Si la Nueva Ola francesa impactó profundamente en el mundo por su cine mucho más joven que el de Hollywood que llegaba a las pantallas de todo el mundo, mucho más atrevido, más suelto y menos estereotipado, con una temática mucho más audaz y crítica, los británicos ya habían empezado unos años antes a dinamitar a la mirada paternalista, vieja y conservadora de su propia sociedad. A diferencia de sus pares del otro lado del Canal de la Mancha, los ingleses hicieron un cine mucho más sólido en su crítica social -bastante dura, en general-, mucho más integrado en forma y contenido y mucho menos errático. Si bien en el viejo imperio nunca tuvieron su "Hiroshima mon amour", el grueso de su producción de la época se mantiene mucho más rica, interesante y removedora aún hoy en día, 50 años después.

En general, se considera a "Almas en subasta", dirigida por Jack Clayton (foto 1), como la primera película del movimiento, si es que puede considerarse como tal a esos jóvenes que sacudirían al cine británico. La película no sólo era una crítica inusitada sobre la mentalidad férreamente clasista sino también, al mismo tiempo, una muestra de un cine mucho más joven, más agil y menos acartonado. Posteriormente Clayton adaptaría notablemente a la brillantemente sugestiva novela de Henry James "Otra vuelta de tuerca" en "Posesión satánica" (originalmente denominada "The innocents", los horribles títulos castellanos no son culpa mía) en 1961 y tendría varios años después un poco de repercusión mediática en Hollywood con la superproducción retro "El gran Gatsby" (1974) con dos actores de moda como Robert Redford y Mia Farrow pero sin la necesaria taquilla, lo que lo dejaría por el camino definitivamente.

En 1966 realizaría la caustica "Morgan, un caso clínico" y en 1968, la olvidada "Isadora", una biografía de la polémica bailarina Duncan, ambas con Vanessa Redgrave. Reisz no haría mucho más, ni tendría demasiada repercusión, salvo una interesante "La amante del teniente francés", para el estrellato de Meryl Streep.
Fragmento de "We are the Lambert boys" (1959) de Karel Reisz (en 2'10'' se ve un cartel de corned beef "Fray Bentos")
Tony Richardson (foto 3) fue otro brillante adaptador de la literatura crítica que se hacía en esos tiempos en Gran Bretaña: John Osborne en "Pasión prohibida" (1959) e "Imprevisto pasional" con Laurence Olivier; Shelag Delaney con "Sabor a miel" (1961) y Allan Sillitoe con "El mundo frente a mí" (1962). Más allá de los pésimos y traicioneros títulos en nuestro idioma -insisto- sobrevive una solidez narrativa poco común en otros cines renovadores que vendrían poco después, una frescura en la mirada a jóvenes y clases populares que habían tenido muy poco espacio hasta ahora en las películas nacionales.

Richardson posteriormente realizaría producciones importantes, bastante revisionistas de temas clásicos como "El marino de Gibraltar" (1967) y "La carga de la brigada ligera" (1969) pero su importancia se diluiría, tal como ocurrió con todos los angrys, quienes no supieron mantener una presencia importante en las carteleras comerciales, luego de superado el impacto de su irrupción juvenil.

Schlesinger tuvo más suerte que sus compañeros en Hollywood. Suyos son algunos títulos comercialmente importanes como "Perdidos en la noche" (1969), primer Oscar a una película adulta luego de consagrar a frivolidades musicales y "para toda la familia"; "Como plaga de langosta" (1974), otro film retro y "Maraton de la muerte", un policial entretenido que podría haber hecho cualquier otro.
Quienes mantuvieron -aunque sea en parte- sus inquietudes juveniles se vieron limitados a filmar películas poco distribuídas, desconocidas para el gran público o refugiarse directamente en la televisión. En cambio, quienes consiguieron permanecer en la industria, lo hicieron a costa de realizar un cine impersonal, generalmente digno pero muy lejano a lo que habían hecho en sus comienzos.
Fragmento de "Sabor de miel" (1961) de Tony Richardson
Fragmento de "Terminus" (1961) de John Schlesinger
Lindsay Anderson (foto 5) es un caso aparte. Prestigioso crítico -especialmente por su elogiadísimo libro sobre John Ford- nunca se molestó por tener una filmografía muy espaciada. Debutó en el largo -tenía numerosos cortometrajes realizados- con "El llanto del ídolo" en 1963 pero tuvo su mejor momento con "If...", la visión británica de un momento social (1968) muy especial, con un motín juvenil en un prestigioso colegio privado, ametralladoras incluídas.
Anderson seguiría con su espíritu iconoclasta con la menos recordada "Un hombre de suerte", nuevamente con la nueva estrella Malcolm McDowell, quien venía de consagrarse internacionalmente con "Naranja mecánica". Más politizado y más sólido culturalmente que sus colegas de movimiento, no hizo concesiones a la industria y vio menguar sus posibilidades de filmar, a la vez que su iracundia se fue mermando con los años, llegando a filmar la inédita en Uruguay "Las ballenas de agosto" en 1987, como homenaje a los veteranísimos Bette Davis, Lilian Gish y Vincent Price, que está bien pero que no tiene nada de la ya lejana iracundia.
Si bien se puede resumir que los artífices -desde la dirección- del llamado Free cinema británico tuvieron un corto cuarto de hora en la industria de Inglaterra, no por eso se debe olvidar que prácticamente todo el cine inglés posterior deriva de ellos, incluyendo un período particularmente brillante en los 80. También es de remarcar el lanzamiento de varias actores juveniles que tuvieron más suerte en general, refrescando las pantallas mundiales: Vanessa Redgrave, Richard Harris, Malcolm McDowell, Allan Bates, Tom Courtenay, David Warner, Albert Finney.