3 de abril de 2012

Cine: Historia Ilustrada 28

ANTES Y DESPUÉS DEL DESHIELO SOVIÉTICO

Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética tuvo que sobreponerse a inmensas pérdidas materiales y humanas, como nunca había visto antes ninguna otra nación. En el caso específico del cine, todo estaba por reconstruir: salas y estudios.

Pero hay otro factor muy importante que debe ser tenido necesariamente en cuenta: la dictadura stalinista controló el contenido de las películas no sólo censurando férreamente la producción impidiendo el menor atisbo de visión crítica de la realidad o de la historia del país, sino que también impuso la realización de filmes celebratorios, de burda propaganda del régimen (hubo un curioso subgénero que podría denominarse "comedias musicales de tractores"), que hoy hay que verlas para creerlas. Un ejemplo recordado fue "La caída de Berlin", en donde se decía que Stalin había ganado la guerra prácticamente él sólo, con su genio militar, algo que la historia seria se empeña en desmentir.     

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Fragmento de "La caída de Berlin" (1951) de Mikhail Chaureli

Incluso los grandes nombres del cine soviético (Eisenstein, Pudovkin, Dovzhenko)     AQUÍ ENTRADA ANTERIOR SOBRE ELLOS       tuvieron serios problemas con el régimen, a pesar de que en algunos casos tuvieran posiciones bastante complacientes.


Eisenstein fue quien más sufrió, viendo prohibida la finalización de "El prado de Bezhin", que quedó incompleta y la exhibición de "Iván el terrible, la conspiración de los boyardos", segunda parte de la excepcional trilogía sobre el famoso (y sanguinario) zar que quedó incompleta por la prematura muerte del director. Luego del fracaso de no poder finalizar "Qué viva México", Sergei Eisenstein realizó "Alexander Nevskii" (1938) (foto 1) bastante académica pero brillante técnicamente, dotada de una insólita correlación entre las imágenes y la música de Prokofiev. Aparentemente rehabilitado, fue premiado por la primera parte de "Ivan..." por el propio Stalin, pero al difundirse la segunda parte, donde el héroe histórico dudaba del sentido de su vida autoritaria -rasgo que no podía conformar al dictador- fue prohibida su exhibición hasta que un periodista inglés la vio y escribió favorablemente sobre ella. Eisenstein moriría del corazón a los 50 años mientras preparaba la tercera y última parte.     

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Fragmento de "Ivan el terrible" (1944) de Sergei Eisenstein


La muerte de Stalin trajo el parcial desmantelamiento de su aparato represor y cambios en la sociedad soviética, sino totales por lo menos significativos. La censura fue bastante más flexible, lo que permitiría un film como "El 41" (1956) (foto 2) de Grigori Chukhrai, una historia romántica bien filmada pero convencional. La novedad era que ella era una soldado que se enamoraba de un oficial del ejército blanco, que no era un malvado maniqueo. El film triunfó en Cannes, en buena parte por la belleza de su protagonista Izolda Izviskaya, fallecida de un modo no aclarado en 1971. 
 
Pero su mayor éxito fue otra película de guerra, enmarcada en un contexto más crítico: "La balada del soldado" (1959) (foto 3). Posteriormente, el talentoso Chukhrai (o Chujrai) sufriría un par de fracasos comerciales y el ostracismo del régimen, que volvió a ser bastante opresivo al ser destituído Kruschev (el sucesor de Stalin y su crítico oficial en un famoso congreso del Partido), sustituído por el más represor Brezhnev.

A diferencia de Chukhrai, Mikhail Kalatozov era un veterano con varios títulos en su haber cuando llegó lo que fue denominado el "deshielo". "Vuelan las grullas" fue su gran éxito, un melodrama bélico, que llamó la atención por sus audacias de fotografía (algo que también fue poco permitido por la censura soviética anteriormente) y un tratamiento de la tragedia de la guerra mucho más maduro de lo que aconsejaba el realismo socialista. En 1964, y en el marco del acercamiento de la U.R.S.S. con el régimen cubano de Fidel Castro, Kalatozov realizó la olvidadísima "Soy Cuba", una cara superproducción que fracasó lamentablemente pero que ha sido reinvindicada por Scorsese y Coppola en años recientes, asombrando aún hoy por sus larguísimos planos secuencias, brillantemente logrados.   

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Fragmento de "Vuelan las grullas" (1957) de Mikhail Kalotozov

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Fragmento de "Soy Cuba" (1964) de Mikhail Kalotozov

Grigori Kosintzev (foto 4) se había hecho conocido por sus películas realizadas ya en el período mudo en tandem con Leonid Trauberg, de las cuales la más recordada es "La nueva Babilonia" (1929) sobre la Comuna de Paris de 1871, en un marcado tono expresionista, bastante cercano a Eisenstein. Su obra en solitario es recordada sobre todos por dos talentosas adaptaciones shakesperianas ("Hamlet" y "Rey Lear") y por su más que correcta traslación en color de "Don Quijote" (1957), con el mismo actor Nikolai Cherkasov, que había representado a Alexander Nevski y a Ivan el terrible. 

Los cineastas, liberados ya de la paternalista tutela de la censura que imponía visiones tontamente felices y cuadradas de la historia y del presente soviético y que incluso prohibía experimentaciones estéticas, pudieron utilizar puntos de vista más adultos y realistas, aunque nunca pudieran librarse totalmente de la represión a la libre expresión de ideas hasta el derrumbe del comunismo a fines de los 80. En 1962 debutaría Andrei Tarkovski, uno de los más grandes maestros de la historia de todo el cine, pero no podría crear libremente, a pesar de no ser un disidente político hasta su exilio en los 80.

Buena parte del cine de la época (y más adelante) no ha llegado hasta nosotros, por lo que sólo tenemos conjeturas de su valor. Entrados los 60 sólo tuvo circulación internacional las solemnes adaptaciones de Sergei Bondarchuk, particularmente "La guerra y la paz" (1964) realizada con enormes despliegues de ejércitos y de escenografías, pero demasiado académicas y monumentales. El cine soviético pecó abundantemente de solemnidad y aburrimiento hasta la llegada de la perestroika y un poco más. 

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Fragmento de "Hamlet" (1964) de Gregori Kosintzev

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Fragmento de "Rey Lear" (1971) de Gregori Kosintzev  

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