10 de diciembre de 2009

Cine: Historia ilustrada 2

PRIMEROS TANTEOS: ¿FILM D'ART O NICKELODEON?

Luego de los deslumbramientos iniciales -y de los primeros aburrimientos por la reiteración de las fórmulas exitosas- mucha gente se planteó la duda de si el nuevo descubrimiento tenía futuro comercial. Presentado desde el principio como una mejora con respecto al teatro -y es muy olvidado el detalle de que muchas de las soluciones que se fueron encontrando en materia de escenografía e iluminación fue gracias a la experiencia de técnicos con años en las tablas- se comprendió que el mejor negocio era la proyección colectiva en salas especialmente acondicionadas. Pero un incendio que causó unas doscientas muertes en uno de los barrios privilegiados de París fue un durísimo contratiempo para el prestigio del arte nuevo. Las cintas de nitrato de plata podían sufrir fácilmente combustión sin necesidad de un agente externo.

Durante varios años la exhibición más exitosa se dio en music halls, teatros provinciales de atracciones, proyectores nómadas y los llamados nickelodeons en Estados Unidos. Estas modestísimas salas, llamadas así por la moneda que constituía su barato precio, hicieron la fortuna de muchos de los futuros magnates de la industria. Buena parte del éxito de estos establecimientos se debía a la preferencia de muchísimos inmigrantes que sólo tenían acceso a un entretenimiento barato y que no les exigiera dominar el idioma natal.

El cine en el mundo anglosajón quedo asimilado a un divertimento propio de las gentes poco educadas, proyectado en general en salas con poca higiene y donde eran frecuentes los gritos, los silbidos, las groserías e, incluso, las peleas. Mucha gente -incluyendo actores teatrales o escritores de prestigio- rechazaban de plano el ingresar en la producción de películas.

El primer intento orgánico en producir un cine más "artístico" provino de Francia, con el llamado "film d'art". Dos hermanos productores apellidados Lafitte contrataron a divos del teatro local con la esperanza de que esos grandes nombres llamaran a los espectadores, tal como lo hacían en las tablas. Pero el experimento fue un fracaso, tanto desde el punto de vista económico como desde el artístico. El único éxito del movimiento fue "El asesinato del duque de Guisa"
pero rápidamente los pomposos diálogos y las afectadas actuaciones aburrieron al público. Evidentemente, el mayor error de los hermanos productores fue intentar transplantar directamente el teatro en un medio diferente, que para peor no permitía escuchar a las estrellas, sino tan sólo verlas a lo lejos.

La primitiva técnica de la primera década del siglo XX no los ayudó. Las cámaras eran pesadas y no soportaban los desplazamientos sin perder el foco, por lo cual la enorme mayoría de las tomas eran fijas. La iluminación requerida era mucha dada la poca sensibilidad de la película y generalmente se utilizaba luz natural, lo que requería estudios con numerosos ventanales. Los decorados solían ser cortinas o telones pintados, lo que se nota claramente en la segunda foto de esta entrada, que pertenece a un corto argentino de 1902 sobre la Revolución de Mayo y en la gran mayoría de las películas de la época.

Pero el estatismo de la cámara también obedecía a la concepción visual dominante en la época, directamente derivada del teatro. Un punto de vista único, con los actores de cuerpo entero en el cuadro, teniendo que hacer gestos exagerados para que todos los espectadores pudieran verlos. Exagerados, aclaro, para nuestra perspectiva pero no para la costumbre de la época.

En 1903 Edwin S. Porter filmó el primer gran éxito de la industria norteamericana, que impactaría enormemente en el mundo entero: "The great train robbery" (El gran robo al tren). Basada detalladamente en un hecho delictivo real, realizada en escenarios naturales, impresionó a las audiencias que creían estar presenciando en vivo el robo y la posterior persecución de los forajidos. El plano final con el disparo directo a la pantalla (foto 3) causó sensación (y terror).
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El gran robo al tren (Porter, 1903)

Otro gran éxito comercial de ese año, que siguió exhibiéndose durante décadas en colegios religiosos fue "La pasión de Nuestro Señor Jesucristo" de Ferdinand Zecca y Lucien Nonguet, pero en realidad no tiene el menor interés artístico por consistir simplemente en una sucesión de escenas rígidas de los últimos días de Jesús, sin la menor elaboración cinematográfica. Como curiosidad he incluído un corto del mismo Zecca llamado "El escarabajo dorado", obra bastante influida por el más elemental Melies, sin demasiada originalidad. Tal como fue la carrera de este no muy brillante realizador pero sí dotado de un inteligente olfato para lo que interesaba al público.

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"El escarabajo dorado" (Zecca, 1907)

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