10 de julio de 2011

Cine: Historia Ilustrada 21

ALEMANIA Y FRANCIA EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

El 1 de Setiembre de 1939 Alemania invade Polonia pese a que tanto Francia como Inglaterra habían advertido que la defenderían y así comenzó la que posteriormente fue designada como la Segunda Guerra Mundial. Como es sabido, al principio la dictadura nazi -aliada con Italia y Japón- consiguió derrotar a todos los países que atacó, quedando únicamente la isla británica como resistencia. Posteriormente, se implicarían en su contra Estados Unidos y la Unión Soviética invadida por Hitler, lo que -junto a la lucha partisana y el restablecimiento del poderío inglés- determinaría la derrota del fascismo. Por lo menos 50 millones de muertos, cambios importantes en el mapa mundial, la aparición de las bombas atómicas y el definitivo desterramiento de la idea de la guerra como una contienda entre caballeros -luego de las terribles masacres contra poblaciones civiles desarmadas- fueron algunas de las más importantes consecuencias que dejó la carnicería.

La brutal crisis económica y de valores, en gran parte propiciada por la derrota en la anterior guerra mundial, más traumática en una potencia convencida de su grandeza, permitió que llegara al poder en Alemania el Partido Nacional Socialista, una formación violenta, racista e intolerante que ganaría respaldo popular con sus medidas autoritarias y eliminaría toda opinión contraria.

La gran mayoría de los artistas germanos huyeron -sobre todo a Hollywood- al llegar el nuevo régimen, no siempre por tener orígenes judíos o ideas de izquierda, sino también por no aceptar el ambiente antidemocrático que invadía su país. Joseph Goebbels, uno de los máximos jerarcas nazis, tomó a su cargo la dirección del cine alemán, dada su gran afición cinéfila. El único director importante que permaneció en Alemania fue George W. Pabst y los actores más conocidos: Werner Krauss, protagonista de "El gabinete del doctor Caligari" y el suizo Emil Jannings (foto 1), estrella del cine mudo ("La última carcajada", "Fausto", "Varieté"), quien curiosamente fue el primer actor en ganar el Oscar protagónico pero que retornó de Estados Unidos por su pésimo inglés. Un caso curioso fue el del francés Harry Baur, que filmó tanto en su país como en suelo germano y fue detenido por la Gestapo acusado de ser judío, detalle que aún no ha sido confirmado.

Sin embargo, el cine que se realizó en los años del nazismo ha sido totalmente olvidado por la historia, dado su acartonamiento e infantilismo, muchas veces apenas un pretexto para la propaganda del régimen. Un ejemplo fue "El joven hitlerista Quex" (1933) de Hans Steinhoff (foto 2) , historia de un integrante de las juventudes nazis que comienza siendo comunista pero reconoce su "error" y muere heroicamente o, peor aún, "El judío Suss" (1940) de Veit Harlan, que al convertir a su protagonista en un portador insólito de todas las maldades y pecados del mundo, terminó paradójicamente inspirando solidaridad en otras naciones que conocieron este burdo panfleto muy lejanamente basado en un personaje real del siglo XVIII.

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Fragmento de "El judío Suss" (1940) de Veit Halmar

Las únicas películas artísticamente maduras de la producción alemana del período son obra de una ex actriz del género específicamente germano del "cine de montañas": Leni Riefensthal (foto 3), fallecida hace pocos años, ya centenaria. Había debutado como directora con "La montaña azul", otra cinta de montañas y al hacerse amiga de Hitler, éste le encargó un documental sobre un congreso del partido en Nüremberg en 1933. La obra resultante, favorecida por toda la ayuda imaginable del poder estatal se llamó "El triunfo de la voluntad" y es un trabajo fascinante, si uno puede olvidar la ideología que defiende. Terminada esa película -en realidad una trilogía, compuesta además por un corto y un mediometraje- se abocó a documentar las Olimpiadas de 1936 en Berlín, competencia que sirvió como excusa para intentar blanquear la imagen de la dictadura en el mundo pero el resonante triunfo del atleta negro norteamericano Jesse Owens supuso un trago muy amargo para el régimen que auspiciaba la supuesta superioridad aria. De todos modos, "Olimpya" u "Olimpiada" resultó una impactante obra maestra, que sólo recientemente con la llegada del VHS o el DVD, pudimos conocer en su totalidad.

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Fragmento de "Olimpia" (1938) de Leni Riefensthal

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Fragmento de "El triunfo de la voluntad" (1936) de Leni Riefensthal

En Francia, también hubo un éxodo de cineastas. Como Lang y Wilder, entre tantos otros, emigraron Renoir, Duvivier, René Clair, Jean Gabin y un largo etcétera. Goebbels, famosamente ministro de Propaganda del régimen nazi, intentó -sin éxito- que la producción alemana fuera la mejor del mundo y que en los países conquistados -Francia, gobernada por el colaboracionista Mariscal Petain- sólo hubiera (tal como escribió en su Diario) un cine "estúpido", soso, inofensivo y pasatista. E incapaz de competir con el de su país.

Entre quienes se quedaron el nombre más importante fue el de Marcel Carné, famoso por el período del realismo poético, quien consiguió un éxito importante con "Los visitantes de la noche", deliciosa historia medieval. El final de esta película -los amantes transformados en estatuas de piedra por el Demonio, pero cuyos corazones aún siguen latiendo- fue interpretado como una constancia de la permanencia de la vieja Francia libre y republicana, pero es probable que este sentido escapara a las audiencias de la época. Mucho mejor fue la obra maestra "Sombras del paraíso" ("Les enfants du paradise) de 1945, con su retrato típicamente francés de los amores que van y vienen de actores, mimos y de la gente en general, rodee al mundo del espectáculo o no.

La U.F.A., productora estatal germánica, fundó una filial llamada Continental que, al contrario de lo que se piensa normalmente, apenas realizó el 10 % de las películas francesas de la época. La primera desilusión para Goebbels fue "Sinfonía fantástica" de Chistian-Jacque (foto 4) , realización inofensiva que ofendió al jerarca por su calidad y su nacionalismo galo.

En ese clima enrarecido, donde buena parte de la industria conspiraba contra el ocupante, hubo algunos jóvenes que realizaron sus primeras obras en la industria francesa. Uno de ellos, Robert Bresson, autor de "Los ángeles del pecado" (1943) y "Las damas del bosque de Bolonia" llamaría la atención mucho más tarde pero quien se distinguió por su calidad y por el escándalo fue Georges-Henri Clouzot (foto 5), quien debutó con la interesante intriga "El asesino vive en el 21" (1942) y sobre todo, con "El cuervo" (1943), dejó ver su estilo efectista pero talentoso, suscitando numerosas críticas por su visión impiadosa de un pueblito francés que se ve sacudido por una serie de cartas anónimas injuriosas, asunto que no molestó a las autoridades extranjeras. Clouzot, como Carné, debió soportar un juicio de desnazificación al término de la guerra.

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Fragmento de "Sombras del paraíso" (1945) de Marcel Carné

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Fragmento de "Los visitantes de la noche" (1942) de Marcel Carné

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Fragmento de "El cuervo" (1943) de Henri-George Clouzot

3 comentarios:

Phil dijo...

Creo que Leni Riefensthal tenía verdadero talento (lástima que lo puso a un mal servicio).

Es un tema muy interesante el de los "coqueteos" entre los artistas y los regímenes de turno.
La Guerra Fría produjo un montón de ejemplos de cineastas que "se adaptaron" a ciertas temáticas bien vistas por el poder.
Y ahora llegó el turno de quienes hacen películas donde "los malos" son siempre terroristas-árabes-suicidas.....en fin.

Una pregunta: ¿es Romy Schneider quien está en la primer foto del post?

Alvaro Fagalde dijo...

Phil: exacto. Es durante la filmación de "El infierno", película inédita de Clouzot con ella que se restauró en 2009.

El problema es que la entrada estaba incompleta, la guardé como borrador pero blogger igual la subió.

Alvaro Fagalde dijo...

Ya llegaremos a la Guerra Fría.

Creo que sí, que la Leni era una gran cineasta.