20 de octubre de 2017

Salada la canchita: El replicante kirchnerista


El inglés Ridley Scott venía de triunfar con la crítica en su debut ("Los duelistas") y en taquilla con su segundo largometraje ("Alien, el octavo pasajero"). Con más presupuesto y una estrella de primer nivel (un Harrison Ford que venía de hacer "Los cazadores del arca perdida") se suponía que no había forma de perder y lo que terminó llamándose "Blade runner" -término que no figura en la novela y que supongo que imaginaron sería más comercial que el original "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?"- en realidad, a duras penas recobró la plata invertida, Harrison Ford se peleó con todo el plantel y todo el plantel se peleó con la joven Sean Young, pareja de Ford en la ficción. La crítica se molestó porque tenía menos acción y menos batallas que "La guerra de las galaxias".

La novela original de Philip K. Dick -ya saben ustedes, mi autor preferido de ciencia ficción- era bastante diferente. En realidad, el film de Scott no toma mucho más que la idea de los "replicantes" -esos robots casi humanos que son creados para las tareas peligrosas en otros planetas y la de los policías que "retiran" a esos mismos androides cuando se rebelan. "Sueñan..." se plantea directamente los problemas morales, religiosos y filosóficos de una sociedad casi destruída por una guerra nuclear y la de sus esclavos (los replicantes, claro).

Menospreciada como lenta y como una exótica mezcla de policial y ciencia ficción, la película de 1982 terminó siendo un film de culto de la década (uno de los pocos con real talento en su celuloide), cuando se dieron cuenta de su originalidad, ya olvidados los críticos de su presupuesto y la obligación de vender entradas.

Diez años después, cuando ya nadie la discutía, se comercializó en salas de cine el "director's cut" (el corte del director) con parte de lo que Scott reclamaba que tendría que haberse visto en la película original si los productores no hubieran metido las zarpas. Los cambios fundamentales estaban en la eliminación de la voz en off de Deckard (el personaje de Ford) que mejoraban mucho la película al evitar la repetición de lo que estábamos viendo, la inserción de un sueño con un unicornio -la cuestión de los animales reales desaparecidos luego de la guerra es importante en la novela, pero está mencionada de cotelete en el film- y el final. con la introducción de un unicornio (justamente) de origami -lo que insinúa que el misterioso Gaff conoce a la perfección a Deckard y a Rachael, la replicante de la que éste se enamora y la supresión del final feliz que chirriaba.     

La última diferencia importante con la novela que vamos a plantear es que los replicantes (que nunca son llamados así por Dick) no saben pelear y no son competencia para Deckard. Incluso la escena culminante del libro... carece de peleas, el protagonista se encuentra con un rival que muere fácilmente.

Podrán averiguar fácilmente en estos días, con el estreno de "Blade runner 2049",
muchos más detalles de la cinta original, aunque no va a ser fácil distinguir el dato correcto del "encajale esa, total" que campea por páginas de papel y virtuales de lo que ya no se debería llamar más crítica cinematográfica. 

Pasemos a la secuela que se estrenó este mes. Si los hechos de la primera película transcurrían en 2019 -estamos ahí nomás- es lógico que ésta se llame "Blade runner 2049". El director, esta vez, es el canadiense Denis Villeneuve, autor de las excelentes "Incendios" y "La sospecha" y las interesantes "Sicario" y "La llegada". El nuevo protagonista es un replicante llamado "K" -obviamente, para hacer chupar a Macri y los suyos- encarnado por Ryan Gosling, que vuelve a actuar bien, como en "Blue valentine" y "Drive", secundado por Robin Wright, Jared Leto, unas cuantas mujeres divinas y Harrison Ford, que quedò enojado con la primera pero aceptó volver porque vio el prestigio que había adquirido la película de Scott.

¿Cuándo empieza la primavera?
La anécdota de ésta la conoce todo el mundo: Harrison Ford tiene que terminar con una serie de robots imposible de distinguir de los humanos, excepto la posibilidad de tener empatía con otro que esté sufriendo -que aparentemente nosotros tenemos mucha- y los va exterminando trabajosamente; se enamora de una replicante -que no forma parte de la banda- y cuando se enfrenta a su líder, no sólo no lo vence (éste, un memorable Rutger Hauer, habitualmente desaprovechado) sino que comienza a comprender que no son tan diferentes de él, al fin y al cabo. Incluso queda la duda si Deckard no será otro replicante, después de todo. Una mezcla hábil de policial negro en un ambiente de ciencia ficción más adulta que "Star wars" y "Star trek".

Aquí, "K" es un replicante que sabe bien que sus recuerdos han sido implantados y que no es un humano -la gente de piel y hueso lo desprecia abundantemente- que luego de "retirar" a uno de ellos -rebelde, no como él- hace un descubrimiento impactante que no voy a revelar acá. Porque me enseñaron en casa que ser buchón es de lo peor.

Visualmente, "BR2049" es impresionante -con efectos visuales por computadora, no como la primera- y la música ambiental me parece -a diferencia de lo que piensa la mayoría, que prefiere la fama de Vangelis- muy adecuada para crear climas sin robar la atención. La búsqueda de K tiene el mismo ritmo de la primera versión, dándonos tiempo a contemplar a un planeta desolado; una civilización hipertecnológica por un lado, con otras partes que son literales basureros adonde van a caer los que no tienen lugar en el lado anterior. Como en el "director cut", la opinión sobre pobres y ricos, ciudades y futuros está a la vista y a eso se le llama cine.

Un aspecto en el que falla "BR2049" -en mi humilde opinión- es en el diseño de los villanos. Tanto "Luv" la androide que se encarga de, digamos, los trabajos sucios del jefe Wallace es demasiado fría y distante -ya sé que, en el fondo, sólo es un robot con forma de mujer, pero tanto en esta como en la anterior versión hay otros personajes androides mucho más interesantes- como el propio mandamás del planeta -interpretado por un Jared Leto que parece especializarse en bichos raros- el tal Wallace quien nos duerme con larguísimas exposiciones que parecen filosóficas pero que a nadie importan. Fìjense en la escena en que desecha a una replicante mujer recién terminado de fabricar: tendremos el placer de ver desnuda a una actriz con un excelente cuerpo pero lo que dice Wallace nos aburre en grande. Podría haberse explotado el hecho de que un tipo por el mero hecho de ser el dueño de la corporación que fabrica alimentos para todo el mundo, termina dominándolo impunemente, pero de eso no hay nada.

La "Blade runner" primitiva era, como se ha dicho, un policial negro típico pero con el detalle de que estaba ambientada 38 años después y no en los años 40, por decir algo. Teníamos al típico detective solitario y perdedor que tomaba whisky -pero en vasos cuadrados, que después se pusieron de moda- e investigaba con una computadora que obedecía a su voz. Hasta la escena final, podría tomarse como una variante original del género pero la confrontación directa entre Deckard y el líder de los replicantes -bastante particular, aunque no llegue a los extremos de la novela- termina redondeando un relato que agrega una pizca de ambigüedad al enfrentamiento entre buenos y malos.

La nueva película, hecha luego de innumerables realizaciones de ciencia ficción plagadas de efectos especiales por ordenador, nos trae a un protagonista que no tiene dudas de su morfología -además de que los replicantes a esa altura viven mucho más de los 4 años máximo a que llegaban los anteriores- que no viste como un detective clásico, pero que en la mitad de la película verá cómo se desmoronan sus certidumbres a la vez que es perseguido por sus antiguos empleadores. Un poco menos de dudas filosóficas y un poco más de aventura.

Salada la canchita, una columna creada por un procesador de textos sin participación de ningún humano, hoy te trae dos videos sobre este par de films. El primero explica -luego de una tediosa publicidad- la primera película, dejándote preparado para "BR 2049".


En cambio, este segundo video no debería verse antes que la propia BR recién estrenada porque cuenta sus secretos, final incluído.



...y, finalmente, los tres cortos mencionados, que sirven de nexo entre ambos films, contando lo que ocurrió en los 30 años que los separan en la ficción:




   
2 Y.E.T.P.A.P.

+ JEAN ROCHEFORT - Alto, flaco, talentoso, alternó películas comerciales con otras de autor. De más joven (o de menos viejo) tenía un aspecto medio desagradable con esa carucha y unos lentes enormes que se usaban en ese entonces.

Se hizo conocido con comedias de aventuras con Belmondo como "Cartouche" o "Aventuras chinas en China" y más tarde, con dos grandes éxitos internacionales: "Alto, rubio y con un zapato negro" (1972) y "Un elefante con una trompa enorme" (1976), Mientras tanto alternó un cine más ambicioso apareciendo en "El fantasma de la libertad" del gran Buñuel o algunos films de Bertrand Tavernier.

Si bien tuvo numerosos protagónicos, probablemente uno de los más disfrutables fue "El marido de la peluquera" (1994) donde ya imponía su veteranía y su oficio (terminó realizando un total de 160 películas). Trabajaría en varias del hoy venido a menos Patrice Leconte y en alguna de Asterix y Obelix -gran éxito en Europa- y formaría parte de elencos donde pasaría medio desapercibido como "Pret-a-porter" de Altman (1994) y la fallida "El viento se llevó lo que" del argentino Alejandro Agresti (1998). Era un interesante Quijote para la versión original de Terry Gilliam (junto a Johnny Deep) pero se borró por salud o por lo que fuera.

Fragmento de "Un elefante...", gran éxito en Montevideo en su momento. Se ve que mucha gente quería verle la trompa enorme...

+ ANNE WIAZEMSKY - La carrera de Godard ya mereció una Canchita. Me olvidé de decir en su momento que cada una de las tres etapas rotundamente diferenciadas en que se puede clasificar la mencionada carrera, muchos (franceses) la vinculan a la pareja del momento (todas llamadas Ana o Anne), quedando la del medio para la Wiazemsky, quien fue pareja del suizo entre 1968 y 1979, la etapa menos comercial, más política y más alejada del circuito comercial. Al divorciarse de esta nieta del Nobel François Mauriac, Godard volvería a ser estrenado en cines comunes pero nunca volvería a la consideración crítica ni cinéfila, encerrado en su propio, enigmático mundo.

Volviendo a la propia homenajeada, había debutado con el maestro Robert Bresson en "Al azar, Baltasar" (1966), siendo una de esas tantas caras desconocidas que el gran bretón buscaba para sus protagónicos. A raíz de su relación con Godard, siguió su carrera protagonizando varios films de éste: "La chinoise"; "Weekend"; "Viento del Este"; "Todo va bien" o de otros, fundamentalmente Pasolini en "Teorema" y "El chiquero". Actriz de culto, no demasiado expresiva, la reencontramos en "Rendez vouz" de Téchiné (1985) y tres años después dejó definitivamente de actuar -si alguna vez lo hizo- para dedicarse a la literatura, llegando a ganar el prestigioso premio Goncourt.

Una escena de "Le chinoise" protagonizada por Jean Pierre Leaud y Wiazemski. Por suerte, tiene subtítulos en turco para los que no entiendan bien el francés.

LA PROPAGANDA PEYONA DE TODOS LOS TIEMPOS
No habrá ninguna igual, no habrá ninguna. Por suerte. Nunca se podrá superar la estupidez de la serie de publicidades de "Old Spice" con el negro musculoso que grita, salta, hace malabarismos con sus pectorales soñando con que sean pechos de mujer y poder salir del closet y rompe botes y cosas así. Quienquiera que haya tenido la desgracia de ver uno solo de esos comerciales no puede menos que darme la razón. 

 
No, capaz que yo exagero.

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