10 de abril de 2011

Cine: Historia Ilustrada 18

CINE DOCUMENTAL: DESDE NANOOK HASTA LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Cuando el cine nació, se descubrieron dos virtudes que tenía con respecto a sus "competidoras": la fotografía y la pintura. Por un lado, permitía imaginar fantasías inéditas mediante trucos y efectos de cámara y por otro, documentaba la realidad igual que la fotografía (obvio, al ser un mecanismo que permite ver una sucesión de fotos) pero con la eficacia del movimiento y de la variedad de puntos de vista. Varias de las películas realizadas por los propios hermanos Lumiere pueden inscribirse en el género "documental" al registrar hechos reales: las llegadas de los trenes, las entradas de los obreros a las fábricas, etc.

Si bien los propios empleados de los hermanos salieron a filmar geografías y hechos en todo el mundo en la incipiente industria cinematográfica, cuando se estableció el largometraje como formato dominante la ficción fue la dueña de la exhibición.

Se suele decir que el norteamericano de origen irlandés Robert Flaherty (foto 1) fue quien inventó el documental con el formidable éxito de "Nanook el esquimal". En realidad, películas de no-ficción había habido en abundancia pero sí es cierto que con "Nanook..." se inauguraba el largometraje exhibido en forma comercial en las mismas condiciones que la ficción.

En épocas recientes se ha consensuado que no es tan categórica la división entre documental y ficción. Si se supone que el primero está basado en hechos reales y personajes reales, las cosas no siempre son tan fáciles porque muchas veces las situaciones son re-creadas -incluso por necesidades obvias, ya que se debe reconstruir un hecho pasado- y los protagonistas deben "actuar" su realidad frente a las cámaras de una forma similar a los actores profesionales en la ficción. Por otra parte, en ésta última, muchas veces se utilizan recursos propios de los documentales para intentar dar más impresión de verosimilitud.

Luego de esta película, Flaherty insistió en documentar estilos de vida exóticos y difíciles en "Moana" (1925) (foto 2) y "Tabú" (1930) -codirigida por F. W. Murnau, quien terminó el proyecto- la ya mencionada "El hombre de Aran" y la particular y poco vista "Louisiana story" (1948).


Fragmento de "Nanook el esquimal" (1923) de Robert Flaherty

Los inconvenientes para diferenciar al documento de la ficción comienzan con el inicial film de Flaherty. La realidad del esquimal (o inuit) es transformada por el cineasta: el nombre fue cambiado, quien hace de su esposa no lo es en la realidad, un pez que el protagonista no debe dejar escapar para sobrevivir ya estaba muerto y el estilo de vida salvaje que tanto impactó en muchas audiencias de todo el mundo no era el de quien lo representaba, que vivía en condiciones bastante más occidentales. Sin embargo, la verosimilitud de la película fue muy grande para las plateas de la época y durante una década se siguieron realizando filmes que acercaban por el precio de una entrada, los paisajes exóticos que la inmensa mayoría de las audiencias nunca podrían ir a visitar. Posteriormente, la función "turística" del cine fue reemplazada por multitud de obras de ficción -generalmente baratas y poco ambiciosas- que utilizaron escenarios diferentes a los espectadores del Primer Mundo.

Justo es decirlo, hubo otras dos temáticas que también siguieron los primeros realizadores de documentales: el registro de la vida microscópica y la visión de la realidad transformada por efectos ópticos y de montaje, especialmente impulsada por Dziga Vertov en la U.R.S.S.

Con los años los documentalistas comenzaron a diversificar sus temas. Finalizado el efímero éxito comercial de los paisajes exóticos, el cine de no ficción bajó a la realidad y se convirtió definitivamente en una vertiente poco favorecida por la distribución. En Gran Bretaña se afirmó la Escuela Documental fundada por encargo oficial por el sociólogo escocés John Grierson (foto 3). Sus ideas orientaron el trabajo de filmación hacia la realidad cotidiana, las condiciones de vida de los trabajadores y las tareas que realizaban.

Flaherty fue contratado por Grierson y realizó "Industrial britain" en 1931, sobre la problemática de los artesanos de los pueblitos ingleses que veían amenazada su industria por el avance de la producción en serie de las grandes ciudades, pero el punto de vista del norteamericano chocaba con la inclinación social y científica del director de la Escuela.

Grierson había dirigido con gran éxito su única película "Drifters" (foto 4), sobre los pescadores de arenque y ése fue -mayoritariamente- el camino seguido por la formidable escuela británica. Algunos de los mejores títulos pre guerra fueron "Housing problems" (1935) de Arthur Elton y Edgar Anstey, sobre los problemas de vivienda de las clases más desfavorecidas; "Night mail" y "Song of Ceylon" (1934), ambas de Basil Wright, más poéticas que las demás realizaciones y "Coal face" (1935), sobre las minas de carbón, realizada por el brasileño Alberto Cavalcanti.


Fragmento de "Correo nocturno" (1935) de Basil Wright y Harry Watt

Dedicado mucho más explícitamente a las luchas obreras, el holandés Joris Ivens (foto 5) es otro de los grandes nombres de la historia del cine documental. Viajero incansable, su primer escándalo se produjo cuando denunció las miserables condiciones del trabajo en las minas belgas en "Borinage" (1935). Posteriormente, documentaría numerosos conflictos políticos en todos los continentes: "Indonesia calling", "Los 400 millones" sobre China (foto 6); "Italia no es un país pobre"; "Paralelo 17" sobre Viet Nam; "Boleto de viaje" sobre Cuba; "El pueblo y sus fusiles" sobre Laos.

Si bien nunca abandonó la contemplación poética de la naturaleza, otra de sus vertientes más queridas, su película más conocida y probablemente su obra maestra sea "Tierra de España" (1937), vibrante pero al mismo tiempo rigurosa crónica del frente republicano en la Guerra Civil española, famosamente leída por Ernest Hemingway, financiada por muchos intelectuales progresistas norteamericanos y calurosamente felicitada por el presidente Roosevelt.

Tanto en esa guerra como en la propia Segunda Guerra Mundial, el cine marcó presencia con numerosos trabajos que por primera vez en la historia de la humanidad permitía ver a soldados reales jugándose la vida en los escenarios verdaderos de las carnicerías que en este siglo involucraban a millones de personas. Muchas veces sin distribución posterior o directamente censurados, muchas veces con escenas de reconstrucción de las batallas poco antes realizadas efectivamente, siguen siendo un importante documento de una parte fundamental de nuestra historia frecuentemente mal contada.

En su inmensa mayoría, estos trabajos fueron de propaganda a favor de uno de los bandos, por lo que su visión era sesgada. Sin embargo, hay muchos trabajos que siguen siendo aún hoy muy valiosos. La serie "¿Por qué combatimos?" dirigida por el norteamericano nacido en Sicilia Frank Capra es probablemente el más ilustrativo y cinematográficamente mejor realizado de todos ellos. Finalizada la lucha, la mirada se suavizó considerablemente y se obviaron bastante las crueldades realizadas en esos nefastos años. También surgió -y no sólo en Alemania- una vertiente de filmes que buscaban justificar la ignorancia de los pueblos que habían seguido la prepotencia del Eje o el profesionalismo de los soldados que habían combatido defendiendo al fascismo.


Fragmento de "Tierra de España" (1937) de Joris Ivens


Fragmento de "¿Por qué combatimos?" (1943) de Frank Capra. El fin del primer capítulo.

2 comentarios:

Neville dijo...

Y gracias a los pioneros es que el género documental ganó un lugar importante con los años.

Por supuesto, creo que el sesgo es algo (casi) inevitable en muchos casos. Pero eso no impide que los resultados sean interesantes.

Muy buen post!!!

Alvaro Fagalde dijo...

Gracias, Neville. La objetividad pura no existe.

No sé por qué, pero creo que sobre ambas guerras los mejores documentales fueron los que tomaron partido en el momento y no los "neutrales! y "equilibrados" que vinieron despues.