26 de julio de 2013

Contámela en colores

La historia es bastante conocida, o no. Héctor Amodio Pérez era uno de los principales dirigentes del movimiento guerrillero urbano uruguayo MLN, conocidos popularmente como "Tupamaros". Concretamente, junto con Henry Engler eran los principales de la llamada Columna 15, la más violenta y "fierrera" de la organización.


Amodio fue detenido -como varios de sus dirigentes- por las Fuerzas Armadas en 1972 después de la etapa más violenta del enfrentamiento con numerosas muertes y ajusticiamientos en un bando y otro. Nunca más se supo de él. Si no fuera por los múltiples testimonios de todo tipo que lo sindicaban como traidor del movimiento, figuraría como otro detenido desaparecido. Como todos saben, reapareció voluntariamente hace pocos días y se supo parte del misterio: habría pasado estos 40 años en España, con otro nombre -lógicamente- trabajando honradamente.

Al principio comenzaron a circular -sorpresivamente- unas cartas atribuídas a él enviadas a varios medios de prensa, de los cuales solamente "El país" (cuando no) publica extractos, supongo yo que porque Amodio formula varias críticas a las dirigencias tupamaras de antes y de ahora. Finalmente "El observador" -un medio no elegido por él- es quien lo entrevista en España y un programa de VTV presentó un extenso programa donde finalmente pudimos conocerlo y escuchar su versión.

Que es bastante particular. En algún momento el periodista Gabriel Pereyra le dice: -Usted era uno de los principales dirigentes del MLN, de los más requeridos; usted dice que nunca dio un nombre, nunca delató a nadie y nunca hizo que detuvieran a ninguno de sus compañeros... ¿entonces cómo es que se explica que usted nunca sufriera torturas como los demás y que después los militares lo dejaran ir y colaboraran para su seguridad?. Amodio, el Amodio de 2013 no sabe qué decir a ésto.

La personalidad que se revela en este reportaje televisivo coincide con lo que uno siempre había escuchado del misterioso Amodio. Un tipo egocéntrico, maniáticamente obsesionado con ser el número uno en todo, ser principal y superior a los demás. Si va a trabajar en España, sabe más que los españoles; si va a ser guerrillero, es más lúcido que todos los demás tupas. De ahí su resentimiento central con quien ha permanecido como la principal figura del MLN, Raúl Sendic, que le estaría usurpando el papel que él cree que merece. Amodio cree que él sabía cómo tenían que hacerse las cosas y todos los demás no sabían nada. Seguramente ve que algunos de sus ex compañeros hoy son Presidente de la República, ministros, senadores y él sigue siendo despreciado.   
      

La historia "oficial" del movimiento tupamaro tiene numerosas lagunas e interpretaciones infantiles. No sólo hay un intento de limar las decisiones más polémicas (acciones violentas, gente que se mandó al matadero) sino también la intención de engrandecer su verdadera importancia en la historia del movimiento popular uruguayo, de paso dándole apoyo a la nefasta "Teoría de los dos demonios". Seguramente, Amodio tiene varias verdades para aportar, pero no desde los celos, la envidia y la mentira. 

En algún momento intenta explicar por qué a él nunca lo torturaron: habría sido la promesa que le hizo un oficial a su tía que conocía a Amodio de niño. Lástima para Yessie Macchi, hija de un alto oficial de las FFAA, que no tuvo tanta suerte. En otro pasaje de la entrevista pretende que él jamás dio información, sólo intentó (y sin suerte, encima) ordenar los esquemas de la estructura del movimiento que tenían los represores. Pero no explica por qué éstos se enteraron de lo que Amodio sabía y nunca supieron lo que él no. O por qué cayeron algunos a los que el traidor particularmente despreciaba y se salvaron otros por los que tenía aprecio.

No pude, lamentablemente, subir videos sobre la entrevista pero son muy fáciles de encontrar en Youtube.

14 de julio de 2013

A contracorriente: John Wayne

Aclaración: Si opino sobre un actor no lo hago dependiendo de su posición política. Hay gente que tiene opiniones totalmente compartibles pero que no trago. Se me ocurre un Roberto Begnini como ejemplo. Hay otros, en cambio, que están (o estuvieron en vida) en las antípodas de mi pensamiento y me encantan. Gary Cooper, sin ir más lejos. 

John Wayne fue un actor políticamente muy conservador, como tantos otros, pero con la característica de tener un pensamiento fácilmente caricaturizable, patriotero y chillón como el de muchos norteamericanos. El hecho de que durante toda su carrera fílmica repitiera ese esquema casi sin variaciones, lo hace carne fácil de cañón.

Para mi gusto, los mejores actores y actrices son los que saben desempeñar varios papeles diferentes, huyendo del encasillamiento. Wayne -como Sean Connery, otro recordado en esta serie pero peor- siempre hizo el mismo papel sin tener el menor interés de cambiar. Y probablemente, sin capacidad de hacerlo.

Invariablemente era el más vivo de la película, era el que más sabía de todos y el que le enseñaba a buenos y malos lo que tenían que hacer. Aún viejo y gordo, siempre era el más duro, el más rudo y el más temible. Nadie podía soñar con empatarle siquiera, aún si fuera otra estrella -Henry Fonda y James Stewart son los primeros que me acuerdo que compartieron cartel con él- a ellos siempre les faltaba algún vintén pal peso y terminaban "rindiéndose" al "number one".

Probablemente se la creería, pero me gustaría decirle que no basta con hacer -siempre- papeles de crack para ser crack. Así como no basta con contratar actores secundarios que se dejen pegar para ser un guapo. Osvaldo Soriano en su primeriza "Triste, solitario y final" (1973) lo caricaturiza acertadamente como un matón cobarde y agresivo, que golpea innecesariamente al protagonista.

Mucha gente aún lo considera como uno de los grandes actores (actor es algo muy diferente que estrella, lo cual indudablemente era) del cine clásico, afirmación con la que me permito discrepar. Indudablemente, tenía eso difícil de definir que se podría nombrar como "presencia cinematográfica", cosa que la gran mayoría no tiene pero un buen actor...

El tema es que su obtusa, fanática y un poco infantil ideología personal impregna toda -o gran parte- de su filmografía. Nunca hizo en sus películas de otra cosa que de John Wayne, desconociendo cualquier noción de composición de personajes, en aras de escupirnos su discurso patriotero y payasesco de imperialismo guerrero. Nunca dejó de hacer de super héroe a quien todos le debíamos devoción pero, por lo menos, dirigido por algún artista serio como Hawks o Ford, pudo integrarse positivamente en más de una obra maestra sin estropearla.         



"La diligencia" (su consagración como actor, dirigido por el señor director John Ford)

"Los boinas verdes" (JW quiere ganar él sólo VietNam, dirigido apenas por él mismo)

27 de junio de 2013

Cine: Historia Ilustrada 34

EL FREE CINEMA BRITANICO: LOS ANGRYS

Si la Nueva Ola francesa impactó profundamente en el mundo por su cine mucho más joven que el de Hollywood que llegaba a las pantallas de todo el mundo, mucho más atrevido, más suelto y menos estereotipado, con una temática mucho más audaz y crítica, los británicos ya habían empezado unos años antes a dinamitar a la mirada paternalista, vieja y conservadora de su propia sociedad. A diferencia de sus pares del otro lado del Canal de la Mancha, los ingleses hicieron un cine mucho más sólido en su crítica social -bastante dura, en general-, mucho más integrado en forma y contenido y mucho menos errático. Si bien en el viejo imperio nunca tuvieron su "Hiroshima mon amour", el grueso de su producción de la época se mantiene mucho más rica, interesante y removedora aún hoy en día, 50 años después.

Ello fue así en parte por la existencia en las islas de una serie de dramaturgos y novelistas de gran calidad que alzaron su voz de protesta contra el clasismo, el estancamiento mental y social de un mundo que estaba pidiendo a gritos una renovación de los viejos esquemas, en el cine y en la vida en general. Los Beatles vendrían después. La nouvelle vague francesa, también.

En general, se considera a "Almas en subasta", dirigida por Jack Clayton (foto 1), como la primera película del movimiento, si es que puede considerarse como tal a esos jóvenes que sacudirían al cine británico. La película no sólo era una crítica inusitada sobre la mentalidad férreamente clasista sino también, al mismo tiempo, una muestra de un cine mucho más joven, más agil y menos acartonado. Posteriormente Clayton adaptaría notablemente a la brillantemente sugestiva novela de Henry James "Otra vuelta de tuerca" en "Posesión satánica" (originalmente denominada "The innocents", los horribles títulos castellanos no son culpa mía) en 1961 y tendría varios años después un poco de repercusión mediática en Hollywood con la superproducción retro "El gran Gatsby" (1974) con dos actores de moda como Robert Redford y Mia Farrow pero sin la necesaria taquilla, lo que lo dejaría por el camino definitivamente.

Pero el denominado "Free Cinema" tuvo su prehistoria en cortos. Fundamentalmente, con "Momma, don't allow", codirigido por Tony Richardson y el checo Karel Reisz (foto 2). Éste posteriormente haría "We are the Lambert boys", siguiendo con la línea trazada de mostrar a las clases populares -con sus virtudes y defectos- en un tono realista inédito en las pantallas del Reino Unido.Reisz se consagraría con un brillante "Todo comienza en sábado" (1960) que haría llamar la atención sobre el casi debutante actor Albert Finney, en un retrato -como "Almas en subasta"- de un joven pobre despreocupado, frívolo, cínico y arribista, única manera que parecía haber de tener una vida digna en la sociedad retratada.

En 1966 realizaría la caustica "Morgan, un caso clínico" y en 1968, la olvidada "Isadora", una biografía de la polémica bailarina Duncan, ambas con Vanessa Redgrave. Reisz no haría mucho más, ni tendría demasiada repercusión, salvo una interesante "La amante del teniente francés", para el estrellato de Meryl Streep.

 
Fragmento de "We are the Lambert boys" (1959) de Karel Reisz (en 2'10'' se ve un cartel de corned beef "Fray Bentos")


Fragmento de "Almas en subasta" (1958) de Jack Clayton

Fragmento de "Posesión satánica" (1961) de Jack Clayton

Tony Richardson (foto 3) fue otro brillante adaptador de la literatura crítica que se hacía en esos tiempos en Gran Bretaña: John Osborne en "Pasión prohibida" (1959) e "Imprevisto pasional" con Laurence Olivier; Shelag Delaney con "Sabor a miel" (1961) y Allan Sillitoe con "El mundo frente a mí" (1962). Más allá de los pésimos y traicioneros títulos en nuestro idioma -insisto- sobrevive una solidez narrativa poco común en otros cines renovadores que vendrían poco después, una frescura en la mirada a jóvenes y clases populares que habían tenido muy poco espacio hasta ahora en las películas nacionales.

 En 1963 se consagraría comercialmente con "Tom Jones, hombre de audacia" (foto 4), colocando a Finney como actor estrella y ganando sendos Oscar a mejor película y mejor director. Los airados británicos parecían haber sido aceptados plenamente por la industria que en realidad, nunca los había despreciado. El cine en estudios, artificial y estático, evasivo y fantasioso, estaba agotado y la apuesta del cine para derrotar a una cada vez más peligrosa televisión no pasaría -en general- por espectaculares mamotretos en pantalla ancha y color sino en un cine joven, modesto y ágil pero también inteligente y con cosas para decir. Por lo menos, por algunos años.

Richardson posteriormente realizaría producciones importantes, bastante revisionistas de temas clásicos como "El marino de Gibraltar" (1967) y "La carga de la brigada ligera" (1969) pero su importancia se diluiría, tal como ocurrió con todos los angrys, quienes no supieron mantener una presencia importante en las carteleras comerciales, luego de superado el impacto de su irrupción juvenil.

Otro director que llamaría la atención con sus primeros films, aunque en menor medida, fue John Schlesinger, con "Algo que parezca amor" (1962) y "Algo de verdad" (1963). Más éxito tuvieron "Darling" (1965) -Oscar como actriz a Julie Christie- y "Lejos del mundanal ruido" (1967), sobre Tomas Hardy. 

Schlesinger tuvo más suerte que sus compañeros en Hollywood. Suyos son algunos títulos comercialmente importanes como "Perdidos en la noche" (1969), primer Oscar a una película adulta luego de consagrar a frivolidades musicales y "para toda la familia"; "Como plaga de langosta" (1974), otro film retro y "Maraton de la muerte", un policial entretenido que podría haber hecho cualquier otro.

Quienes mantuvieron -aunque sea en parte- sus inquietudes juveniles se vieron limitados a filmar películas poco distribuídas, desconocidas para el gran público o refugiarse directamente en la televisión. En cambio, quienes consiguieron permanecer en la industria, lo hicieron a costa de realizar un cine impersonal, generalmente digno pero muy lejano a lo que habían hecho en sus comienzos.    



Fragmento de "Sabor de miel" (1961) de Tony Richardson


Fragmento de "Terminus" (1961) de John Schlesinger

Lindsay Anderson (foto 5) es un caso aparte. Prestigioso crítico -especialmente por su elogiadísimo libro sobre John Ford- nunca se molestó por tener una filmografía muy espaciada. Debutó en el largo -tenía numerosos cortometrajes realizados- con "El llanto del ídolo" en 1963 pero tuvo su mejor momento con "If...", la visión británica de un momento social (1968) muy especial, con un motín juvenil en un prestigioso colegio privado, ametralladoras incluídas. 

Anderson seguiría con su espíritu iconoclasta con la menos recordada "Un hombre de suerte", nuevamente con la nueva estrella Malcolm McDowell, quien venía de consagrarse internacionalmente con "Naranja mecánica". Más politizado y más sólido culturalmente que sus colegas de movimiento, no hizo concesiones a la industria y vio menguar sus posibilidades de filmar, a la vez que su iracundia se fue mermando con los años, llegando a filmar la inédita en Uruguay "Las ballenas de agosto" en 1987, como homenaje a los veteranísimos Bette Davis, Lilian Gish y Vincent Price, que está bien pero que no tiene nada de la ya lejana iracundia.
Si bien se puede resumir que los artífices -desde la dirección- del llamado Free cinema británico tuvieron un corto cuarto de hora en la industria de Inglaterra, no por eso se debe olvidar que prácticamente todo el cine inglés posterior deriva de ellos, incluyendo un período particularmente brillante en los 80. También es de remarcar el lanzamiento de varias actores juveniles que tuvieron más suerte en general, refrescando las pantallas mundiales: Vanessa Redgrave, Richard Harris, Malcolm McDowell, Allan Bates, Tom Courtenay, David Warner, Albert Finney. 

Fragmento de "If..." (1968) de Lindsay Anderson


Fragmento de "Un hombre de suerte" (1972) de Lindsay Anderson

11 de junio de 2013

Von Rompaey: andá llevando

El ex Presidente de la Suprema Corte de Justicia, el Dr. Leslie Von Rompaey escribió en el prólogo del libro anónimo contra la despenalización de la interrupción del embarazo, presentado hace pocos días que quienes estamos "a favor del aborto" (sic) no hemos presentado casi ningún argumento.

Yo, que aún no terminé Secundaria -probablemente lo haga en unos meses- me tomo el atrevimiento de enumerarle respetuosamente al prestigioso abogado algunos. No soy -ni intento serlo- el portavoz de los movimientos a favor de la despenalización, ni los integro. Solamente tengo derecho a opinar, como cualquier ciudadano. Y un blog.

Hay una entrada anterior mía sobre el tema hace dos años. Se puede leer acá:

Yo decido (si nací con pito) del 30/5/11

Trataremos de no repetirnos, ahí decía algo así como que:

-Quienes tenemos la opinión contraria de Von Rompaey, Tabaré Vazquez y los del Opus Dei estamos a favor de la despenalización del aborto y no del aborto en sí. Queremos dar libertad a quienes quieran hacérselo, no inducirlas. 

-Quienes quieren prohibirlo (o que siga prohibido), que son básicamente determinadas iglesias empezando por la Católica Apostólica Romana no tienen autoridad moral ni injerencia para imponer conductas a mujeres que, probablemente, no predican su credo.

-En el caso de los cultos (y muchos personajes) no han demostrado ni remotamente ningún interés por la vida o por los derechos humanos de nadie, cuando en nuestro continente sobran las masacres, las injusticias y las desigualdades. Es gente poderosa y adinerada que nunca antes se había movilizado por nada mientras a su alrededor pasaba de todo.

-Muchas veces la prohibición encubre el pingüe negocio que realizan muchos médicos en la clandestinidad de sus clínicas, donde cobran lo que se les antoja y trabajan como quieren.

Es muy viejo y manido el truco de presentar a quien está en contra de nuestras posiciones como que no tiene argumentos. El problema de Von Rompaey es que probablemente sólo lee "El país" o ve "Telenoche 4", que no son precisamente ejemplos de pluralismo de ideas. Pero vamos a ilustrar un poco mejor al doctor Leslie, así reflexiona un poquito:

-La despenalización no lleva al incremento de abortos. No hay pruebas estadísticas de ello en ninguna parte del mundo. Lo que podría hacer descender el número de abortos (intención compartible) sería la educación sexual y la información responsable, pero a ésto también se oponen los fanáticos religiosos.

-En Estados Unidos en los 80 hubo una serie de atentados terroristas llevados a cabo por militantes antiabortistas, con el lamentable saldo de varios muertos. Curiosa forma de defender la vida...

-Si bien hay que estar atentos a que no se creen sociedades que se dediquen a la selección artificial, lo que podría llevar a que se desechen los niños que no sean rubios o cosas así, es deseable que determinadas enfermedades congénitas (por ejemplo, la columna bífida) que sólo pueden traer sufrimiento extremo propio y de los familiares a cargo. En España los movimientos "Si a la vida" (no es el único país) se oponen también a abortos en estas condiciones. Y también a los de embarazos resultantes de violaciones.

Uno podría afirmar que, en realidad, los que "están a favor de la vida" no tienen más argumento que el de defender al embrión. Están en contra en su gran mayoría -como se ha dicho- de la educación sexual y de todo método anticonceptivo, por lo cual todas las parejas del mundo estarían obligadas a seguir sus fanáticas concepciones y tener todos los hijos "que Dios les da". Con ese criterio tampoco podríamos tratar un cáncer o aliviar un dolor. 

En la anterior entrada mía sobre el tema o en la finalizada serie "¿Las mujeres son todas putas?" recibí varios comentarios -algunos con el popular login "Anónimo"- con opiniones bastante diversas de la mía. Ningún problema con eso, lo polémico es que solían abundar en afirmaciones muy traídas de los pelos del estilo "las mujeres son así o asá", dando por indiscutible que ellas son muy diferentes -e inferiores o incompletas- con respecto a los hombres y por eso no se les podía dejar en sus manos la decisión sobre sus embarazos. Yo opino todo lo contrario.     

28 de mayo de 2013

NCIS: Una serie diferente

Cuando digo diferente, no quiero referirme a una serie que vaya a cambiar la historia de la televisión o plantee una revolución audiovisual, sino más modestamente, se trata de un programa que introduce un poco de espesor e interés en los habituales muñecos de otras series similares.

 Me explico: todos hemos visto los diferentes CSI (objeto de una próxima entrada); pues bien, salta a la vista que los diferentes integrantes de los equipos investigadores suelen ser meramente personajes unidimensionales cuya única razón de ser es decir la frase adecuada en el momento preciso. No parecen tener vida, no parecen ser seres humanos realizando un trabajo, sintiéndose a veces fatigados, molestos, tensos o frustrados. Más allá de algún caracter excénctrico, que supongo yo, están para aportar un costado humorístico, nadie en la mencionada CSI o similares parece tener sangre en sus venas.

En NCIS, en cambio, si bien no deja de respetar las convenciones más elementales de un policial común (los investigadores siempre se salen con la suya en una hora de programa, siempre avanzan, son demasiado lindos, nunca se pelean realmente entre sí) hay algunos elementos que la hacen más interesante de lo habitual. En primer lugar sus personajes, justamente. Que sudan, se cansan, tienen ganas de ir al baño y parecen tener una vida más allá de su (novelesco) trabajo.

El director, Jethro Gibbs es el menos logrado, en mi modesta opinión. Duro, severo pero justo, chirria un poco la exagerada admiración y temor que suelen tenerle sus subordinados y los frecuentes comentarios de ellos que lo presentan poco menos que como un super héroe. Es una personalidad muy difícil de representar y la actuación de Mark Harmon, buena en general, no da la talla para tanto.

El agente "Tony" Di Nozzo es mi preferido: mujeriego, burlón, charlatán y cinéfilo, está todo el tiempo burlándose de su compañero "Tim" Mc Gee, quien es una contraparte más seria y metódica. Ese dúo se lleva las palmas y en el medio la agente procedente del Mossad israelí Ziva David no tiene una personalidad definida, llenando el espacio con una imagen femenina -pero nada blanda- sin demasiado destaque. Estos son los denominados "agentes de campo". Los investigadores son la freak -y graciosa- Abby Sciutto, excéntrica y eficaz y el forense un poco excéntrico y chapado a la antigua "Ducky" Mallard (David McCallum, actor de culto de la televisión de los 60).    

Los crímenes que esta división de la Armada yanqui investigan suelen ser bastante originales y sin tanta vuelta de tuerca exótica como se ven en la paradigmática CSI. Nunca se pone en cuestión las invasiones del gobierno norteamericano en Afganistán o Iran -frecuentemente mencionadas- y difícilmente lo permitirían en U.S.A., más cuando el comienzo de esta serie coincidió con la histeria patriotera post Torres Gemelas. En todo caso, se trata de hacer un programa de ficción y no complicarse la vida.

Mientras iba escribiendo ésto, llega la noticia de que NCIS es la serie más vista en su país por cuarto año consecutivo, aunque por estos pagos no sea la más popular, precisamente. Aparentemente, con un poco de carisma y otro poco de habilidad, alcanza y sobra para destacarse. Aquí se ve por AXN.  

6 de mayo de 2013

¿Redactan sentencias o emiten votos?

Hasta el fin de la dictadura -digamos, 1984- todos los profesionales universitarios se formaban en la UDELAR, gratuitamente, bancados por los impuestos que pagábamos todos. La idea era que -supongo- que quienes se podían formar y acceder a una preparación (y un título) terciario que les permitiera ganarse la vida mejor que quienes no podíamos hacerlo, después devolvieran sus conocimientos a la sociedad que los había financiado. Médicos, arquitectos, ingenieros y tantos otros profesionales nos -por decirlo de alguna manera- asesorarían técnicamente para mejorar nuestras vidas y no se transformarían en unas élites soberbias que pretenderían erigirse por encima de los que no tuvieron la suerte (el privilegio) de ser un "dotor". Cuánto de ésto último ha ocurrido, es motivo de discusión.

La profesión de abogado es, por cierto, bastante particular. Andan por allí millones de chistes sobre ellos, sobre cómo se esfuerzan en joder a todo el mundo, con sus enredos y sus trapisondas. Cuánto de esto es una exageración y cuánto es verdad, queda a criterio de cada uno, de acuerdo a sus experiencias. Habrá de todo, como en cualquier otra profesión.   

No hay ciencia aséptica. Las ideas políticas y sociales de cada contador o de cada psicólogo determinan la manera de realizar su labor. Algunos dedican generosamente parte de su tiempo en trabajo honorario para los que más necesitan; otros intentan encaramarse entre los preferidos de los prvilegiados y, en el medio, están los que ni tanto ni tan poco, sino que más o menos. Pero, más allá de eso, uno supone que un médico lo atiende a uno según un criterio científico y lo trata de curar lo mejor posible, más allá de lo que piense sobre este mundo.

Varias de las decisiones bastante polémicas -y sesgadas- de la Suprema Corte de Justicia nos dan que pensar en si la defensa cerrada de la impunidad total para los culpables -de hecho, reconocidos al ampararse en la prescripción de los delitos- es por razones técnicas o porque ellos, personalmente como ciudadanos, están a favor de la no investigación bajo ninguna circunstancia de ninguna de las gravísimas violaciones a los derechos humanos en la dictadura. Posición que es -salvo contadísimas excepciones- la que han asumido ambos partidos tradicionales en forma casi monolítica. O sin casi.

Se puede pensar que los integrantes del máximo orden del Poder Judicial tienen una opinión jurídica a favor de la prescripción de los delitos militares por razones estrictamente profesionales. Seamos generosos y pensemos eso. Pero el inexplicado traslado de la jueza Motta -quien, como la fiscal Guianze, sin salirse del marco técnico, avanzó mucho por el camino contrario al de la SCJ y los blanquicolorados- no ayuda nada a que creamos en la asepsia de sus decisiones. Lo del apartamiento de la jueza que investigó correctamente es una mancha innegable en la confianza que nos puedan dar los cinco integrantes de la Corte. Se parece demasiado a un abuso de poder para beneficiar a determinadas intencionalidades políticas y muy poco a la función para que les pagamos el sueldo a esos Ministros.

Ministros que, no hay que olvidarlo, para ser elegidos en sus funciones deben ser votados por los legisladores. Más de un juez en un pasado no tan remoto -y en democracia, por cierto- fue vetado por el Partido Rosado sin ninguna razón clara y muchos ascensos han demorado en el Poder Judicial sin que sepamos los motivos, a menos que pensemos mal y revisemos si esos postergados han molestado a impunes, poderosos o jerarcas. En cambio, al fiscal Moller que votó para cerrar el caso de Macarena Gelman sin razón evidente, no sólo se lo ascendió rápidamente sino que también se le votó una ley especial con nombre y apellido que permitía, insólitamente, que trabajara para un diputado blanco al mismo tiempo que mantenía su jugoso sueldo en los juzgados.

La pregunta es: ¿tenemos alguna garantía en nuestro país de Justicia por parte de las autoridades del referido poder o abusan a discreción de sus jerarquías de acuerdo a sus intereses?.