10 de agosto de 2011

Cine: Historia Ilustrada 22

HOLLYWOOD EN LOS 40

Si bien la Segunda Guerra Mundial comenzó en setiembre de 1939, la que emergía como principal potencia mundial no se involucró en ella hasta diciembre de 1941, cuando fue atacada en el Pacífico por Japón, sin que estuviera envuelta legalmente en la guerra, más que abasteciendo a los aliados europeos. Hollywood no se involucró temáticamente demasiado en la carnicería, vista como una guerra europea, más que como novedoso telón de fondo de las mismas películas de siempre. Un éxito como "Casablanca" (1941) considerablemente modificado de una obra de teatro no estrenada, era una historia de amor que podría haber ocurrido en cualquier otro contexto, sin que asomara ni por casualidad ninguna noticia sobre los hechos del momento. Si ha perdurado como un clásico es más que nada por la química entre sus dos protagonistas (Humprey Bogart e Ingrid Bergman) que, curiosamente, nunca volverían a trabajar juntos principalmente porque eran de dos estudios diferentes.

Una excepción fue "El gran dictador"(foto 1), realizada en 1940 por Chaplin. Pese a sus polémicas anteriores y la histeria anti comunista que comenzó a infestar la industria cinematográfica norteamericana, el poder del propio cómico inglés era tan fuerte que pudo realizar -no sin resistencias- su ajuste de cuentas con el dictador alemán que parecía haberle copiado el bigotito de su personaje. Pese a las amenazas de boicot de los gobiernos fascistas, fue un gran éxito comercial, particularmente eficaz cuando Chaplin hace lo que mejor sabe hacer pero criticable desde el punto de vista político (no es tan fácil hacer una sátira CONTRA algo). Aunque parezca increíble, fue perseguido por el Comité de Actividades Antinorteamericanas por esta película, poco después de finalizada la guerra.


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Fragmento de "Furia" (1936) de Fritz Lang

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Fragmento de "Casablanca" (1941) de Michael Curtiz

El llamado Código Hays intentó a partir de 1936 regular el contenido del cine realizado por Hollywood para dar ejemplo a las multitudes. La cada vez más floreciente industria aceptó la censura para evitarse problemas y polémicas, aunque muchas veces tironeara a los censores intentando relajar los criterios "edificantes" que, muchas veces limaban todo lo que podía interesar al público. Regulada por la asociación de productores (MPAA) intentaba limitar desnudos e "inmoralidades", la ridiculización de autoridades y la glorificación del delito. Si alguien mataba o delinquía, tenía que encontrar su castigo. Si alguna mujer era adúltera, tendría que arrepentirse antes de que terminara el film. Los norteamericanos serían mostrados alejados de la droga, del alcohol (curiosamente, no había problemas con fumadores) y del sexo, en general. No insultarán y no blasfemarán. Aunque hoy parezca risible, ni siquiera los matrimonios legalmente formalizados podían ser mostrados durmiendo juntos, con lo cual se institucionalizó (en la pantalla) el curioso formato de dormitorios con dos camas de una plaza. Sin que estuviera escrito en el Código que lleva el nombre de su redactor, el dirigente republicano William Hays (foto 2), estuvieron totalmente prohibidas las críticas sociales y políticas.

El cine de gangsters dio paso al llamado "cine negro", adaptando el exitoso ciclo de novelas escritas por Dashiell Hammet, James Cain, Raymond Chandler y otros, dejando de lado la literatura de los detectives "deductivos" como Sherlock Holmes y Hércules Poirot, para dar paso a la realidad mucho más cruda, violenta y amoral de las calles. Si bien los nuevos antihéroes -ejemplificados en primer lugar por el propio Bogart- no dejaban de ser una estilización comercial de la realidad, aportaron una visión fresca, vital y menos glamorosa. Si bien "El halcón maltés" -debut en la dirección del libretista John Huston en 1941- se considera el punto de partida del género, hubo otras películas anteriores que esa producción barata y demasiado charlada, pero muy bien libretada. Dos de los lejanos antecedentes podían encontrarse en las películas "Furia" (1936) y "Sólo se vive una vez" (1937) (foto 3), que fue de lo mejor que hizo el alemán Fritz Lang en su larga estadía en Estados Unidos. Cuando se filma "El cartero llama dos veces" en 1946 (foto 4), la novela clásica de Cain, es inevitable que el tratamiento sea demasiado limpio y edulcorado.


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Fragmento de "Ocho a la deriva" (1944) de Alfred Hitchcock

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Fragmento de "La sombra de una duda" (1942) de Alfred Hitchcock

Al comienzo de la guerra, el inglés Alfred Hitchcock fue contratado por el productor David Selznick -que había cosechado un enorme éxito con "Lo que el viento se llevó"- y prosiguió su carrera en Hollywood, donde se fue asentando en la industria hasta llegar a ser un directivo importante en Universal. Si bien ninguna película suya ganó el Oscar a mejor producción, comenzó ganándolo como director por "Rebecca" (1940) (foto 5), un novelón victoriano con Laurence Olivier y Joan Fontaine, bastante alejado de sus preferencias. Posteriormente, filmaría "La sospecha" (1941), donde no le dejarían que su estrella Cary Grant fuera culpable de asesinato y otros títulos más cercanos al terreno del suspenso y la aventura, donde se sentía más cómodo. Probablemente, su mejor producción de la época fue "La sombra de una duda" (1943) con su encantador asesino de viudas enfrentado a su sobrina adolescente. En "Ocho a la deriva" (1944), filmada enteramente en un bote en el océano, filtró un mensaje de unión de todas las tendencias políticas para oponerse al enemigo nazi. Hitchcock proseguiría en la década realizando títulos en su estilo habitual, y al mismo tiempo, adaptándose a las modas del momento. En 1945 con "Cuéntame tu vida", incorporando el psicoanálisis -toda una novedaden el momento- y una escena onírica diseñada por Salvador Dalí o en "Tuyo es mi corazón" (1946), una historia de amor sorprendentemente moderna, donde un jerarca nazi huye a Brasil y el protagonista -nuevamente Grant- tiene que soportar que la mujer que ama se case con el fugitivo para poder desenmascararlo.

Preston Sturges (foto 6) fue un digno sucesor de Ernst Lubitsch en el terreno de la comedia sofisticada, con una audacia superior a la del alemán, aunque lamentablemente su alcoholismo y algún fracaso comercial hicieron que su brillante carrera fuera más corta de lo debido. Sin embargo, tuvo tiempo para realizar algunos clásicos como "Las tres noches de Eva"; "Por meterse a redentor (ambas de 1941) y "El asombro del siglo" (1944), donde la novia del protagonista sale de juerga con unos soldados y termina embarazada de septillizos (!).

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Fragmento de "El halcón maltés" (1941) de John Huston

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Fragmento de "Por meterse a redentor" (1941) de Preston Sturges

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