20 de octubre de 2011

Cine: Historia Ilustrada 24

EL NEORREALISMO ITALIANO

La dictadura fascista italiana comenzó bastante antes de la Segunda Guerra Mundial. El régimen construyó un enorme complejo de producción (Cinecittá) e impulsó un cine patriotero, destinado a ensalzar de manera generalmente altisonante y aburrida, gestas épicas del pasado o, incluso, justificando la contemporánea invasión de Etiopía. Por otro lado, se filmaban comedias pasatistas e intrascendentes, dedicadas a glorificar un lujo material que no era, obviamente, el de la gran mayoría de los ciudadanos, que quedaron denominadas como de "teléfonos blancos", símbolo de ostentación materialista.

Sin embargo, en la acción intelectual tuvieron sus primeras oportunidades jóvenes de clara ideología opositora al régimen, que pudieron -fundamentalmente, a través de la crítica escrita- desarrollar sus ideas en favor de un cine menos acartonado y más cercano a la realidad cotidiana de la gente, denunciando la falsedad de los valores inculcados por el cine oficialista.

Antes de la eclosión de lo que se llamó "neorrealismo", hubo algunas películas que dentro de los parámetros aceptables para el régimen, introdujeron una cuota de autenticidad poco común en la producción italiana anterior, ya sea por rodar en exteriores o por retratar ambientes populares, aunque fuera meramente como decorado de anécdotas convencionales.

Alessandro Blasetti fue un artesano que pasó sin problemas del trabajo bajo el fascismo a su continuación en democracia. En 1933 realizó una obra épica sobre la cruzada garibaldina "1860" (foto 1), donde se ha elogiado su sentido del espectáculo y su ambientación en pueblitos donde ocurrieron los hechos reales. Más famosa pero menos apreciada fue "La corona de hierro" (1940), una historia medieval demasiado pomposa. En 1942 realizó la comedia "Cuatro pasos sobre las nubes" bastante más fresca.

La primera película verdaderamente neorrealista fue obra de un aristócrata comunista llamado Luchino Visconti, quien debutaría con "Obsesión" (foto 2) en 1942, adaptación de la novela de James Cain "El cartero llama dos veces" sin pagar derechos de autor y mostrando -como en el original- una historia sórdida de adulterio y crimen entre gente desafortunada y sin escrúpulos, con mucha más realismo que en la versión pocos años anterior de Hollywood y que presentaba una realidad muy diferente a la que propagandeaba el gobierno, por lo cual pronto "Obsesión" fue prohibida. Sin dejar de ser una película comercial, interpretada por actores profesionales, resultó una bocanada de aire fresco que llevaba a la práctica las teorías sostenidas por varios intelectuales -muchos de izquierda- en publicaciones especializadas.

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Fragmento de "Roma, ciudad abierta" (1945) de Roberto Rossellini

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Fragmento de "Ladrones de bicicletas" (1948) de Vittorio de Sica

Visconti seguiría su carrera que lo consagraría como uno de los maestros de la historia del cine con un gran fracaso económico: "La tierra tiembla" (1946) (foto 3). Realizada, ésta sí, con aficionados recogidos entre el mismo medio de los pescadores sicilianos, sin artificios y de manera casi documental, era la primera parte de una trilogía que incluía a mineros y campesinos, pero que no llegó a filmarse. El público le dio la espalda a un relato que no sólo no tenía actores conocidos sino que ni siquiera era hablado en italiano sino en el dialecto de la zona. No estrenada en Uruguay, muy adelantada a su época, fue sin embargo una influencia considerable para las generaciones de cineastas posteriores.

La explosión se desencadenó con el derrumbe de Mussolini y la liberación del país por parte de los aliados combatiendo contra la ocupación nazi. Roberto Rossellini (foto 4) realizó "Roma ciudad abierta" casi sin película virgen, usando la calle e interiores reales por no tener estudios donde reconstruir una escenografía, tomando directamente testimonios de la gente que había protagonizado los hechos que se contaban, que pertenecían a la realidad más candente. Esa historia de resistencia, poniendo en un mismo plano al militante comunista y al cura católico que unen sus fuerzas ante el enemigo común, impactó en todo el mundo y consagró a Rossellini y a su pareja y protagonista, Anna Magnani. El rodaje de "Roma..." está documentado en la muy buena "Celuloide" (1995) del veterano Carlo Lizzani.

Otro gran nombre del neorrealismo que había comenzado su carrera bajo el fascismo como galán de comedias y artesano de películas inofensivas fue Vittorio De Sica (foto 5) quien también consiguió un gran éxito de crítica y público con "Ladrones de bicicletas" (1948), el conmovedor drama del desempleado que consigue un trabajo que le permita combatir el hambre de su familia pero que pierde toda esperanza al serle hurtada la bicicleta imprescindible para trabajar. Anteriormente, De Sica ya había llamado la atención con "Lustrabotas" (1946) (foto 6), una película menos lograda que "Ladrones.." pero certera al mostrar la realidad de los niños de la calle.

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Fragmento de "Paisá" (1946) de Roberto Rossellini

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Fragmento de "Alemania año cero" (1948) de Roberto Rossellini

Los tres grandes nombres del neorrealismo italiano diferían bastante en sus concepciones: mientras el marxista Visconti ponía enfasis en las relaciones de clase y las injusticias sociales (aunque pronto predominaría su alta cultura y su exquisitez para retratar críticamente los ambientes aristocráticos que tan bien conocía en producciones de alto costo), el democristiano De Sica apelaba más a la ternura y a la compasión hacia seres desvalidos y abandonados. En cambio, Rossellini, también procedente de la burguesía, era un experimentador eternamente insatisfecho, menos ideologizado que sus colegas, que seguiría una carrera bastante discutida hasta abandonar el cine en 1962 para realizar reconstrucciones didácticas para la televisión, cansado de las concesiones que le imponía la producción comercial.

Rossellini brindaría otra obra maestra al cine italiano con "Paisá" en 1946, inmejorable ejemplo de las características del movimiento. Si bien está rodada con indiscutible naturalidad e improvisada cuando era necesario, no dejaba de ser una producción industrial laboriosamente realizada. Su mayor novedad, como la de varias películas reseñadas en esta entrada, fue el de no hacer concesiones con respecto a la crueldad, la injusticia y el drama de los personajes, tal como había ocurrido en la realidad que todos los espectadores de la época conocían tan bien. En 1948 con "Alemania año cero" comenzaría uno de los primeros desconciertos y polémicas de su trayectoria al retratar las penurias del bando vencido, causante de tanta masacre. Un niño de 12 años vuelto adulto por la tragedia, la permanencia de ideas nazis en el Berlin destruído y, fundamentalmente, la aceptación de que también había víctimas entre los alemanes, fue indudablemente una bienvenida audacia a tan pocos años de terminada la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente, Rossellini se enamoraría de la estrella de Hollywood Ingrid Bergman, haría con ella varias películas poco convencionales y comerciales.

De Sica daría un viraje particular al neorrealismo al introducirle humor y fantasía en "Milagro en Milan", donde los habitantes de un cantegril abandonan en escobas esa realidad inconfortable cotidiana, cuando un ricachón los expulsa miserablemente porque ha descubierto petróleo en su territorio. Poco después, con "Umberto D.", realizaría un drama fuerte, más minimalista, sobre un jubilado que sobrevive penosamente y tiene ideas suicidas por la dureza de su situación.

Protestas políticas explícitas, aduciendo que estas películas daban una "mala imagen" del país y un cierto hastío ante tanta tragedia en una sociedad que prefería olvidar y transformarse en una potencia subida al plan Marshall, determinaron el fin del neorrealismo puro, aunque la idea de una ambientación más verista de las clases populares sobreviviría en lo que se llamó el "neorrealismo rosa", la explotación comercial y amable del legado de los Visconti, De Sica y Rossellini y, en general, en buena parte de la producción italiana posterior, dotada de una frescura y autenticidad, aun en sus trabajos menos exigentes, poco común en el cine mundial.

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Fragmento de "Milagro en Milan" (1951) de Vittorio de Sica

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Fragmento de "Umberto D." (1952) de Vittorio de Sica

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