11 de julio de 2009

Dale nomás, dale que va...

EL FUTBOL ESTÁ ENFERMO

Afiches de algún -adinerado- hincha manya "burlándose" de que el bolso perdió la semifinal de la Libertadores, dos adolescentes muertos a balazos -en el basquet, sí, pero vale como barbarie-, amenazas por Internet, barbaridades que se dicen impunemente en la prensa. Un clima enrarecido, histérico, demencial, violento. Señoras y señores: esto es el fútbol uruguayo.
Tipos imbéciles que van a buscar pelea y que putean al juez durante 90 minutos siempre hubo.
Pero actualmente parecería que nuestra sociedad ha legitimado como natural que dos tipos -bastante grandes- baleen a un adolescente porque grite los nombres de otros equipos. O que ataquen a un tipo en un bar porque tiene otra camiseta.

EL LENGUAJE

"No existís", "Corrés", "Son todos putos", "Amargos", "Gallinas", "No tenés aguante"... muy pocas expresiones más.
Es tan aburridor -no sólo estúpido- el ámbito del "barrabrava"...
Supongo yo que se dedica a ver todos los partidos del fútbol argentino para copiar con un hilo de baba colgando de la comisura todas las cosas que escuche.
El problema es que -como todos los elementos que menciono en esta entrada- no se lo suelen tomar como "bromas" o "cargadas" sino como cuestión de vida o muerte. Literalmente, como de vida o muerte.

LA "VIVEZA" EN LA CANCHA

El futbol es para los vivos... lo vengo escuchando desde mi ya lejana niñez. ¿Qué es ser vivos?.

Para algunos, cuando se está ganando hacer tiempo de las maneras más infantiles posibles, lo cual incluye: tirarse al piso haciéndose el lesionado, irse de la cancha cuando se es reemplazado con el paso de Stephen Hawgkins, tirar pelotas a la cancha o esconderlas...

Para otros -o los mismos- protestar todo, pero todo, absolutamente todo. Cualquier pelota que no pegue en las piernas será considerada mano y cualquier caída del jugador propio -así sea por un desmayo- será gritada hasta la ronquera total como incuestionable penal. ¿Alguna vez sintieron hablar del cuento del pastorcito mentiroso?.

TODO ENGENDRA VIOLENCIA MENOS LOS VIOLENTOS

Si pasan unos tipos con la camiseta rival a menos de un quilómetro de distancia de nosotros, ellos están "provocando"; si un juez no cobra lo que queremos -ver párrafo anterior- engendra violencia. Pero el verso más dañino y más falso es ese que reza que "la violencia en el fútbol es reflejo de la violencia de la sociedad".

No, señores. Que un tipo vacíe el cargador de un revolver porque un adolescente gritó el nombre de otro equipo no es culpa de la sociedad, no es culpa mía. Ese tipo es un enfermo que no merece estar libre.

Nada justifica ir armado a una cancha, agredir a un hincha rival porque grita un gol, esperar a los jugadores propios o rivales a la salida (o a la entrada) de un partido para romperles el ómnibus, el auto particular o la cabeza.

No hay excusas para atacar a un tipo que está en un bar después de un partido simplemente porque se haya puesto la camiseta de otro equipo. Tienen que ir a la cárcel.

LA PELOTA, ESA OLVIDADA

Alguna vez fue cierto que ganamos partidos -quizás, algún campeonato- peseteando a los extranjeros y metiéndole el gaucho a los jueces. Como puede comprobar cualquiera que tenga acceso a partidos de la década del 70 para atrás (algo cada vez más frecuente gracias al cable) han variado muchísimo los criterios para frenar las brusquedades dentro de la cancha. Lo que antes capaz que ni foul era ahora se paga con la tarjeta roja.

Si bien no puedo negar la importancia del factor anímico en cualquier desempeño deportivo, no todo es una cuestión de "huevos" ni de "meter". Si yo no llegué a la cumbre del futbol profesional no fue por falta de pelotas, de temperamento ni de poner lo que había que poner en una cancha sino, simplemente, por falta del talento y la habilidad mínima para llegar a la alta competencia.

Supongamos que el mejor equipo del fútbol uruguayo es Defensor Sporting (cuando escribo ésto, sigue siendo el campeón vigente) y que el peor es Albion (último en la ahora llamada Segunda División Amateur). Si jugaran entre ellos el resultado sería fácil de adivinar: una goleada contundente de los violetas. ¿Por qué?. ¿Por ser más hombres?.

No, simplemente porque el equipo del Parque Rodó tiene mucho mejores jugadores y es un colectivo mucho mejor armado que el cuadro rojiazul. Ahora si de huevos se habla, nadie puede asegurar que si en un vestuario se agarran a piñas ambos planteles termine la pelea en una goleada de la viola.

2 comentarios:

andal13 dijo...

Ojalá los barrabravas se preocuparan por denostar -civilizadamente- el pésimo fútbol que se juega en nuestras canchas hace rato, en vez de preocuparse por cuántas entradas vendió el rival, o si llevaron más bengalas, o cuántos metros cuadrados tiene la bandera nueva.
Bueno, como que todo es de una mediocridad que apabulla, no?

Alvaro Fagalde dijo...

Ahora subsané el error y coloqué la entrada completa, tal como la había planificado.