24 de febrero de 2013

Yo no firmo

... POR LA ELIMINACIÓN DE LA FRASE "RACISTA".
Siempre me molestó esa serie de eufemismos más bien tontos con que en algunos medios de comunicación se evitaba la palabra "negro" para referirse a la gente de esa raza. "Morocho", "moreno", "de color", etc. Como si el mencionado sustantivo fuera un insulto. Como si la mención de un color fuera vergonzante.

Los imbéciles que creen que un hombre -o una mujer- es superior o inferior a otro en razón de su color de piel pueden considerarlo como un insulto. Para mí, "negro" o "blanco", solamente es una indicación de raza y creer que alguien negro es peor que yo, que soy blanco, es tan estúpido como suponer que lo es alguien de ojos azules o de 1,65 de estatura. Si alguien es negro, no es "moreno". Y no es diferente a mí, más que por el color.

Hace unos años, llegó desde U.S.A. el concepto de que "negro" es racista, se debería evitar y el único término correcto sería el surrealista "afroamericano" (o "afrouruguayo" o "afrodescendiente"). Aparte de ser una aseveración bastante tonta, para mí en realidad termina teniendo el efecto exactamente contrario del que -no dudo que con buena fe- busca, que es el de reafirmar a los racistas que consideran que ser negro es ser inferior. Ergo, se debería evitar ese término porque de esta forma quienes tienen el color de piel serían evidenciados como inferiores si son llamados así. Quienes negamos la inferioridad (y la no igualdad, en realidad) de los negros, creemos que no deben ser eludidos de denominarlos como "negros", simplemente. 

En todo caso, más importante que las palabras son siempre los hechos. De nada sirve si denominamos "afrouruguayo" a quien le negamos un trabajo por tener un color de piel diferente al nuestro o al que denunciamos como posible delincuente por lo mismo.

Quienes han comenzado una campaña para que se elimine por parte de la Real Academia Española la frase "trabajar como negro" no sólo ignoran que no se usa para denigrar al "hombre de color" sino que es una ironía que utiliza el ejemplo de que (en lejanas épocas coloniales) a los negros se los hacía trabajar abusivamente por ser esclavos. No es que los negros deban trabajar más que los blancos sino que se los obligaba a hacerlo. Hecho que la frase dista mucho de celebrar. Y aunque así fuera, también es cierto que un diccionario no habilita o prohíbe el uso de palabras y frases, sino que explica e informa de las que en la práctica se utilizan frecuentemente. 

... POR LA ENAJENACIÓN DEL CINE PLAZA.
Los grandes cines de antes ya no tienen razón de ser. Hoy el negocio de la exhibición cinematográfica pasa indudablemente por los multicines (no necesariamente ubicados dentro de los shopping centers), como todo el mundo sabe. Esté mejor o peor, así funciona el sistema y basta con ver la cantidad de gente que va un fin de semana para confirmar que hoy se venden muchas más entradas que en los últimos 30 años. Ahora, qué hacer con las salas viejas.

El hoy llorado cine Plaza languideció durante muchos años sin que a nadie pareciera importarle su innegable deterioro y su visible falta de convocatoria de público. Ahora el edificio fue vendido -su propiedad era totalmente privada- a la poderosa económicamente iglesia "Dios es amor" y muchas voces de repudio -incluyendo una campaña internética iniciada por el sociólogo Gustavo Leal- se alzaron a favor de la intervención del Estado para evitar esa compra.

Soy agnóstico -o sea, no creo en ninguna religión- y quien me conoce, sabe que disto muchísimo de defender porque sí a ninguna iglesia. Si lo hiciera, los pentecostales seguramente estarían en los últimos lugares de esa lista. Sin embargo, considero que los dueños del edificio tenían todo el derecho del mundo en venderlo a quien quisieran y "Dios es amor" a comprarlo. Quienes creen que tanto alboroto se originó por la identidad de los compradores y que si al Plaza lo hubieran vendido para hacer un shopping o un parking, nadie se hubiera enojado, no dejan de tener razón.

¿Debe el Estado -o la Intendencia- comprar todo cine inviable?. Creo que no. Hay un concepto que sólo muy pocos manejan y es que no necesariamente cada nueva sala artística suma. Hay una demanda específica y podría haber un exceso de oferta, demasiadas salas y una competencia con las demás (no hay que olvidar las incorporaciones o refacciones del Solís, de la Zitarrosa y de la Adela Reta en pocos años) y tampoco tienen por qué los dineros públicos venir a salvar los fracasos privados de gestión cultural.

Otra cosa es que se controlen -como se ha pedido ahora que esta iglesia compró el cine- a los cultos que pueden estar aprovechándose de sus exoneraciones fiscales y de la total falta de control sobre sus actividades para realizar operaciones puramente financieras y especulativas, cuando no lavado de dinero o estafas a sus crédulos fieles. Muchas iglesias y/o sectas parecen bastante sospechosas y lo parecieron desde siempre, no ahora que el Plaza va a ser una parroquia pentecostal. Sería bueno saber de dónde viene el dinero para esa compra, pero no prohibirla. 

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