieran con las mismas posibilidades. En los últimos años, se han multiplicado los programas sobre los programas de Tinelli, coincidiendo con una hiperfarandulización de la televisión en ambas márgenes del río grande como mar. Todo es la vida de los famosos de la TV y ahí está Marcelo T para traernos los personajes más exitosos y ahí están esos exitosos para salir donde el millonario empresario.

No hay nada más que eso. Un mundo hueco, artificial, intrascendente pero con una presentación ruidosa, colorida y abrumadoramente publicitada. Y en el centro de ese mundo está nuestro hombre, haciendo cuentas y vendiendo su alma a los negocios.  

20 de noviembre de 2013

Un hobby gratis I

Cada uno tiene el hobby (no hobbit) que se le antoje. Aparte de la compu y el cine, en materia de colecciones, nada de monedas, sellos u objetos de uso corriente. A mí se me dio por las listas electorales.

Será que ésto volvió justito cuando entraba en edad de sacarme la credencial y me quedó aunque ahora, canoso y gordo, me de vergüencita pedirlas en la calle. Junto con que cada vez las reparten menos.

Para gente como yo se creó ésa página de la Corte Electoral, con escaneos de listas desde unas elecciones de 1925 para acá.


URUGUAYAS Y URUGUAYOS: ACÁ SU LISTA  


No están todas, tiene sus limitaciones en los primeros años, pero si hay otro chiflado como yo, va a tener su colección virtual mucho más cómoda que una de papel, sin ocupar espacio y sin que se le deterioren los ejemplares.

Para la primera entrega de esta serie, vamos a traer alguna curiosidad de la elección de 1938 (épocas de dictadura de Terra, con abundantes sectores batllistas y nacionalistas que no se presentan). 

La primera no la tenía para nada: El Partido Socialista usó la lista 99. La encabeza, por supuesto, Frugoni y lo secundan en puestos de privilegio  Adrian Troitiño, dirigente sindical de los canillitas y el doctor José Pedro Cardoso, que llegó a ser electo senador en 1984.

Los únicos colorados que se presentaron fueron los que apoyaban al dictador. Entre ellos, su cuñado Alfredo Baldomir, quien como Jefe de Policía fue fundamental para que el golpe tuviera éxito pero que pocos años después, se le tiró en contra con el "golpe bueno" de 1942. Las listas terristas -casi todas con este mismo diseño- venían con la individualización de Baldomir y Charlone, por suerte para nosotros que estamos en ésta época.

Y entre los blancos, solamente herreristas. Incluyendo a Fernández Crespo, que todavía estaba con el líder. El propio Herrera no era candidato a nada, en decisión bastante extraña, pero hasta entonces y durante todavía unos 20 años más, siempre ganaban los colorados.
 
Toda elección que se precie no puede prescindir de partidos minoritarios, raros, que no permanecen mucho tiempo en la lucha electoral, por no decir que casi siempre se presentan en una sola elección, con muy pocos candidatos detrás.

En este caso, dos perlitas: 


Una es el Partido Autóctono Negro (lista 61), al parecer formado íntegramente por ciudadanos de raza negra, con 10 candidatos a diputados. Que yo sepa, es el único caso de representación étnica en nuestro país.

El otro también tiene lo suyo: Partido Independiente Demócrata Feminista (lista 62), con 13 candidatas mujeres y un sólo hombre, aunque la lista no diga si son candidaturas a la Cámara de Representantes o a otra. Algunas de las feministas no evitan la práctica muy corriente en la época (y hasta no hace mucho) de poner el apellido del esposo junto al propio.




29 de octubre de 2013

Cine: Historia Ilustrada 35

CINES NUEVOS EN ARGENTINA Y BRASIL

Con el estreno y los premios de "Rashomon" de Akira Kurosawa a partir de 1951, no sólo se comenzó a descubrir por parte del Primer Mundo al cine japonés sino, en general, que había otros centros donde se producía cine, que no se limitaba a ser el abastecimiento popular de películas de entretenimiento fácil, pasatista, meramente industrial, sino que también había algunos espacios para obras más exigentes, más ambiciosas y más inteligentes. Tardaría mucho más tiempo en advertir que ese Tercer Mundo (ya sea Asia, Africa o America Latina) podía servir mucho más que solo para proveer de historias rutinarias en ambientes exóticos (para norteamericanos o europeos) en una especie de folklorismo turístico. La propia "Rashomon" era mucho más que una historia de samurais.
 
Las nuevas olas que estaban cambiando culturalmente tantas cosas en los años 60 sólo pudieron penetrar en países con una industria y un mercado consolidados, que permitiera una producción constante. Muchos otros países que apenas producían uno o dos filmes por años -y a veces ni eso- planteaban demasiadas dificultades como para que los entusiastas productores (muchas veces los mismos directores) fueran audaces. En nuestra Latinoamérica, solamente se podían considerar mercados sólidos el mexicano, el argentino y el brasilero. Estos dos últimos permitirían sendos movimientos renovadores, bastante
particulares.

En Brasil había fracasado rotundamente un proyecto de cine industrial que implicaba importar acríticamente los métodos de producción de Hollywood: la empresa Vera Cruz. Sin embargo, la tradición cultural del país y su relativo aislamiento dentro del continente -fundamentalmente por tener una lengua diferente al resto de Sud América, pero no sólo por eso- llevaba a un sector de los intelectuales brasileros a bogar por un cine nacional, crítico y más exigente que el mero cine comercial al que estaban acostumbrados, de consumo y olvido fácil. Una serie de jóvenes rebeldes, entusiasmados por las novedades expresivas que venían sobre todo de Europa comenzaron a crear -en medio de grandes dificultades de financiación- películas diferentes que en algunos casos tuvieron buena repercusión en taquilla.

El pionero del posteriormente llamado Cinema Novo fue el paulista Nelson Pereira Dos Santos (1928- ), quien en su debut "Rio 40 grados" (foto 1) en 1955 llevó de manera prácticamente inédita una serie de historias que involucraban a sectores bajos de la sociedad, tal como son, sin pintoresquismos ni miserabilismos. El resultado, fresco y creíble, tuvo bastantes encontronazos con la censura con el manido argumento de dar una mala imagen del país en el exterior y tardó un año en ser estrenado pero influyó significativamente entre colegas y cinéfilos. 

Posteriormente, luego de otros intentos, Nelson tendría otro suceso mucho mayor al adaptar también de manera sobria y sincera, un cuadro de miseria campesina en el Nordeste con "Vidas secas", basada en la novela del gran Graciliano Ramos. Hábil administrador y buen diplomático, Nelson fue el líder natural que supo subsistir pese a sus ideas de izquierdas en un país que desde 1964 estaba gobernado por una dictadura militar.

Mucho más carismático, más contradictorio, polémico y genial, el bahiano Glauber Rocha (1938-1981) impactó con su segundo film "Dios y el Diablo en la tierra del Sol", ya alejado totalmente del naturalismo, proponiendo una lectura al mismo tiempo respetuosa e iconoclasta del mito del bandido del sertao, que había sido exportado con gran éxito con la folklórica "O cangaceiro" (1957) de Lima Barreto. Mezcla única de rabia política, respeto por la religiosidad popular y afán de ruptura, el cine glauberiano sacudió el pintorequismo brasilero. Posteriormente seguiría una carrera irregular con la explícitamente política y urbana "Tierra en trance" (1967) (foto 2), volvería a los personajes de "Dios..." en "Antonio das Mortes" y partiría al exilio con resultados discutibles y herméticos, a excepción de una muy personal "Historia de Brasil" (1974), antes de morir prematuramente.

Otros directores del Cinema Novo tuvieron repercusión con una sola película: el mozambiqueño Ruy Guerra con "Los fusiles" (foto 3), Carlos Diegues con "Gamba Zumba" o Walter Salles (padre) con "Meninho do ingenhio". Joaquim Pedro de Andrade (1932-1988) fue un caso aparte. Si bien nunca pudo repetir el suceso de "Macunaima" (foto 4) -un sarcástico y nada complaciente examen del Brasil multirracial- siguió realizando una obra valiosa aunque olvidada, con la misma carga corrosiva de Glauber pero sin sus caídas al hermetismo vacío.            


Fragmento de "Vidas secas" (1962) de Nelson Pereira Dos Santos

Fragmento de "Dios y el Diablo en la tierra del sol" (1964) de Glauber Rocha

Fragmento de "Antonio Das Mortes" (1969) de Glauber Rocha

Probablemente, el cine argentino comercial tenía más calidad y más llegada a su público que el brasilero. Ésto estaba basado -de la misma manera que en México- fundamentalmente por estrellas populares que aseguraban repercusión económica en el mercado y permitía trabajar con tranquilidad. Habían varios estudios repitiendo el esquema -a escala- que utilizaban en Estados Unidos y buena parte de su producción se exportaba con suceso a los países del continente.

Pero, como pasaba en buena parte del mundo, las convenciones sociales y culturales estaban anquilosadas y la juventud quería hacerse oir y, también, verse reflejada en las pantallas. Los cambios también eran -o querían ser- políticos y pronto estallaría, como veremos, un cine rebelde, peleador y panfletario.

Leopoldo Torre Nilsson (1924-1978) (foto 5) fue durante muchos años el más prestigioso director argentino. Hijo de un director asentado y exigente, Torre Nilsson debutó en los 50 con un cine que sin dejar de ser convencional, criticaba abiertamente la moral y el cinismo de la clase media alta de la que provenía con títulos como "Días de odio" (1954), "La casa del angel", "La caída" (1959), ingresando en la denuncia explícita de determinadas prácticas de corrupción políticas no tan lejanas en "Fin de fiesta" (1960) (foto 6) y abriéndose a intentos de narración no lineal poco comunes en el cine de su país con "Piel de verano" (1961). 

Junto a Torre se iniciaron otros jóvenes inquietos como Fernando Ayala ("El candidato", "El jefe", "Paula cautiva") quien pronto se inclinaría por el comercialismo más barato o el más consistente Leonardo Favio, quien evolucionó de temprano galán en las películas de Torre a sensible cronista de las clases más bajas, generalmente del interior del que el propio Favio provenía.

Debutó con "Crónica de un niño solo", sobre un niño huérfano y se consagró con "El romance del Aniceto y la Francisca" (foto 7), creible melodrama también ubicado en ambientes populares. Luego de una insegura "El dependiente" viraría a espectáculos más vistosos y comerciales como "Juan Moreira" y "Nazareno Cruz y el lobo", donde sin descender de un nivel de exigencia se abriría al espectáculo en color.

Por fuera de Torre y Favio hubo una serie de directores que practicaron un cine muy influido por las nuevas olas europeas -fundamentalmente Godard y Antonioni- muchas veces sin demasiada repercusión: Rodolfo Kuhn con "Los jóvenes viejos" y "Pajarito Gómez", sátira a los cantantes populares fabricados por la televisión, David José Kohon con "Tres veces Ana" y el actor chileno Lautaro Murúa con "Alias Gardelito".
   
En 1967 los peronistas de izquierda Octavio Getino y Fernando Solanas realizan -clandestinamente- un
documental dividido en tres partes denominado "La hora de los hornos", que no podrá ser estrenado en su país hasta la vuelta a la democracia (por poco tiempo) en 1973. Destinado en partes iguales a contrarrestar la desinformación de los grandes medios de comunicación y a adoctrinar, de contenido incendiario como pocas veces antes en la historia del cine, la primera parte de "La hora..." es un manifiesto durísimo contra la dependencia colonialista de nuestro continente en general y de la Argentina en particular, la miseria vista como una consecuencia de políticas manipuladas y no como una tragedia natural. Provocativa y visceral, discutible políticamente pero innegablemente talentosa desde el punto de vista expresivo, inauguró un estilo de cine peleador y radical que tendría numerosa descendencia, especialmente en nuestro continente. Las otras dos partes de la trilogía son meros reportajes rutinarios a Juan D. Perón.        

Fragmento de "La casa del angel" (1956) de Leopoldo Torre Nilsson 

 Fragmento de "El dependiente" (1968) de Leonardo Favio

 Fragmento de "Pajarito Gómez" (1962) de Rodolfo Kuhn

Fragmento de "La hora de los hornos" (1967) de Octavio Getino y Fernando Solanas