1 de julio de 2015

Pobre Galemire

Y se murió Jorge Galemire, nomás. No lo llegué a conocer. Y, como se podía prever, se fue sin que le llegara el éxito que se merecía y que, sin duda, buscó durante mucho tiempo. Tampoco parece que haya tenido ni siquiera tranquilidad económica, ya pasados los 60 años. 

Poseedor de una voz metálica muy rara -no conozco a nadie más que cante así- y de un enorme talento como guitarrista, sus dos primeros discos ("Presentación" de 1980 y "Segundos afuera" de 1983) son obras maestras que sonaron más que nada en Emisora Del Palacio y el fenómeno del Canto Popular que iba masificándose antes de la reapertura política cuando volvió el antiguo folklorismo y/o la manija sin talento. 

En ese tiempo de "tuco", hubo mucho espacio para la creatividad y gente como Jaime Roos (mucho más hábil para los negocios), Dino o Los que iban cantando, por nombrar sólo a algunos, daban muestra de una creatividad y de una experimentación muy distante de la mediocridad de la música anglosajona que invadía el naciente espectro de las FM.

Después llegaría "Ferrocarriles" en 1987, pero el aire era otro y Galemire naufragó comercialmente presentando un costado más pop (aunque no era tan distinto como se dijo entonces) en un Uruguay que prefería el panfleto y el carnaval. Se fue para España por más de diez años, a diferencia de Fernando Cabrera, otro diferente que terminó haciéndose oir por persistencia. 

Ahora se fue Galemire, cuando aún tenía mucho para dar y cuando quedó siempre latente que en algún momento llegara a la popularidad que sin duda se merecía. No sé si ahora que ya no está, terminará en el olvido definitivo o se valorará su aporte y se difundirán sus discos. Si los tres primeros no son masivos, los dos últimos ("Casa en el desierto" de 1991 y "Trigo y plata" de 2012) son absolutamente ignorados.

Ya había hecho una columna sobre él hace tres años, a la que se puede llegar con el vínculo de acá abajo:


COLUMNA DE 11/04/12

Y, más de la gran música que supo hacer. Buena parte de su discografía está acá. Quedo en deuda con el inhallable "Casa en el desierto".

Presentacion

Segundos afuera (4 canciones)


Ferrocarriles (4 canciones)

Perfume


Trigo y plata

17 de mayo de 2015

Terminó la maratón electoral

Al final no fue para tanto. Cuando se dieron los primeros resultados de las elecciones departamentales de este mes de mayo, algunos se apresuraron a sentenciar que había habido un cambio de los votantes en el mismo sentido que tanto querían, claro, pero no hubo mucho de eso. En realidad, de los 19 departamentos sólo hubo cambio de partido gobernante en 5. Algunos muy importantes, sí, pero no en un único sentido.

Si todo fuera estadístico, los blancos mantuvieron la misma cantidad de intendencias, los colorados tienen una menos (o sea, les queda una sola) que fue a manos de la izquierda. Confirmando aquello de que la gente piensa cosas diferentes cuando elige presidentes que cuando vota intendentes, los resultados fueron muy distintos a octubre en las presidenciales pero parecidos a los de las municipales de 2010. Hay muchos departamentos donde hay un partido muy consolidado, casi sin rival (Montevideo y Canelones para el FA; Rivera para los colorados; Flores, Cerro Largo, Soriano, San José, Tacuarembó y algún otro para el Partido Nacional). No se sabe si allí siempre ganan los mismos por eficacia gobernante o por fidelidad partidaria. Pero, en todo caso, no hubo un solo ganador ni un solo perdedor.

Si hubo un derrotado, fue el Partido Colorado, que sigue en caída libre. En Montevideo, con el experimento de la Concertación -que merece párrafo aparte- votaron tan mal que apenas superaron al PVP y quedaron afuera de la Junta Departamental, supongo que por primera vez en la historia. Sacando a Rivera y a Salto, donde perdieron por poco, ni pican en ningún departamento, incluyendo algunos de tradición propia -como Artigas, donde jamás habían dejado de ganar hasta la debacle de 2004- y, realmente, inmersos en la bipolaridad izquierda-blancos, no consiguen tener razón de ser. Pedro Sin Apellido prometió retirarse, no sabemos si cumplirá pero está claro que por este camino no van a mejorar nunca.

En la capital, blancos y colorados formaron un partido nuevo llamado "De la Concertación", pensando que sumando formalmente sus votos iban a derrotar a la izquierda gobernante. Resulta lógico que si sacaron menos votos que en las anteriores municipales por separado, el invento no fue un éxito, declaren lo que declaren. El candidato independiente, el multimillonario Novick, que era un colorado no orgánico en realidad, les quitó votos a sus propios colegas de los partidos tradicionales con su campaña agresiva y antipolítica, pero evidentemente no sumó desde afuera. El empresario outsider no prometió nada. Sólo pidió que lo dejaran hacer a él lo que quisiera, que él sabía administrar, anteponiéndose a los que tienen "ideología", palabra que repitió hasta el hartazgo, igualándola a un pecado y dándole algunos significados que la Real Academia nunca le dio.

Fueron bastante tontos los comentarios acerca de que el resultado había sido un éxito para un partido "nuevo". La unión de los partidos tradicionales no puede ser un lema nuevo. Nuevo era el Peri, no ellos. La Concertación fue un fracaso, aunque hayan ganado en los dos municipios de mayor poder adquisitivo de Montevideo.
 
Se supone que, pese a esto, habrá más uniones formales de blancos y colorados en 2020 en el interior, donde de hecho la gente se inclina por uno de ellos en desmedro del otro que no tienen posibilidades. Si bien ésto puede hacerle ganar una intendencia circunstancial a esa unión, no tiene demasiado margen para crecer porque quienes no votan al FA, ya no lo han votado y un solo partido puede limitar las opciones de quienes piensen en no votar a la izquierda, más allá de que lleven más de un candidato.

En el Frente, hay dos grandes derrotados. En primer lugar, el MPP y sus aliados del PCU -antes tan rivales- quienes a regañadientes aceptaron no imponer una candidatura única -y propia- dejándole esta vez el camino libre a Daniel Martínez, candidato natural de muchos, pero proponiendo a Lucía Topolanski, como hipotética figura de seguro triunfo. -Te dejamos ir, pero te la ganamos, pareció ser el mensaje pero el ex presidente de ANCAP ganó con holgura, convenciendo con un discurso de eficiencia, de ideas y de no confrontación e insulto, sin dejar de ser transformador. Hacía tiempo que la izquierda no llevaba un buen candidato para la capital y se notó. 
 
El otro gran perdedor fue Darío Pérez y toda la departamental fernandina. Que alguien tan discutido dentro y fuera de su partido como Antía les haya ganado, no se puede adjudicar meramente a los "pitucos" puntaesteños. Muchos errores en la campaña, mucha pelea interna donde seguramente todos tuvieron culpa. Por pelearse por algunos cargos, se quedaron sin ninguno. Grandes triunfos en el litoral, por otra parte, más allá de la -previsible- derrota en Artigas y de lo pequeño que fue el margen sobre ambos partidos tradicionales unidos en la práctica.

Todos los políticos -excepto Novick, el "no político"- fueron unánimes en criticar la excesiva cantidad de instancias electorales y prometieron ponerse de acuerdo en acortar el tiempo de elecciones. Alcanzaría con unir nuevamente las municipales con las nacionales, permitiendo el voto cruzado y limitar el balotaje cuando hay una diferencia menor al 10 % o algo así, como se hace en todo el mundo. Pero, sabido es que siempre en nuestro país las reformas a las leyes electorales se hacen pensando exclusivamente en los intereses inmediatos de cada uno.
  

27 de diciembre de 2014

This is Spartaaaa...!

Cuando yo era chico Maracaná, el triunfo más conmemorado del fútbol uruguayo, era aún relativamente reciente. Todavía la inmensa mayoría de periodistas y aficionados se regodeaban en nostalgiar un pasado reciente donde la celeste era LA SELECCIÓN CONSAGRADA en el mundo y otros mundos por descubrir. Veníamos, sin embargo, deun desastre en el Mundial de 1974 y las soluciones aportadas entonces sonarán como familiares a lectores más jóvenes: dejar de lado a los “repatriados”-futbolistas que no jugaban en nuestro país, que hace cuarenta años eran una pequeña minoría- porque al ganar fortunas en el exterior no se esforzaban por defendernos y, ya que estamos, futbolistas que jueguen en cualquier lado pero que METAN. Que no hagan otra cosa que meter.

En el caso concreto de aquel Mundial de Alemania en épocas de dictadura, la prensa de la época antes de ese desastre era unánime en opinar que nosotros nunca podíamos perder ese título. El argumento principal era que veníamos de salir cuartos en el Mundial anterior (más bien a los tumbos, la verdad sea dicha) y con el refuerzo de la joven estrella Fernando Morena nada ni nadie nos podían impedir volver a la gloria.

Aún recuerdo a un veterano promotor de domas y tablados devenido en comentarista tenerle lástima a nuestro primer rival, un país sin historia ni glorias como nosotros. Que,lamentablemente para nuestros intereses era la Holanda de la “Naranja mecánica” de Cruyff, Neskeens y compañía. Claro, como no se había inventado aún “Rojadirecta”, nuestros especialistas en el balompié ignoraban que la selección de los  Países Bajos tenía la base del Ajak tricampeón de Europa, en aquella época en que los campeones de lo que ahora se llama Champions League tenían planteles con muy pocos extranjeros o ninguno. El resultado lógico de enfrentar a una selección como la nuestra (improvisada, poco trabajada, con jugadores veteranos que se reunieron unos pocos días antes del campeonato) contra un equipo joven, afiatado y al que no le importó que no tenía antecedentes en su historia ni glorias que homenajear, es recordado y es demoledor. Debió haber sido una goleada record.

Hoy, sin ir más lejos, cuando un club –o la propia celeste- anda mal, los hinchas no suelen reclamar por un mejor juego o por futbolistas más habilidosos. Toodo se limita a exigir “hambre”, “actitud” o “poner lo que hay poner”. Tener huevos  parece ser la solución mágica a ese mediocampo que no sabe hacer tres pases seguidos. Todo parece ser muy obvio para gente que es filmada para la previa de “Pasión” o que comenta en redes sociales y, lo que es peor, también para periodistas profesionales con causal jubilatoria que siguen influyendo en los anteriormente mencionados: alcanza y sobra con “meter”, entendido esto como prepotear a rivales y árbitros,  pegar patadas abiertamente, y si esto no alcanzara, tirarle desde la tribuna alguna baldosa apuntándole a algún nervio craneal significativo. 

Sin embargo, la cosa nunca pasa por ahí. Si organizáramos un amistoso entre el Real Madrid con todas sus figuras y el Salus de Nuevo Paris, el resultado es fácil de adivinar hasta para el “Sordo” González: goleada obvia de los galácticos españoles. ¿Aman más a su camiseta, tienen más virilidad o más valentía?. No, nada me asegura que si se armara una gresca generalizada, los madrileños le darían una paliza a los nuestros y no al revés. Simplemente juegan mejor y están entrenados superiormente. Por eso ganan títulos más frecuentemente que otros equipos más metedores.

( NOTA REDACTADA PARA "BRECHA", QUE DESISTIÓ DE PUBLICARLA)


3 de noviembre de 2014

Estulticia y botas

+ Una militante de una lista herrerista en Lavalleja pidió el "regreso de las botas". ¿Debido a qué? -se preguntará usted. Debido simplemente a que volvió a ganar las elecciones el Frente Amplio. O sea, clamó por un golpe militar porque el gobierno no le gusta. Después pidió disculpas. Muy bien, podríamos pensar, es honesto y valiente reconocer una equivocación. El problema es que un enorme porcentaje de sus "disculpas" fueron críticas al FA del orden de "no democráticos" para abajo y dice que no llamó a la dictadura. Sólo pidió un golpe porque con los milicos vivía bien, pensamos nosotros que no somos demócratas como ella.

+ Uno de los principales asesores de Lacalle Pou, Pablo Da Silveira, cayó como un caballo cuando vio una broma en el blog  TODOPORLAMISMAPLATA , que simulaba una propaganda electoral frenteamplista, con argumentos tan absurdos como que los izquierdistas compramos una Salus y convidamos cuando vamos a jugar al futbol 5, mientras que los votantes de la oposición se mandan un Gatorade de callado. Da Silveira, echando espuma por la boca, largó unos sobre otros, una multitud de epítetos sobre sus enemigos tan odiados, calificando al aviso como la mayor muestra de "soberbia y estulticia" de la historia (*). 

Cuando lo avivaron que había salido a boquillar por algo que no era oficial del FA, saltó contra el director del blog (donde participo desde hace años con comentarios y columnas permanentes) por ser funcionario público de este gobierno. Tras otra sesión de avivamiento de que era un chiste y no propaganda pro izquierda, salió a pedir disculpas. En realidad no las pidió, nunca admitió que había hablado de más y sin pensar, acusó a los demás de darle demasiada trascendencia a su equivocación (a partir de que al fin se avivó y dejó de vomitar gansadas, el hecho dejó de ser importante) y siguió criticando a sus enemigos creyendo que así disimulaba su propia estupidez.

Es una forma muy curiosa de pedir disculpas el no admitir que uno se ha equivocado y dedicarse más bien a insultar a quienes se ha ofendido torpemente. Para mí que no vale si después dicen que "pidieron disculpas".

Jamás caería en lo que critiqué en otra entrada reciente, calificando a TODOS los blancos de intolerantes, maniqueos, fanáticos, irracionales, soberbios o estulticios. Tampoco en fantasear que todos los que tienen mi camiseta son racionales, tolerantes, ingeniosos, humildes y antiestulticios. Me parece muy poco adulto generalizar de esta manera tan burda.

Pero también hay que decirlo: muchísimos blancos han demostrado ser malos perdedores. Las redes sociales se han visto inundadas de insultos de todo calibre, invocaciones a golpes y similares (como el referido arriba), excusas estúpidas -incluyendo acusaciones de fraude en una elección con una diferencia de más de 400.000 votos- y manifestaciones de odio de todos los tamaños y medidas.

Muchachos: perdieron. Reconozcanlo. Hagan autocrítica. Vean sus errores e intenten corregirlo con una propuesta mejor para el 2019. Acepten que se la creyeron, vaya uno a saber por qué. Dense cuenta que algo han hecho mal para que sigan sin convencer a la gente y dejen de imaginarse superiores a los demás.

Y, para empezar, no sería menor el que saquen el ya muerto argumento que usan desde 1971 de que ustedes (blancos y colorados) son los únicos partidos demócratas y nosotros no, porque ya no se los cree ni el más rústico de los gauchos. Mas, si tanto les gustó la dictadura. 

(*) La palabra "estulticia" existe realmente, pero sólo un gil la usa.    

16 de octubre de 2014

Algo más que un slogan hueco...

Cada vez más -y esto no es por cierto una novedad uruguaya- las campañas electorales se centran casi exclusivamente en los candidatos y no en los partidos ni las propuestas. En los nombres y no en las ideas. Cada elección que pasa, parece natural que todos los partidos políticos utilicen sloganes, spots y cartelería son diseñada por profesionales publicitarios que nada tienen que ver con la propia colectividad y sus propuestas apenas no son intercambiables.

El párrafo anterior no fue nada original, lo reconozco. Muchísima gente se ha dado cuenta de eso que escribí. Pero estamos en estos momentos en la campaña electoral más desabrida en 50 años y, sin embargo, no llega a haber la enorme indiferencia que vi, estando de viaje en otros países -Estados Unidos a la cabeza- que estaban en la misma. Y no es así, porque los uruguayos -sacando, supongo yo, ese 9 % de indecisos que nos indican las encuestas- nos dedicamos al divertidísimo deporte de insultar al adversario.

No abrí esta entrada para criticar las posturas de Lacalle Pou. Todo el mundo sabe que soy frenteamplista: aunque no me conozca, basta mirar la descripción de mi perfil allá abajo. Pero solamente quiero utilizar como excusa para razonar acerca de las actitudes mentales que estamos teniendo en cuestiones políticas y sociales y que creo que no nos ayudan en nada.

El 1º de Marzo de 2005 hubo un cambio cualitativo importante en nuestro país a nivel político: la fuerza que siempre había sido oposición a nivel nacional pasaba a ser gobierno y, simultáneamente, las dos colectividades que siempre (más allá de acuerdos, coaliciones o coparticipaciones ministeriales) siempre habían sido oficialistas pasaban al llano. Fue divertido, por qué no, ver tanta gente -dirigentes, sí, pero también ciudadanos de a pie, sin cargos políticos- defender lo que antes tanto se criticaba si eran frenteamplistas o, atacar lo que antes tanto se justificaba, si eran blancos o colorados.

Como yo quiero creer que tengo una cabeza que piensa por sí mismo y -se compartan o no mis opiniones- voy más allá de un mundo maniqueo, donde yo tuviera el monopolio de la verdad, cuando asumió el partido que yo voté jamás me imaginé que éste sería la perfección misma. Tenía claro que no ibamos a desembocar en el más fantástico paraíso terrenal de la noche a la mañana y no dudaba yo que en ese gobierno respaldado por mí habría lugar para mediocres, ineptos y, claro, también corruptos. Que mi partido es imperfecto como todas las obras realizadas por hombres. 

El tema es que muchísima gente (blanca, colorada y, por cierto, frenteamplista también) no piensa con cabeza propia. Una cosa es que no te guste este gobierno y que quieras que la próxima vez sea derrotado en las urnas por otro que te parezca mejor y que tenga propuestas que te parezcan superiores. Me parece un pensamiento absolutamente válido, inobjetable. 

Lo que veo es que esa gente que no ve más que una bandera política insiste en creer que los de su partido son perfectos, son los únicos que tienen propuestas, son los únicos que piensan, son los únicos que son demócratas. Que el otro no sirve para nada, que es totalitario, que todo lo que hace (o dice) está mal, que hay que oponerse a cualquier cosa que salga de ellos. Sé que no es nada nuevo y que blancos y colorados se odiaban y se agredían entre sí abundantemente antes de 1971.

Podrá parecer muy lírico lo que estoy escribiendo. Yo tengo -insisto- una camiseta puesta y no me gustaría nada que ganaran los blancos (uno se imagina que los colorados no tienen chance) por razones que no entran aquí, pero no creo que los frenteamplistas seamos los únicos que tenemos ideas, que queramos lo mejor para el país y todo eso.

Podríamos tener una actitud positiva en esta democracia que tanto costó recuperar. Nos iría bastante mejor a todos como país.
   

25 de septiembre de 2014

Por la indiferente

El mes que viene hay elecciones nacionales y la gente lo único que opina es que ya está aburrida de la publicidad electoral a escasos momentos de que se levante la veda. A diferencia de sufragios en tiempos menos electrónicos, uno puede refugiarse en sus momentos de ocio en el ordenador o ver canales extranjeros de cable (aunque en ESPN aparezca un aviso de Pedro omitiendo escrupulosamente su apellido). Las campañas modernas han venido para quedarse y hoy si a alguien le interesa saber algo de los nombres a elegir, tendrá que ver en la televisión los distintos sloganes, los diversos spots o tratar de canturrear algún jingle, tan parecidos unos a los otros. Los actos callejeros y las asambleas informativas están en extinción.

Peor que eso, todos parecen asumir que una elección es entre personas y no -válgame Dios- entre partidos políticos, lo que debería querer decir entre propuestas, ideologías, ideas, soluciones. En una dinámica nueva, apenas inaugurada por Tabaré Vazquez en 2004 cuando ganó la izquierda por primera vez y confirmó a Astori como su jefe económico en el gabinete, ahora se anuncian futuros ministros antes que futuras políticas. Nuevamente nombres antes que propuestas.

A diferencia de otros países de nuestro continente, la cosa viene chauchona y nadie se la juega. Nadie parece enojarse por un partido u otro. Priman por encima de los contenidos las frases hechas, las imágenes de candidatos posando retocadas con Fotoshop y las ideas publicitarias con gancho o no. Algunos sloganes parecen exitosos ("Por la positiva"), otros no tanto ("Vamos bien") pero en todo caso, las campañas publicitarias lucen bastante intercambiables.

La izquierda recién ahora -y supongo que por intermedio de Tabaré- se ha dado cuenta que es el oficialismo y ha salido a defender su gestión, limando asperezas internas y luchas por los puestitos. Nadie parece haberse dado cuenta pero el Frente Amplio parece más unido que nunca, teniendo en cuenta su historia tan particular en ese aspecto. En cambio, el Partido Colorado padece una lucha sorda, apenas entibiada por el abrumador dominio que mantiene electoralemente Bordaberry sobre el ala más tradicional (y batllista); mientras que por el lado de los blancos un Larrañaga que volvió a sufrir otra derrota en las internas pero mucho peor que la anterior parece limitarse a prestar su nombre sin participar mucho, dejándole el liderazgo a quien lo arrasó en Junio y con quien no tiene demasiados puntos en común.

La situación económica es uno de los mayores -sino el mayor- éxitos del gobierno izquierdista y la derecha se centra en el caballito de batalla de la inseguridad, pretendiendo instalar sin ningún pudor la falacia de que el problema de la delincuencia comenzó el 1 de Marzo de 2004. Lacalle Pou y Bordaberry se presentan como renovadores, aun cuando no sólo son hijos de ex presidentes (malo en el poder, pésimo como candidato reciente en el caso del blanco; demencialmente medieval, mediocre y dictatorial el colorado) que llevaron a cabo políticas que el Frente ha dejado atrás bastante exitosamente, sino que -mucho más decisivo- forman parte de las mismas colectividades políticas y están rodeados de muchísimos dirigentes de la vieja escuela. Así que de renovación, nada.
 
Tabaré Vazquez volvió al ruedo como indiscutido líder sin fisuras de la izquierda uruguaya, con todas las riendas en la mano de la campaña, sin dejar demasiado espacio para disidencias aunque el resultado no sea tan exitoso como seguramente descontaba. Si los diez años de gobierno frenteamplista han sido buenos, ¿por qué le cuesta tanto ganar esta vez?. Esta vez el ex presidente representa -y lo hace con entusiasmo- la experiencia en gobernar, la seguridad de que se van a mantener los caminos ya escogidos, las certezas y las continuidades. Exactamente lo contrario de lo que fue su prédica cuando fue el primer Intendente electo por la izquierda y también, su primer Presidente.

Entre partidos tradicionales que se conforman con hacer matemáticas para ver si les da sumados para empatarle al FA y éste que pretende seguir siendo más de lo mismo; entre sectores que luchan sordamente por un escaño y ausencia de propuestas, se acerca una nueva elección, donde la gran mayoría está convencida que el resultado ya está cantado.