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23 de marzo de 2012

El Uruguay que nos mienten 5

EL PACHECATO

La derecha, cuando intenta condenar los delitos y actos terroristas del MLN (cosa que jamás hace con los de las F.F.A.A.) generalmente menciona que se alzaron en armas contra un gobierno democrático, lo cual es rigurosamente cierto. Lo que se olvidan de agregar es qué tipo de gobierno democrático había en ese entonces.

Al ganar el Partido Colorado las elecciones de 1966, Reforma Constitucional incluída que eliminaba el extraño sistema de un Ejecutivo Colegiado que se demostró un formidable mecanismo para trancar todo cambio en el gobierno del país, asumió como presidente el General (R) Oscar Gestido, quien murió al año de ejercer el cargo. Esa breve permanencia le ha permitido ser bastante olvidado por la historia nacional, pero lo cierto es que su presidencia se caracterizó por el autoritarismo. Gestido clausuró medios de prensa por criticar a su gobierno, implantó Medidas de Seguridad (como si hubiera una guerra o un desastre natural) ante las movilizaciones de los sindicatos e incorporó, como nunca se había visto antes, a los representantes de los principales ganaderos y banqueros del país, algo resistido firmemente por varios sectores de su propio Partido.

El vicepresidente que asumió al morir Gestido no fue otro que Jorge Pacheco Areco, un oscuro diputado que había sido elegido para completar la fórmula presidencial después de ser descartadas otras figuras de más peso dentro del Partido. Su política no varió en absoluto: represión a quienes consideraba sus enemigos. Por ejemplo, fueron militarizados los empleados públicos que hacían huelga, ilegalizados varios sectores políticos partidarios (incluyendo el Partido Socialista) e, incluso, llegó al absurdo de prohibir -ya que prohibiciones y represiones eran sus más frecuentes actos ejecutivos- utilizar determinadas palabras para referirse a los guerrileros y sus acciones.

En realidad, la política llevada adelante por los colorados de la UCB era la misma que habían implantado los blancos en sus dos períodos constitucionales en que gobernaron, a pesar de que en cada uno de ellos fueron distintas fracciones las que tuvieron la mayoría: sumisión acrítica y entusiasta a todas las directivas neoliberales del FMI y apelación a las mencionadas Medidas Prontas de Seguridad previstas constitucionalmente para otro tipo de situaciones que las protestas populares.

Buena parte de la cultura social uruguaya iba deslizándose progresivamente hacia el autoritarismo y la intolerancia, en muchos de sus sectores. La convivencia democrática parecía cosa de "débiles" y de "poco patriotas". Las invocaciones a las "manos duras" y las acusaciones -no del todo infundadas- repartidas a troche y moche sobre la intervención en nuestro país de las super potencias que se toreaban en la llamada "Guerra Fría" eran cosas de todos los días.

La situación económica era desastrosa: terminada la bonanza de las ventas ganaderas a los países en guerra, nada se había hecho por el desarrollo de la producción en Uruguay y la inflación superaba el 100 % año a año, mientras descendía vertiginosamente el salario real de los trabajadores. Ante eso, empresarios e industriales  exigían represión a las movilizaciones sindicales y sociales, que se materializaba en apaleamientos y balazos en las calles y torturas en los cuarteles. 

El Poder Ejecutivo solía desconocer las resoluciones de los otros poderes (tanto el Legislativo como el Judicial) que no sirvieran a sus intereses. Eso parecía en aquellos tiempos un símbolo de "firmeza" o "energía". El autoritarismo avanzó, año tras año, mientras Pacheco aprovechaba la debilidad general de la oposición fragmentada y dividida (buena parte de los blancos apoyaban al gobierno) e incluso los legisladores oficialistas recurrían al curioso recurso de abandonar las sesiones para no dar quorum cuando se convocaba a un debate que podía poner en aprietos al pachequismo.

No defiendo la lucha armada que se vivió aquí entre 1966 y 1971, pero antes de condenarlos hay que tener en cuenta muchos factores habitualmente silenciados de la situación general del país, que no recibía respuestas de las instituciones formales las cuales, no dejaban lugar a las opiniones disidentes de las del poder ni jugaban limpio cuando podían perder una votación, como lo demostraría la elección presidencial de 1971.


30 de junio de 2011

El Uruguay que nos mienten 4

EL GOLPE DE ESTADO DE 1973

La teoría de los Dos Demonios (versión uruguaya) dice algo así como que unos señores muy malos llamados los tupas se alzaron en armas contra una democracia deslumbrados irreflexivamente por el ejemplo de la Revolución Cubana -o porque sí nomás, de malos que eran- y a raíz de esa acción otros señores muy malos -pero no tanto, en realidad- tomaron el poder y gobernaron este país en lo que recién desde 2004 se llama públicamente Dictadura en los grandes medios de comunicación nacionales. Todo muy lindo. Y muy funcional a quienes no son ninguno de los demonios pero que distaron mucho de ser actores de reparto en ese drama.

Lo que era la democracia uruguaya en la década de los 60 dará pie para la próxima entrada de esta serie. En 1971 se celebraron las elecciones nacionales en un clima enrarecido y violento como nunca en la historia del siglo en nuestro país. Más allá de las acciones de la guerrilla, surgía una nueva formación política: el Frente Amplio, que era la coalición de casi todos los grupos de izquierda, encuadrada en la legalidad y la contienda electoral. Pese a eso, sus comités y sus figuras fueron reiteradamente víctimas de actos de violencia (¿han escuchado a los dirigentes tradicionales recordar ésto?) que quedaban absolutamente impunes sin que mediara ninguna investigación seria por parte de la policía o Inteligencia, como era su deber (idem). La formación paramilitar JUP campeaba libremente por las calles y por los centros de enseñanza, a menudo con la complicidad de las fuerzas del orden. En muchas radios, canales de TV y diarios se censuraba la presencia de frenteamplistas, llamados por la inmensa mayoría de los sectores de los partidos tradicionales como fuerza "antidemocrática", asimilándola convenientemente al MLN.

Después de los comicios donde ganó la fórmula pachequista que postulaba al estanciero Juan María Bordaberry (ex senador blanco y ex ministro colorado, siempre en los sectores más reaccionarios), sólo un voto en la Corte Electoral -dominada en su totalidad por los partidos tradicionales- impidió impugnar definitivamente el resultado de las elecciones, viciadas por un evidente fraude. Ahora sabemos, además, que indiscutiblemente la dictadura brasilera había organizado un plan de invasión en nuestro territorio para el caso -en realidad bastante improbable- que la izquierda consiguiera la Presidencia. O sea, somos democráticos si gana el candidato que nos conviene.

El gobierno de Bordaberry fue de mal en peor, lo que no debe extrañar por estar capitaneado por una figura oscura, puesta ahí para no opacar a quien dirigía el sector más derechista del Partido Colorado. Sin embargo, por una serie de circunstancias que incluían la delación de Amodio Pérez, uno de sus principales dirigentes, la plana mayor de los tupamaros cayó en prisión y la derrota de la guerrilla era incuestionable a fines de 1972.

Me ha sido muy difícil explicar en el exterior más de una vez las razones del golpe de Estado dado por las FFAA -y el presidente- el 27 de Junio de 1973. Si la guerrilla estaba en franca retirada y gobernaba el sector más abiertamente derechista y abiertamente militarista del espectro político, respaldado por una numerosa bancada y por un porcentaje nada despreciable de la opinión pública -todo hay que decirlo- ¿por qué disolvieron las Cámaras legislativas y todo viso de legalidad en las instituciones que ellos mismos controlaban?.

El rugido por un golpe venía desde hacía unos 15 años liderado por los grandes intereses oligárquicos -la "rosca" se solía decir en esos años- que no querían ninguna traba que pudiera limitar ni un poquito así su poder. El problema es que los gobiernos nacionales desde 1958 eran cada vez más conservadores y funcionales a sus intereses: los blancos, el riverismo encarnado casualmente en 1967 por Pacheco Areco y, finalmente Bordaberry, el presidente ex ruralista admirador de Franco. Entonces, ¿por qué?.

La excusa -que relata la historia oficial- es que el parlamento no aceptó (por escasísimo margen, hubo muchos legisladores que acompañaron) desaforar al senador frenteamplista Enrique Erro, señalado por las Fuerzas Armadas como colaborador de la ya -repito- derrotada guerrilla. Erro era el legislador más izquierdista del FA, sí, pero era apenas un solo legislador, que para peor ya se había exiliado al saber el peligro que corría.




El punto de vista conservador del hecho, pero excelentemente documentado.

En febrero de ese año 1973, a raíz del nombramiento de un Ministro de Defensa que no les gustó -un militar retirado, colorado y legalista, llamado Antonio Francese- las FFAA se rebelaron y desconocieron la autoridad elegida por el Ejecutivo, algo absolutamente inaceptable. Sin embargo, el día 9 de ese mes el cada vez más impopular Bordaberry termina haciendo un pacto más o menos secreto con las cúpulas militares dándole poderes de decisión que iban muchísimo más allá de su natural tarea de asesoramiento al poder civil en su materia específica. En junio terminaron exigiendo la expulsión del senador Erro.

La represión a la acción sindical y la censura al que pensara diferente ya venía desde tiempo atrás en esa democracia convalesciente y endeudada, donde si bien había amplios sectores izquierdistas que menospreciaban las "instituciones burguesas", había también un porcentaje no menor de dirigentes políticos que se negaban sistemáticamente a darle cualquier tipo de participación -y aún incluso, de legimitidad- a quien tuviera otra opinión de algo. Se creía que la solución a los problemas del país era gobernar por las buenas o por las malas, autoritariamente, despreciando cualquier tipo de control de quienes representaban a los ciudadanos que tenían otras ideas. Se había gobernado así desde 1967 y la situación, sin embargo, era cada vez peor. Incluso -otra vez lo digo- después de que fueran derrotados la guerrilla por las armas y el FA electoralmente.

Viendo en el segundo video el delirante reportaje del títere que sucedió en 1976 a Bordaberry -echado por sus amigos en un episodio confuso- el doctor blanco Aparicio Méndez, queda claro cuál era el discurso que había hecho carne en muchos de quienes habían usurpado el poder -y sus privilegios- desde ese 27 de Junio: hay una amenaza informe llamada indistintamente "terrorismo" o "comunismo", excelentemente organizada, que intenta apoderarse del mundo. Es el discurso de la Guerra Fría, importado como un paquete por los dictadores y sus colaboradores. En 1976, cuando finalmente cae la democracia argentina, 9 de los 10 países sudamericanos están gobernados por dictaduras militares. Demasiada coincidencia, ¿no?. Pero ésto tampoco lo recuerdan los políticos tradicionales.


Fragmento del documental "A las cinco en punto", de José Pedro Charlo.

5 de marzo de 2011

El Uruguay que nos mienten 3

LA RESISTENCIA A LA DICTADURA

Por razones fáciles de imaginar, los actores directos de la lucha violenta ocurrida en nuestro país en los 70 son quienes han protagonizado los testimonios publicados sobre el período. Ésto lleva muchas veces, naturalmente, a distorsionar la historia concediéndoles un protagonismo desmesurado y excluyente a militares y tupamaros, dejando afuera a la gran mayoría de la sociedad. Si había unos 30.000 integrantes de las F.F.A.A. y unos 5.000 del MLN, es claro que habíamos un 98 % de uruguayos que no éramos ni uno ni otro.

El tema del golpe de Estado, del por qué y de quiénes, será el tema de la próxima entrega de esta serie. Ahora, prefiero referirme a un tema activado por el estreno reciente de la película "Mundialito" de Sebastián Bedarnik.

Ese documental vincula el plebiscito que perdió la dictadura miserablemente con el torneo amistoso de fútbol llamado como la película, que se realizaron con un mes de diferencia a fines de 1980. Para mi gusto, es un trabajo bastante inteligente, que deja espacio para la reflexión del espectador y es honesto al presentar los más diversos puntos de vista y dejarlos hablar bastante libremente. Varios de ellos -especialmente "Beto" Triunfo y el irritante pelado Crosa con el tema de la canción del campeonato- enfatizan demasiado para mi gusto su condición de opositores al régimen, que no parece gran cosa, sólo por el hecho de que realizaron o difundieron una cancioncita celebratoria en vez de la que habían elegido las autoridades.

Luego de retomada -aunque de a poco en los hechos- la democracia, muchos han exagerado ostensiblemente las dimensiones de la resistencia popular a la dictadura militar que usurpó el poder en Uruguay entre 1973 y 1984. Muchas veces, además, sobredimensionando su propia resistencia y su propio valor ante la prepotencia y la censura (si un extranjero ve a Crosa en el documental va a creer que fue una voz muy activa en esa lucha). Incluso, en "Mundialito" se afirma que mucha gente, durante el festejo por la obtención del campeonato, agregó el "Se va a acabar...". No puedo negar que eso haya ocurrido, pero es claro que no fue ni por casualidad la mayoría de la gente.

Mayoría que, si bien le había dado un soberbio cachetazo al engendro constitucional, no fue hasta mediados de 1983 cuando salió realmente a la calle a decirle a los uniformados que se vayan, mucho después de lo que pretende el inefable ex presentador de las ediciones de "El país".

Lo cierto es que mucha -pero mucha- gente repetía como un sonsonete en los años de plomo que "ahora no hay paros y los gurises pueden ir tranquilos a los liceos", que no había huelgas, e incluso la imbecilidad, obviamente pergeñada por los enemigos de ultraderecha aprovechando que no podía defenderse, de que Wilson Ferreira (o Ferreira Aldunate, como se decía en ese tiempo) era un infiltrado del MLN. Siempre hay una porción muy importante de la gente (o del pueblo) que comprará sin reparos lo que le quieran vender los grandes medios.

Muchos dejaron de saludar o cruzaban la calle cuando se encontraban con aquel vecino o amigo que sabían que era de izquierda. Muchos empleados públicos sembraron el rumor de que tal o cual que no les caía bien era del FA. Y muchos también (más del 40 %) votaron al SI en el referido plebiscito del 80.

Sin embargo la prepotencia, la soberbia y los acomodos ostentosos de los mismos militares que habían despotricado (no sin razón) contra los políticos corruptos hicieron mucho para que, en realidad, los dictadores nunca fueran populares entre la gente. El primer rechazo en público que yo conozca tiene que ver con el fútbol también pero fue antes del dichoso Mundialito. En el Sudamericano Juvenil de 1979 la banda musical de la Armada fue estruendosamente abucheada antes de comenzar la inauguración del certamen. Yo estaba ahí y no pude escuchar ni una nota a causa de los silbidos espontáneos.

La gente no los quería y nunca dejó de desear poder elegir al presidente que iba a tener. Pero de ahí a decir a que antes de 1982 hubo en Uruguay una masiva y permanente resistencia de la gente común (*) contra el "Proceso" hay un abismo y no estoy dispuesto a dar un paso al frente.

(*) En el sentido de no militante; por supuesto que hubo grupos clandestinos pero su peso dentro de la sociedad era muy pequeño, realmente.

20 de enero de 2011

El Uruguay que nos mienten II

EL REFERENDUM DE 1989

Corría 1984 y la dictadura militar instaurada en 1973 con aceptación y complicidad de buena parte del sistema político se derrumbaba. No sólo porque las protestas populares habían alcanzado una dimensión nunca imaginada por propios y extraños (y que ninguna represión podía detener, todo lo contrario), sino porque también -y no es un dato menor- el gran capital y los poderosos de todo signo -tanto de aquí como de afuera- veían que no daba para más y le quitaban su apoyo. Por si quedara alguna duda, el desastre financiero de la "tablita" de 1982 había demostrado que había que cambiar de política y le había retaceado todo posible apoyo de las clases medias y altas. En fin, la situación era insostenible y no podía esperarse otra cosa que empeorara (para los militares que pretendían mantenerse atornillados).

Desde 1982 había habido una serie de contactos entre gobernantes y dirigentes políticos de los partidos tradicionales para intentar una transición hacia la democracia. Las condicionantes impuestas por los dictadores eran muchas: pretendían mantenerse en un puesto cercano al poder, influyendo sobre las decisiones a tomar y excluyendo incondicionalmente a toda la izquierda uruguaya y cualquier otro sector que se le pareciera, incluso Wilson Ferreira Aldunate, máximo dirigente blanco. Varios políticos estaban dispuestos a aceptar -especialmente los colorados- pero fueron obligados a rechazar las condiciones, para no quedar aislados.

Finalmente, en 1984 liberaron al Gral. Seregni y con ese gesto, los milicos aceptaban la existencia de la fuerza política que habían querido aniquilar. Sorpresivamente, se echan a andar unas nuevas conversaciones con el FA junto a los colorados como interlocutores, quedando el Partido Nacional afuera, por la proscripción de Wilson.

¿Era obligatorio negociar con la dictadura una transición o había que dejar que se derrumbara sola, como todo parecía indicarlo?. ¿Se debían aceptar condiciones por parte de quienes habían usurpado el poder por la fuerza y ahora no sabían que hacer con él y nadie los quería?. ¿Estuvo bien el Frente en negociar en vez de unirse a los blancos y aislar al Partido Colorado?. ¿Si hubieran levantado la proscripción a Wilson, los blancos hubieran dejado de negociar?. ¿Estuvieron bien los frentistas en aceptar unas elecciones donde Sanguinetti no competiría contra sus dos máximos rivales?. Lindas preguntas.

LLEGÓ LA DEMOCRACIA...
Y con ella la realidad innegable de que -con el poder omnímodo- se habían cometido todo tipo de atropellos, excesos y delitos por parte de quienes habían abusado del Estado durante 11 largos años. Parecía evidente que no bastaba con la lógica medida de liberar a los presos políticos y restituir a quienes habían perdido su trabajo por militar en un partido legal que no le gustaba a los dictadores. Había -básicamente- dos tipos de acciones que, indudablemente en cualquier país que se pretenda civilizado eran delitos penales, agravados por el hecho de haber sido cometidos con la ayuda del aparato estatal: delitos económicos y delitos contra los derechos humanos.

De los primeros NUNCA se investigó nada y ahí están de lo más panchos, quienes se enriquecieron ilícitamente para vergüenza de los que defienden esta transición. Otro tema fueron los torturados, asesinados y desaparecidos.

Cuando el Poder Judicial iba a citar a los acusados de gravísimas violaciones a los DDHH, buena parte del poder político se apresuró a buscar una chicana que permitiera no juzgar a TODO militar acusado de CUALQUIER delito cometido en la dictadura. En realidad, la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado dejaba afuera a los delitos económicos señalados y a los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, pero los mismos sectores que votaron la ley se encargaron de que tampoco se investigaran.

EL VEREDICTO POPULAR... SI ME CONVIENE
Los partidos tradicionales -que festejaron ruidosamente en 2009 que no prosperara el intento de anular la ley- suelen usar como pretexto que la Ley llamada de Impunidad fue aprobada por la ciudadanía. Lo cual es cierto, pero se olvidan cuidadosamente de referir las condiciones en que se votó en 1989.

En primer lugar, el referendum para eliminar a la Ley de Impunidad fue promovido por una Comisión que debió dedicarse a la demencial tarea de juntar las firmas apoyando la medida del 25% (!) de la ciudadanía. Las presiones para que no firmara la gente fueron inmensas (en todo tipo de empleados públicos, incluyendo militares y policías), los rumores de golpe de Estado, diarios (¿iban a agarrar de vuelta?) y la censura en los grandes medios de comunicación hacia los promotores de la iniciativa (que en realidad era para que la ciudadanía pudiera decidir libremente si mantenía o no la ley), total.

Pero hay otra perlita para este collar: a medida que se iban presentando las firmas de quienes apoyábamos la convocatoria, la Corte Electoral -en su mayor agachada de un órgano habitualmente confiable- desechó un enorme número de firmas argumentando que no eran las originales, confrontadas con las de la credencial, poniéndose al servicio de los intereses de quienes defendían la transición impune y no de la legalidad. Sin ir más lejos, a mi madre le anularon la firma -que sigue siendo asombrosamente igual que cuando tenía 18 años- porque en 1989 agregó su apellido de casada...

Pese a todo, hubo referendum. La propaganda a favor de mantener la ley -el voto amarillo- fue de terror por la vuelta de los tupamaros y sus atentados, del comunismo y el marxismo. La del voto verde, de esperanza y de igualdad ante la ley.

En ningún momento, los sectores blancos y colorados que defendieron la ley negaron la autoría de los delitos. Sólo argumentaron que los militares se negarían a ser juzgados. Desde 2005, se les está demostrando que no era verdad.

15 de noviembre de 2010

El Uruguay que nos mienten I

EL CASO FELDMAN

INTRODUCCIÓN
La Historia es una ciencia -de la que no soy especialista ni nada que se le parezca- en donde, a diferencia de otras disciplinas más "exactas", influyen y mucho las opiniones e ideologías de quienes las practican. Como en tantas cosas de la vida, hay quienes realizan un análisis de manera honesta, sin ocultar su posicionamiento y otros, en cambio, pretenden hacer pasar por objetivos e indiscutibles muchas aseveraciones caprichosas, cuando no interesadas.

Como pocos países, la historia del Uruguay está sembrada de misterios y frases hechas que ocultan la realidad de los hechos. En primaria y secundaria se nos enseñaba que 33 tipos se juntaron en una playa y, allí nomás, derrotaron al imperio brasilero ellos solitos. O poco menos. Ni siquiera se sabe gran parte de la biografía de nuestro máximo prócer -ahora indiscutido- ni, más increíble aún, cuándo y cómo nos convertimos realmente en un país independiente, por asombroso que parezca a algún extranjero que pueda leer ésto.

Sin embargo, es indiscutible que no puede haber una única historia de los hechos. Pero por otro lado, no TODO es opinable ni cualquier relato es aceptable. Por poner un ejemplo, podemos juzgar que Mozart era un músico mediocre, enormemente sobrevalorado -no es mi opinión, por cierto, pero puede aceptarse- pero NO podemos afirmar que era alemán, holandés ni inglés porque está comprobado que era austríaco. Eso no es opinable.

Esta nueva serie no pretende ser LA HISTORIA ni LA VERDAD sobre los temas que aborde en estos 200 años en la Banda Oriental. No va a traer grandes novedades ni revelaciones impactantes. Sólo intentaré presentar HECHOS, intentando minimizar en lo posible el espacio para el comentario personal, aunque sea inevitable que los incluya. Con honestidad intelectual, eso sí.

Comenzaré, en general, de atrás hacia adelante y en primer lugar, quiero presentar un caso ocurrido el año pasado, recordado por todos y que me parece que es probablemente la mayor estupidez política en la historia moderna uruguaya.

UN ARSENAL MISTERIOSO
Creo que todos conocen el caso. En época electoral hubo un confuso episodio en el que terminó muerto un contador ignoto llamado Saul Feldman -exactamente igual que un recordado ex juez de fútbol que tiene asimismo ese título universitario- y un policía, en un ataque a la casa en Aires Puros que tenía el mencionado Feldman. Un hecho curioso de las secciones policiales pero al otro día salió Jorge Batlle diciendo que Marenales -y el candidato presidencial del FA- estaban implicados en la enorme cantidad de armas y municiones que el muerto tenía en esa casa. ¿Por qué lo dijo?. Fue citado a un juzgado y negó saber algo. Dijo haber dado "una simple opinión política" que en realidad era -si hubiera tenido alguna seriedad- información clave para un caso policial conmocionante. En realidad eso no fue una opinión sino una aseveración sin ningún fundamento. Fue triste -lo juro- ver a un ex presidente irse de la sede judicial insultado unánimemente por los tipos que pasaban por ahí.

¡AY GUSTAVO!
Sobre el filo del comienzo de la veda electoral -donde no sólo no se puede hacer publicidad sino tampoco opiniones ni afirmaciones proselitistas- un misterioso aviso televisivo emitido en la televisión del interior "informaba" que Batlle había "confirmado" (!) que el arsenal era para el MLN, a través de Mujica y Marenales. Al contario de lo que yo pensé, el Frente Amplio reaccionó rápida y enérgicamente, demostrando que el spot anónimo había sido encargado y abonado por el Partido Nacional (cosa que en un principio negaron) calumniando y mintiendo sobre dos de sus dirigentes.


El video en cuestión. Juzguen ustedes.

En los videos se puede ver la torpe defensa que uno de los principales implicados -aparentemente el idéologo- el senador y jefe de campaña Gustavo Penadés hace de esa bazofia alegando que "estaban informando" (!) y que esa publicidad "no violaba la veda" (!!!).

En esos mismos días, el diputado Gustavo Borsari interpelaba al ministro del Interior Bruni preguntando a los alaridos cómo era posible que en dos días de investigación los bomberos aún no tuvieran la información completa sobre lo que había pasado en Aires Puros, insinuando -o más que esos- que estaban ocultando algo. La historia ya lo juzgó.

PREGUNTAS
¿Por qué sólo se difundió en el interior del país?. Obviamente, porque los partidos tradicionales -en este caso, los blancos- consideran que la gente de afuera todavía se sigue asustando cuando les mentan a los tupamaros, la guerrilla, el marxismo y el comunismo. Supongo yo que consideran a Montevideo como una plaza perdida. Lamentablemente para ellos, a pesar de que se dedican a la política, aún no saben que el Frente es la fuerza más votada en el total de los 18 departamentos del interior.

¿Para qué existe la veda electoral si cualquiera la viola cuando se le canta?. ¿Cómo puede alguien decir que ese video no es propaganda?.

¿No tienen un sólo argumento real para criticar al gobierno de la izquierda -yo creo que hay unos cuantos- que tienen que salir con estas MENTIRAS y con la misma pelotudez de siempre del cuco del comunismo y los tupamaros?. Una muy sencilla: al argumento enormemente obvio de que Mujica fue un guerrillero, uno puede oponer sin mucho esfuerzo que no sólo fue largamente torturado y estuvo preso en condiciones inhumanas durante años sino, directamente, que hace veinticinco (25) que él y los otros dirigentes del MLN salieron y se integraron a la vida política legal. Y que el año pasado se presentó para un cargo electivo dentro de la legislación democrática, igual que cualquier otro ciudadano. Además, ¿justo cuando estaba a punto de salir electo presidente como salió, va a meterse a contrabandear armas?.

¿El fin justifica cualquier medio?.


Reacciones del Frente Amplio contra el spot


La opinión de "Darwin Desbocatti"