5 de noviembre de 2010

Tres años de este blog

Sí, señores y señoras. Este blog cumple 3 años y aunque nunca aquí se había celebrado aniversario alguno, este año sí andaba con ganas de hacerlo.

Comenzó siendo un experimento vacilante de alguien que no sabía cómo blogear y que se renovaba apenas una vez por mes hasta que fue creciendo enormemente hasta llegar a ser la cosa insignificante que es hoy. Un placer para quien lo va creando en sus ratos libres, que disfruta cuando termina el largo esfuerzo de realizar cada una de las entradas, más allá de comprobar que no es ni por asomo el blog más visitado del paisito; tema que no me angustia, por cierto.

Hoy, con más de 100 entradas en el archivo -y varias más borradas alguna vez por impericia- es visitado por un promedio de 25 personas por día (incluyendo cuando yo entro para hacerlo) y seguido por algunos navegantes en varios países alejados, especialmente España, Estados Unidos y México. Pero quiero dar gracias especiales a quien me sigue desde ciudades como Sunshine (USA), Mountain View (USA), Cabot (USA), Valencia (España) y también las más previsibles Buenos Aires, Santiago, Lima, Caracas, Barcelona, Madrid, D.F. y Guadalajara (México) y, para mi estupor, hasta en Saint Martin (que supongo serán las islas que pertenecen a Francia). Sean de donde sean, me dan un poquito de orgullo -aceptémoslo- y espero que disfruten de pasar seguido por acá.

Sin falsas modestias, creo que acá se han visto algunas cosas interesantes y diferentes que -supongo- le habrán gustado a los escasos visitantes: además de algunos cuentos y poemas de grandes de la literatura y de la sección de música (que no se parece a ninguna otra), también concreté ideas originales muy bien aceptadas como la serie "¿Las mujeres son todas putas?"(*) y otras recibidas con bastante indiferencia como las historias del jazz y del cine.

Aunque no sean muchos, no puedo invitarlos a una comilona así que de regalo van algunos placeres, de esos que a veces se pueden encontrar en este espacio en la red para quienes quieran disfrutarlos:

MUSICA (para oir):

1- Jazz, por supuesto. Uno de los más grandes de todos los tiempos: Sonny Rollins. Y uno de los más sugestivos temas del género : "Around midnight".



2- No jazz, ahora. "Pueblo blanco", otro de los temas que, como supongo, aunque es conocido por todo el mundo no deja de ser una obra maestra absoluta. No quiero ni pensar lo que debió haber sido escucharlo cuando aún se mantenía la dictadura franquista, aunque quizás se perdió en el medio de "Mediterráneo", el mejor disco de Joan Manuel Serrat, repleto de maravillas.



3- Este es un tema bastante poco recordado de Jorge Drexler pero para mí es una obra maestra total, donde recuerda sus orígenes judíos, denunciando con ingenio y originalidad el exterminio en la Segunda Guerra Mundial y sus continuaciones hoy mismo: "El pianista del ghetto de Varsovia".



MUSICA (para ver y oir):

Cuando pensé en incluir un tema musical, no lo dudé un segundo. "Shine in your crazy diamond", de Pink Floyd. Lo escuché por primera vez de un casette en un viejo walkman y no podía creer lo que oía. Terminó y seguí sin poder creerlo.

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PARA VER:

Alguna gente piensa que las peliculas de Andrei Tarkovskii eran simplemente "de gente hablando mucho". Llamó la atención desde su debut pero el reconocimiento pleno sólo llegaría cuando ya era demasiado tarde. Esta es la escena final, puramente visual, de su obra maestra más publicitada: "Solaris".

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Esta es una animación argentina que me pareció original: "Los siete pecados capitales" y qué pasa cuando están juntos.

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LECTURA:


Y para finalizar, un fragmento de la mejor novela de la historia de la literatura (que ya ha tenido su lugar aquí) "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust. En este caso, el comienzo del 3er. libro llamado "El mundo de Guermantes":


El piar matinal de los pájaros le parecía insípido a Francisca.
Cada palabra de las chicas la hacía sobresaltarse; molesta por todos sus pasos, interrogábase a cuenta de ellos; es que nos habíamos mudado de casa. Verdad es que las criadas no bullían menos en el sexto de nuestra antigua morada; pero Francisca las conocía; había hecho de sus idas y venidas cosas amigas. Ahora prestaba hasta al silencio una atención dolorosa. Y como nuestro nuevo barrio parecía tan tranquilo como ruidoso era el bulevar a que hasta entonces había dado nuestra casa, la canción (distinta de lejos, cuando es débil, como un motivo de orquesta) de un hombre que pasaba hacía acudir las lágrimas a los ojos de la desterrada Francisca. Así, si me había burlado de ella afligida por haber tenido que dejar un inmueble donde era uno tan bien mirado por todo el mundo y en el que ella había hecho sus maletas llorando, según los ritos de Combray, y declarando superior a todas las casas posibles la que había sido la nuestra-, en desquite, yo, que asimilaba tan fácilmente las cosas nuevas como abandonaba fácilmente las antiguas, me reconcilié con nuestra vieja criada cuando vi que la instalación en una casa en que no había recibido del portero, que aún no nos conocía, las muestras de consideración necesarias para su buena nutrición moral, la había sumido en un estado próximo a la extenuación. Sólo ella podía comprenderme; no hubiera sido, evidentemente, su joven lacayo quien me comprendiese; para él, que tenía de Combray lo menos posible, mudarse de casa, irse a vivir a otro barrio, venía a ser como tomarse unas vacaciones en que la novedad de las cosas daba el mismo reposo que si se hubiera viajado; creía estar en el campo, y un catarro de cabeza le trajo, como un aire pillado en un vagón en que cierra mal el cristal de la ventanilla, la impresión deliciosa de que había visto el campo; a cada estornudo se congratulaba de haber encontrado una colocación tan distinguida, habiendo como había deseado siempre tener unos señores que viajasen mucho. Así, sin pensar en él, yo me iba derecho a Francisca; como me había reído de sus lágrimas en una partida que a mí me había dejado indiferente, se mostró glacial respecto de mi tristeza, precisamente porque la compartía. Con la supuesta sensibilidad de los nerviosos aumenta su egoísmo; no pueden soportar por parte de los demás la exhibición del malestar a que en sí mismos prestan mayor atención cada vez. Francisca, que no dejaba pasar el más ligero de los que sentía ella, si yo sufría volvía a otro lado la cabeza, porque yo no tuviese el placer de ver mi sufrimiento compadecido, ni siquiera notado. Lo mismo hizo en cuanto quise hablarle de nuestra nueva casa. Por lo demás, como al cabo de dos días hubiese tenido que ir a buscar alguna ropa que había quedado olvidada en la casa que acabábamos de dejar, mientras yo tenía aún, a consecuencia de la mudanza, temperatura, y, como una boa que acabara de tragarse un buey, me sentía penosamente abollado por un largo baúl que mi vista tenía que digerir, Francisca, con la infidelidad de las mujeres, volvió diciendo que había creído ahogarse en nuestro antiguo bulevar, que para llegar hasta él se había encontrado completamente despistada, que no había vista nunca escaleras más incómodas, que jamás volvería a vivir allí ni por un imperio, ni aunque le diesen millones -hipótesis gratuitas-, que todo (es decir, lo que concernía a la cocina y a los corredores) estaba mucho mejor apañado en nuestra nueva casa. Ahora bien, es tiempo de decir que ésta -y habíamos venido a vivir a ella porque como mi abuela no se encontraba muy bien, razón que nos habíamos guardado de darle, necesitaba aire más puro- era un piso que pertenecía al hotel de Guermantes.
A la edad en que los Nombres, al ofrecernos la imagen de lo incognoscible que en ellos hemos depositado, en el momento mismo en que designan también para nosotros un lugar real, nos obligan con ello a identificar lo uno con lo otro, hasta el punto de que nos echamos a buscar en una ciudad una alma que no puede contener, pero que ya no podemos expulsar de su nombre, no es solo que den a los pueblos y a los ríos una individualidad, como hacen las pinturas alegóricas; no es sólo el universo físico lo que matizan de diferencias, lo que pueblan de elementos maravillosos, sino también el universo social: entonces, cada castillo, cada hotel o palacio famosos tiene su dama, o su hada, como los bosques sus genios y sus divinidades las aguas. A veces, escondida en el fondo de su nombre, el hada se transforma al capricho de la vida de nuestra imaginación que la nutre; así como la atmósfera en que la señora de Guermantes existía en mí, después de no haber sido durante años enteros más que el reflejo de un cristal de linterna mágica y de un vitral de iglesia, empezaba a apagar sus colores cuando sueños por completo diferentes la impregnaron de la espumosa humedad de los torrentes.
El hada, sin embargo, se esfuma si nos acercamos a la persona real a que corresponde su nombre, porque entonces el Nombre empieza a reflejar a esa persona, y ésta no contiene nada del hada; el hada puede renacer si nos alejamos de la persona, mas si permanecemos cerca de ésta, el hada, se muere definitivamente y con ella el nombre, como aquella familia de Lusignan que había de extinguirse el día en que desapareciese el hada Melusina. Entonces el Nombre, bajo cuyos sucesivos revocos podríamos acabar por encontrar de nuevo en su origen el hermoso retrato de tina extraña a quien jamás hayamos conocido, ya no es sino la simple tarjeta fotográfica de identidad a la que nos referimos para saber si conocemos, si debemos saludar o no a una persona que pasa. Pero que una sensación de un año pretérito -como esos instrumentos musicales registradores que conservan el son y el estilo de los diferentes artistas que los han tañido- permita a nuestra memoria que nos haga oír el nombre con el timbre particular que entonces tenía para nuestro oído ese nombre que en apariencia no ha cambiado, y sentimos la distancia que separa entre sí a los sueños que significaron sucesivamente para nosotros sus sílabas idénticas. Por un instante, del gorjear nuevamente oído que tenía en tal antigua primavera, podemos extraer, como de los tubitos, de que se sirve uno para pintar, el matiz exacto, olvidado, misterioso y fresco de los días que habíamos creído recordar cuando, como los malos pintores, dábamos a todo nuestro pasado extendido sobre un mismo lienzo los tonos convencionales y de unánime semejanza de la memoria voluntaria. Ahora bien, si, por el contrario, cada uno de los momentos que lo compusieron emplease, para una creación original, en una armonía única, los colores de entonces que ya no conocemos y que, por ejemplo, me arrebatan todavía súbitamente si, gracias a una casualidad, el nombre de Guermantes, el haber recuperado por un instante después de tantos años el son, tan diferente al de hoy, que tenía para mí el día de la boda de la señorita de Percepied, me devuelve aquel malva tan suave, demasiado brillante, demasiado nuevo, con que se aterciopelaba la abultada corbata de la duquesita y, como una pervinca inaprensible y reflorecida, sus ojos soleados por una sonrisa azul. Y el nombre de Guermantes de entonces es también como uno de esos globitos en que se ha encerrado oxígeno o algún otro gas: cuando llego a agujerearlo, a hacer salir de él lo que contiene, respiro el aire de Combray de aquel año, de aquel día, mezclado a un olor de espinos blancos agitado por el viento del ángulo de la plaza, precursor de la lluvia, que alternativamente hacía desvanecerse al sol, le dejaba extenderse sobre el tapiz de lana roja de la sacristía y revestirlo de una carnación brillante, rosa casi, de geranio, y de esa dulzura wagneriana, por así decirlo, en la alegría, que conserva tanta nobleza a la festividad. Pero aun fuera de los raros minutos como esos en que bruscamente sentimos que la entidad original se estremece y recobra su forma y su cinceladura en el seno de las sílabas hoy muertas; si, en el torbellino vertiginoso de la vida corriente en que ya no tienen más que un uso enteramente práctico, los nombres han perdido todo color como una peonza prismática que gira demasiado aprisa y que parece gris, en desquite, cuando, ensoñando, reflexionamos, tratamos, para volver sobre el pasado, de moderar, de suspender el movimiento perpetuo en que somos arrastrados, poco a poco volvemos a ver que aparecen de nuevo, yuxtapuestos, pero enteramente distintos unos de otros, los matices que en el curso de nuestra existencia nos presentó sucesivamente un mismo nombre.

(*) Mucha gente ha encontrado este blog con búsquedas del tipo "mujeres putas", "todas putas" o similares. Me parece que, lamentablemente, mis entradas los deben de haber desilusionado.

12 comentarios:

Guillermo Bernengo dijo...

larga vida , honor gloria
a Alvaro Fagalde on line ,

in the morning.

Alvaro Fagalde dijo...

y de tarde, también.

Gracias.

andal13 dijo...

¡Feliz cumpleaños, blog!!!

¿¿¿En serio leíste "En busca del tiempo perdido"????? ¿¿¿Todito????
¡¡¡Andáaaaaaaaaa!!!!!

;-)


"El pianista..." es una de las canciones de Drexler que más me conmueve (claro que Drexler a mí me conmueve hasta con el aviso de sopas Knorr...)

Detaquito dijo...

Feliz cumpleaños al blog!
Y enhorabuena por el autor, mi estimado Fagalde, no es sencillo mantener el nivel de un blog en alto durante tres años!!!

Andal, a mi me parece que Drexler provoca un efecto similar al de House en ud :P

Faglade nuevamente Felicitaciones!!!!
Espero la novela LA CAÍDA DEL MURO DE MEXICO!

Alvaro Fagalde dijo...

Andal: no, estoy leyendo el 3er. libro y pispié partes de los otros 4. Pero me afirmo en que no hay otra novela igual.

La única competencia a la vista es la del muro de México, que la tengo medio olvidada pero le tengo que dar, como me pide Deta. ¿Cómo anda el muñón?

Alvaro Fagalde dijo...

En Perú gustó bastante Drexler, a quien no conocen a pesar del Oscar (R)

Detaquito dijo...

El dode esta essselente, muñaño

Anónimo dijo...

Hola Mario!!!te felicito por el esfuerzo de mantener este blog. Vaya trabajo!!!!! KARINA

Alvaro Fagalde dijo...

Gracias, Karina, bienvenida.

Gracias, Deta.

Karina: no te juntes con Deta, yo sé por qué te lo digo.

Anónimo dijo...

Muy buen post.

Anónimo dijo...

Yo sólo quería hacer una observación rápida de decir que me alegro de haber encontrado tu blog. Gracias

Anónimo dijo...

He querido publicar algo como esto en mi sitio web y esto me dio una idea. Saludos.